Fury Bound. Furia de lobo (Los lobos de la Ruina 2) Capítulo 49
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Capítulo 49

Meryn

Una vez en el barco, nos reunimos para debatir nuestro próximo movimiento.

He intentado consultar mi clarividencia, pero las únicas visiones que he recibido no han sido más que confusas espirales de sombras.

Nada útil. Nada orientativo. Tal vez esté demasiado cansada después de todo lo que acabamos de vivir.

En cubierta, todos nos sentamos, presas de distintos grados de agotamiento, con nuestros lobos huargo convertidos en charcos de pelo bajo el sol abrasador. Lucien le cede el timón a Elias para unirse a nosotros y deliberar.

—¿No es obvio lo que debemos hacer a continuación? —dice Noemi.

Ya no parece molesta, lo cual es un alivio respecto a Stark y Venna. Ambos siguen sin mirarme apenas.

Venna asiente y se muerde el labio inferior.

—Estamos cerca de Caída Floral, a donde se han dirigido los demás vinculados. El último feudo que aún se mantiene leal a Meryn. A lo mejor podríamos unirnos a ellos allí y usar la Lágrima para derrocar a Killian.

Hay una nota de dolor en su voz; quiere regresar con nuestros amigos y compañeros vinculados para ayudarlos ahora que tanto lo necesitan.

No la culpo. Quizá sea el momento de tomar las riendas, puesto que ya que tenemos la otra Lágrima.

¿Cómo voy a llamarme reina a mí misma si no vuelvo para ayudar a mi pueblo?

Tan solo queda una Lágrima por reclamar. Desde luego, la combinación de las cinco que ya tenemos en nuestro poder bastará para vencer a Alistair y a Killian, ¿no?

— No vamos a ir allí —resuelve Lucien a mis espaldas.

Yo me giro para mirarlo. Su boca se tuerce bajo mi escrutinio, divertido ante el enfado que siento. Capullo insufrible.

—¿Y la razón es…?

—Que este es mi barco y va donde yo diga —responde.

—Cada día hablas más y más como un príncipe malcriado —replico. Me reclino sobre los codos y cierro los ojos un instante.

—En realidad, soy un rey malcriado. —Se aparta de la barandilla para acercarse a nosotros—. Caída Floral está fuera de toda discusión.

—¿Por qué? —pregunta Stark con voz gélida mientras se levanta para poder mirar a Lucien cuan alto es—.

Cuanto más lo pospongamos, más probable es que ese sifón usurpador desate toda su fuerza contra los aliados que nos quedan.

Killian le dijo a Meryn que la razón por la que Alistair los atacó fue para castigarla a ella.

Seguramente querrá mantener esa táctica.

Deberíamos atacar mientras aún podamos hacerlo.

¿O acaso retrasar nuestra vuelta indefinidamente hasta que Nocturna se quede sin fuerzas ha sido tu plan desde el principio?

Lucien, con los ojos centelleantes, se vuelve para encararlo.

—Relájate, chico lobo. Estoy aquí para ayudar a tu reina a dar con el poder que precisa para aniquilar a sus enemigos y reclamar su trono, ¿no es así? ¿O tengo que recordarte que te encuentras en la cubierta de mi barco ?

Nuestros lobos prestan atención a la conversación ahora que la hostilidad es evidente, aunque todavía están acostumbrándose al vaivén del mar tras el acoso de las olas.

Cratos se levanta con cuidado y se acerca con discreción a Stark.

Ahora son dos pares de ojos agresivos los que fulminan al rey sifón.

Debería meterme, pero mi exhausta mente está bloqueada. Incluso me resulta difícil reunir la energía necesaria para ponerme en pie y separarlos.

Para mi sorpresa, Venna interviene y se levanta para situarse entre Lucien y Stark.

—Dejadlo ya —corta ella con suavidad, y lo espontáneo de su reprimenda destierra parte de la tensión—. ¿Podríamos comportarnos como adultos, aunque sea un segundo? ¿ Tú qué propones, Lucien?

Lucien se acerca a mí, se agacha y me pone una mano en el hombro. Qué contacto tan innecesario. Salta a la vista que intenta provocar a Stark.

—El dominio de Alistair de la magia sifona bastó para derrocar a la reina Chiara Hielormenta en el culmen de su reinado.

Ha tenido quinientos años para perfeccionar su magia corrupta y tiene acceso al poder de Meryn, por no mencionar que también posee una de las Lágrimas de Diosa.

Una gema que induce a la subyugación y doblega la voluntad del enemigo hasta que lo tiene postrado a sus pies, según Killian.

—Sí —digo yo, lacónica—. Pero nosotros tenemos cinco Lágrimas, además de tu magia y la mía.

Si te da demasiado miedo enfrentarte a tu hermano, Lucien, estoy más que dispuesta a coger las dos que tienes tú y ocuparme de él personalmente.

Con un poder así, podría eliminar a Killian de la faz de la tierra yo misma.

La expresión de Lucien se vuelve salvaje, de manera que deja entrever sus colmillos. Esa máscara juguetona e indolente en la que suele convertir su semblante desaparece.

—No. Eso no es una opción.

Suspiro. Por supuesto que no.

—¿Quieres acabar con esto?

—La confianza entre nosotros tiene sus límites —recalca Lucien—.

Ya has oído a tu soldadito —hace un gesto hacia Stark, cuyo rostro se endurece—, estaba dispuesto a volverse contra mí hace apenas unos segundos.

¿Y ahora esperas que te dé mi corona y mi colgante de ópalo?

¿Dos de los objetos mágicos más poderosos de la historia de Astreona? No. Volveremos a mi reino.

Lanzo las manos al aire.

—¿Por qué?

—Porque podemos reunir a mis tropas antes de ir a Nocturna. Es posible que Alistair siga buscando la última Lágrima, pero no sabemos lo que hace. Es mejor llegar respaldados por todo un ejército. —Hace una pausa y sonríe—. Una vez estemos casados, claro.

Yo resoplo, indignada.

—Ni de puta coña, Lucien. Te pido disculpas si no he sido lo bastante clara al respecto, pero no vamos a casarnos. Nunca. Preferiría enfrentarme sola a Killian y fracasar antes que condenarme a una vida a tu lado.

Él suspira y detiene la mirada en Stark.

—¿Es por él? Porque estoy seguro de que eres consciente del beneficio político que traería. No me importaría que tuvieras un amante. Estoy a favor de la igualdad de oportunidades. Tampoco tendría problema en recibiros a los dos en mi cama, si lo prefieres.

La ira asciende por mi garganta. Siempre hace bromas de todo, pero, claro, no son sus amigos los que están pereciendo en esta guerra.

Sin darme cuenta, he metido la mano en el bolsillo junto a mi cadera.

Agarro con fuerza la Lágrima obtenida en la torre.

La tela en la que la había envuelto se ha resbalado y el contorno afilado del ópalo me muerde la piel.

Su calidez aumenta… hasta que empieza a quemar.

Ahogo una exclamación y saco la mano del bolsillo para mirar la gema que ahora descansa en mi palma.

Al hacerlo, una restricción que latía tensa en mis adentros termina de romperse.

Las sombras salen despedidas de la palma de mi mano hacia la dirección en la que estaba orientada. Hacia la torre.

A medio camino sobre el agua, las sombras comienzan a distorsionarse y a mutar. De algún modo, la imagen es hermosa y nauseabunda al mismo tiempo. Como cuando vi que el charco de mi propia sangre se evaporaba para dar paso al deslumbrante mosaico.

¿Qué sucede?

La oscuridad abandona la magia hasta que solo quedan olas irisadas y fractales de colores que se ciernen sobre la isla.

Me quedo boquiabierta.

Los rayos de poder —sean lo que sean— golpean la torre y entonces se oye un potente sonido, como el tañido de una campana.

Incluso desde la distancia, aquí a bordo, el sonido es tan poderoso que hace que me duelan los tímpanos.

Los lobos huargo se frotan las orejas mientras gimen.

Elias baja corriendo a la cubierta con los ojos desorbitados.

Por unos segundos, no pasa nada más.

Entonces, la isla se transforma. Donde solo había roca y pertinaz musgo, ahora aparecen plantas que se enredan y se persiguen como si compitieran por alcanzar la torre.

Unos enormes brazos de hiedra y alguna que otra planta trepadora con grandes flores rojas revisten los laterales de la torre; su aspecto me recuerda al rojo de un bastón de caramelo.

En apenas unos instantes, la rocosa y desamparada isla se convierte en un paraíso exuberante y tropical. Árboles que deberían haber requerido décadas de crecimiento se alzan repletos de fruta. Incluso nos llega el trino alegre de los pájaros a través de las olas.

—Pero ¿qué coño …? —musita Noemi.

Lucien me toma por la muñeca, me quita la Lágrima de la palma y la levanta para que le dé la luz.

—¿Es ese un poder con el que ya contabas o te lo ha dado esto?

Trago con fuerza mientras lucho por dotar de sentido a lo que ven mis ojos.

—No… no sé qué ha pasado.

Desde luego, este no es un poder con el que yo hubiera contado antes. Acabo de crear algo de la nada.

Crear…

Inspiro con brusquedad y detengo la mirada en Venna, Stark y Noemi.

—La coronación —murmuro sin salir de mi asombro.

Los tres se limitan a parpadear, confusos. Comienzo a pasearme de un lado para otro, con una certeza cada vez más sólida.

—Durante la ceremonia de mi coronación, tuve que realizar esos rituales con la suma sacerdotisa.

Tuvo que repetírmelo una y otra vez. Jamás olvidaré sus palabras.

—Me señalo la frente—: Con mi poder , gobernaré por todos.

Dos veces —añado, señalando la frente de Lucien—.

Dos coronas. —Detengo el dedo en mis labios—. Con persuasión, hablaré por todos.

A Lucien se le enciende la mirada. Empieza a entenderlo, a pesar de que los otros tres siguen bastante perdidos.

Alzo la mano derecha, con la que aún sujeto la Lágrima, en su dirección.

—Antepondré a mi pueblo en cada acto de creación —y alzo la mano izquierda— y destrucción .

—Joder —masculla Stark.

A continuación, me señalo el esternón.

—Mi corazón buscará proteger en vez de dañar. Dos veces. Dos colgantes —digo, señalando el esternón de Lucien.

Este comienza a reír. Venna viene hacia mí con rapidez y sostiene mi palma con la suya para examinar la Lágrima.

—¿De verdad crees…?

—Sí —contesto con la boca seca—. Creo que ha sido una especie de mapa desde el principio. Lo que significa que la última Lágrima tiene el poder de…

—Destruir —completa Lucien.