Fury Bound. Furia de lobo (Los lobos de la Ruina 2) Capítulo 47
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Capítulo 47

Stark

No soy lo bastante rápido como para detenerla. Apenas lo soy para atraparla entre mis brazos.

La daga está enterrada en el pecho de Meryn. Su rostro pierde color de inmediato. Cuando trastabilla hacia atrás, envuelvo su figura entre mis brazos. Grito con la voz desgarrada, rota.

Lo único que quiero hacer es protegerla —de ella, de los demás, de cosas que ni siquiera comprendemos del todo—, y sin embargo…

La habitación se inclina. Me asalta la sensación de que, de algún modo, estamos cayendo hacia arriba.

No puedo apartar la mirada del cuerpo inerte de Meryn en mis brazos; mi mundo entero se concentra en el punto exacto en el que el cuchillo atraviesa su carne, pero Noemi y Venna ahogan una exclamación y percibo por el rabillo del ojo que ambas se desploman.

La estancia se endereza y Meryn y yo caemos con fuerza contra el suelo.

La daga en su pecho se calienta, se ilumina y después…

desaparece. La sangre sale a borbotones de la herida hasta formar un océano que amenaza con ahogarme.

La tapono enseguida con las manos, como si hubiera alguna forma de detener la hemorragia, pero en el fondo lo sé…

Lo sé. La muerte y yo somos viejos conocidos.

Se ha ido. Su cuerpo está frío. Sus ojos pardos, muy abiertos, han dejado de ver.

La agonía se apodera de mi vínculo con Cratos, que suelta un aullido de dolor al tiempo que se deja caer sobre el cuerpo postrado de su pareja. Se me nubla la vista, veo borroso. Un gemido sordo se desata en mi cabeza, se expande hasta mis oídos hasta que ya no oigo nada más.

De forma vaga, registro el movimiento de los labios de Noemi cuando intenta decirme algo… Me pone las manos en el brazo en un gesto de consuelo.

Yo la aparto con brusquedad. No necesito su puto consuelo.

Me arden las cuencas de los ojos. Me recuesto junto a Meryn. Ese violento color rojo nos amortaja a los dos. Tanto mis manos como mis brazos están resbaladizos por ese rojo que brota en su pecho y se acumula bajo su cuerpo, como una mancha oscura y sigilosa que no ceja en su avance.

La estancia está temblando. No: yo estoy temblando.

Meryn , ¿qué has hecho?