Capítulo 54 #2
Sin vacilar, meto la mano en mi bolsa y saco la Lágrima que trae la destrucción.
En cuanto la toco, el poder me atraviesa.
El agotamiento desaparece. La magia se dispara cuando me llena y fluye hacia la gema.
Levanto la piedra sobre la cabeza y, de nuevo, una luz extraña brilla. Como un amanecer blanco y frío.
Jonah vacila y baja el arco. La magia Phylax ilumina las copas de los árboles. Los demás vinculados levantan escudos enormes porque saben que voy a por ellos.
Con mi gente, no. Con los míos , no.
La magia me rasga el pecho con una fuerza que me lanza el pelo hacia atrás.
Estoy lista para destruir.
Se me viene a la cabeza la imagen de Tardorlin viniéndose abajo.
Apunto con la mano hacia la línea de vinculados traidores y lanzo un grito.
En la tierra que nos separa se abre un socavón de oscuridad inmenso.
Se traga a los lobos y a los jinetes. El abismo acalla los gritos interminables.
Los árboles se precipitan hacia él, las raíces se rompen.
Mi poder crea un torbellino de viento, y la línea enemiga cae al suelo, muchos de ellos se deslizan hacia ese tajo de oscuridad.
Observo a los enemigos desaparecer mientras la fisura se ensancha cada vez más.
Entonces oigo la respiración agonizante de Venna.
Venna . Bajo la mano.
Anassa corre hasta llegar a ella. Salto de su lomo y caigo con fuerza al suelo. Los demás ya están reunidos a su alrededor. Noemi le sostiene la mano con la que no se agarra la garganta, donde se está arañando la piel hasta hacerse sangre.
Se oye un sonido parecido al silbido del viento y una estela de color cruza el suelo que nos separa de nuestro campamento. Lucien aparece a nuestro lado y también se inclina sobre Venna con la cara seria. Elias se queda atrás, con una expresión igual de seria.
Venna tiene los ojos inyectados en sangre. Su semblante se vuelve cada vez más pálido, casi fantasmal. Emite ruidos como si intentara respirar pero el aire no pasase a través de la herida que tiene su loba en la garganta.
Su huargo gorgotea, ya sin poder ver.
«Skaia está aguantando —susurra Anassa—. Por ella».
Para poder despedirse. La agonía me atraviesa, me laten todos los nervios de puro dolor.
—M… —intenta decir Venna a la par que me busca con la mirada.
Me desplomo a su lado. Las lágrimas me queman las mejillas mientras le acuno el rostro.
—No hables. No pasa nada. Oye, no pasa nada.
Mueve los labios, pero no sale ningún sonido. Un frío y un calor repentinos me recorren el cuerpo y empiezo a temblar.
—No. Venna, no —digo, suplico, lloro. «Tú también no».
No tuvimos suficiente tiempo. Apenas empezábamos a forjar una amistad profunda, una que era solo nuestra.
Venna, que nunca dudaba en decirme las cosas a la cara.
Venna, irónica e inteligente. Venna, que ya se había enfrentado a lo peor que podía ocurrirle y aun así me había dejado sin palabras con su valentía para seguir adelante.
¿Por qué?
Aparta la mano de su garganta. Se le cae una lágrima. No deja de mirarme. Me doy cuenta de que intenta hablarme por el vínculo. Le cojo la mano y rompo a llorar.
«Quédate con nosotros —le pido con desesperación—. No me dejes».
Una emoción agradable se desliza a través de nuestro vínculo desgarrado. Pequeña. Silenciosa.
Amor.
—Meryn. —Es la voz de Lucien. Lo ignoro y me hundo más en el vínculo para buscar la chispa de Venna, pero se está apagando demasiado rápido. La sigo hacia la oscuridad.
No puedo dejar que se vaya…
Una mano me golpea el hombro. Salgo despedida hacia atrás y pierdo la conexión con Venna. La sorprendente fuerza de Lucien me derriba.
—Déjame —dice con urgencia.
Observo, atónita, cómo cierra las manos alrededor del cuello de Venna.
Después le toca el pecho, justo encima del corazón.
Se lleva la muñeca a la boca y se la desgarra con los colmillos.
Se le desprende un trozo de carne y le brota sangre de la herida, salpicándole el pecho a mi amiga.
Observo extrañamente distante, como si me estuviera alejando de mí misma.
Veo a Lucien sostener su muñeca ensangrentada junto a la boca de Venna.
Se me corta la respiración cuando comprendo lo que le está ofreciendo.
—Bebe —ordena.
Pero ella gira la cabeza hacia un lado, resistiéndose con sus últimas fuerzas y el miedo grabado en los ojos.
—Venna, por favor —le suplico.
Pero ni siquiera sé qué le estoy pidiendo. ¿Que beba? ¿O que se mantenga firme y se niegue, aunque eso le cueste la vida? ¿Qué elegiría yo si tuviera la oportunidad? ¿La muerte? ¿O…?
Venna gira la cabeza y mira a su huargo. La mira en busca de consejo. Skaia tiene los ojos cerrados, su respiración se desvanece. No puede ayudar a Venna ahora mismo.
Ambas habrán desaparecido en cuestión de segundos.
No. Deseo con todas mis fuerzas que se quede. Venna se merece una vida larga y plena. Pero no es mi decisión, y las sienes comienzan a palpitarme por la angustia.
«Elige, Venna, elige».
A Lucien se le contrae el rostro. Por un momento se echa hacia atrás y aparta la muñeca de sus labios, pero entonces algo se apodera de él. Algo intenso y salvaje. Algo real. Algo casi humano.
Venna también lo ve, y observo cómo un brillo obstinado regresa a su mirada. Con sus últimas fuerzas, toma débilmente la muñeca a Lucien y se la lleva a la boca.
La sangre le cubre las mejillas, los labios, y bebe.
La loba de Venna emite un último sonido bajo, un gemido que se traga la muerte. La pata trasera de Skaia se estremece, y luego se queda inmóvil.
Algo dentro de mí se rompe.
No es solo su loba la que ha abandonado la manada. Venna también se ha ido. Está aquí mismo, viva, y el color vuelve a sus mejillas, pero ya no puedo sentirla a través del vínculo.
Me zumban los oídos. Lo siento todo adormecido.
—Meryn. —Es Stark.
Suelto un sollozo y me dejo caer hacia atrás. No me quedan fuerzas, pero ahí está él. Me apoyo contra su pierna, con la mejilla en su muslo, aferrándome a su tobillo.
Está viva.
Es una sifón.
Pero está viva.
Stark traza pequeños círculos en mi nuca con las yemas de los dedos.
—No tenemos tiempo, Meryn. —Su voz atraviesa la niebla—. Puede que vengan más. Puede que encuentren una forma de cruzar… lo que has hecho. Tenemos que huir de aquí y llevarla a un lugar seguro.
Consigo enfocar la visión. Trago saliva. Tengo las mejillas llenas de lágrimas, pero puedo ver con claridad.
—A los lobos —ladro. La orden es tanto para mí como para ellos.
Stark y Noemi se mueven a toda velocidad. Lucien permanece sentado junto a Venna, con una expresión pétrea en el rostro; todavía le gotea sangre de la muñeca apoyada sobre la rodilla levantada.
Venna está boca arriba, con los ojos clavados en el cielo ahumado. Tiene sangre en la barbilla.
Le tomo la mano.
—Arriba. Levántate. Ahora. —Las palabras me salen suaves, suplicantes.
—Mi… Ella… —jadea Venna. Desvía la vista del cielo para mirar a Skaia.
Deja escapar un grito que me perseguirá el resto de mi vida y casi vuelvo a dejarme caer a su lado.
¿Y si fuera Anassa la que estuviera allí tendida? ¿Y si me la hubieran arrancado, si una sola flecha me hubiera separado de toda mi manada? ¿Y si ya no fuera una vinculada?
Mi instinto de usar la autoridad de la manada para obligarla a ponerse en pie es como sal en una herida abierta. Ya no funcionará. No con Venna.
Venna se gira con debilidad y extiende la mano hacia Skaia, apenas para rozarle la cola. Clavo la mirada en el pelaje apelmazado por la sangre.
Es cruel lo viva que parece su piel gris, ondeando al viento, aunque esté atada a un cadáver.
Tomo la mano extendida de Venna y la aparto de su loba. Ella grita como si la estuviera matando. Me paso su brazo por encima de los hombros y hago fuerza con las piernas para levantarnos. Mi mundo parece venirse abajo, pero debo seguir avanzando.
Ella ha tomado su decisión. Ahora me toca a mí cumplir con mi parte y honrarla asegurándome de que seguimos con vida.
Stark aparece a mi lado. Venna se desploma. Las piernas le cuelgan sin fuerza. Está mascullando algo.
Anassa se inclina ante Skaia. Se queda mirando el cuerpo del huargo mientras Stark me ayuda a subir a Venna sobre su lomo.
Doy un paso atrás para imprimir fuerza a mis palabras:
—Nunca estarás sola, Venna —le digo de forma atropellada, pero haciéndolo lo mejor que puedo—. Te lo prometo.
Salto detrás de mi amiga, de mi familia , y cierro los brazos a su alrededor. Ella se desploma contra mí, no sé si dormida o desmayada. Es un alivio, pienso, así no tendrá que ver cómo nos alejamos de su loba. No tendrá que recordar esa imagen para el resto de la eternidad.
—Moveos, ¡ rápido ! —brama Stark antes de salir disparado sobre Cratos, con Elias sentado detrás.
Lucien gira la cabeza con brusquedad cuando pasa junto a nosotros montado en el huargo de Noemi. Solo vuelve la vista al frente cuando lo alcanzamos.
Cabalgamos lo más rápido posible bajo la cobertura de la magia.
La loba de Venna se queda atrás para los cuervos.