Capítulo 40 #2
Por muy complicada que fuera la relación de Stark con su madre, mermada tras años de abuso y desplantes, esto debe de suponer un golpe muy duro para él.
Saela, Venna y yo casi hemos llegado a nuestras estancias comunes cuando él nos intercepta.
Nuestros cuerpos se buscan como imanes. Venna me lanza una mirada significativa y se lleva a Saela hacia la alcoba de invitados.
—¿Estás bien? —pregunta Stark, mientras me aparta y pone sus manos sobre mis hombros—. Aún no te has acostumbrado a tus poderes de reina y esto ha sido una alteración muy fuerte.
Perpleja, tomo una de sus manos y lo conduzco a un lado del pasillo, donde una pequeña ventana bajo la que hay encajado un asiento semicircular ofrece unas vistas de los tejados del ala oeste del castillo. ¿Una alteración ? ¿Quién cojones se refiere a la muerte de su madre como «una alteración»?
—Stark —digo, buscando su mirada—. ¿Cómo estás tú ? ¿Qué puedo hacer? Lo siento mucho.
Él se tensa casi imperceptiblemente y, con un tono de voz controlado, contesta:
—No te preocupes, princesa. Somos vinculados. Una muerte violenta es el final que nos espera a todos.
Casi retrocedo al oírle. Qué frío suena. Pero quizá sea así como necesita lidiar con esto. Si es capaz de llorar a Siegrid… Debo pensar que está atrapado en una corriente de numerosas y complejas emociones a las que quizá no sea capaz de enfrentarse todavía.
—Ahora eres el alfa soberano —le digo con calma—. ¿Es…? ¿Estás listo para eso? ¿Sabes cómo usar tus poderes?
La mirada de Stark se oscurece.
—No tardaré en dominarlos.
Deja que sus pupilas se pierdan en el paisaje a mis espaldas, como si estuviera fascinado por el conjunto de tejados.
Lo extraño de su actitud me da la pista definitiva para comprender que no es tan invulnerable como finge.
Es obvio que está inquieto. Pero, cuando vuelve a fijar los ojos en mí, lo hace con una mirada acerada.
—Supongo que viste lo sucedido, ¿no? Tenemos que regresar a Nocturna de inmediato. Cada segundo que pasamos aquí es un segundo en el que ese mamonazo aprovecha para consolidar su poder. Volvamos, enfrentémonos a él y derrotémoslo antes de que tenga el control total.
Esa predisposición apresurada de ir a luchar es típica de Daemos. Pero no parece una solución razonable.
—Dame un momento —le digo a Stark—. Tengo que comprobar mi clarividencia, a ver si nos ofrece alguna pista de lo que debemos hacer.
Él asiente y yo cierro los ojos para sumergirme en la profunda reserva de poder que late en mi interior. ¿Qué pasaría si regresáramos a Nocturna de inmediato?
Las imágenes se suceden tras mis párpados.
Destellos de la batalla: huargos desgarrando a otros huargos mientras los vinculados se matan entre sí.
El cuerpo de Noemi yace en el suelo, atravesado por una flecha.
La sangre de Venna, que se arrastra hacia mí, mana de múltiples heridas.
La magia de sombras colisiona y rebota. Incontables muertos.
Stark cae. Cratos deja escapar un largo aullido…
que se interrumpe de repente. Killian, que vuelve su mirada hacia mí.
Me alejo de la visión asediada por las náuseas a consecuencia de lo terrible de la escena. ¿Y si aceptara la ayuda de Lucien y la propuesta de matrimonio implícita en ella?
Me veo a mí misma con un vestido de novia, adornado con oro y joyas.
Unos colmillos brillantes se aprecian en la sonrisa de Lucien cuando me toma de la mano.
Varios sifones de facciones hermosas se acercan a mí con sonrisas falsas en los labios para darme la enhorabuena y besarme la mano y las mejillas.
La sangre nubla mi visión. Una sangre que brota de la boca de Lucien, producto de una espada plateada que le perfora el cuello desde la nuca.
Su corona cae al suelo con un repiqueteo, junto a ríos de sangre procedentes de los sifones moribundos que nos rodean por doquier.
La sangre cubre el rostro de Stark, que yace inmóvil a mis pies, con los ojos abiertos, sin ver nada.
Killian, con las manos teñidas de rojo, se gira hacia mí con una carcajada, espada en mano, bien alta.
NO.
Tiro de mi magia en todas direcciones. ¿Qué más? Tiene que haber otra alternativa. Me abro camino entre las visiones de muerte para llegar a lo que sea que hay más allá.
El agua salada me inunda la nariz y la boca.
Yo parpadeo y me estremezco. Al abrir los ojos, el agua ha desaparecido: veo una orilla rocosa…
y una torre oscura y siniestra que se eleva al cielo.
Con un destello, me reubico en el interior de la torre, cuyas paredes se ciernen sobre mí. Me aplastan. Me aplastan.
Un cuerpo de mujer… ¿De quién? ¿Mío? ¿De Noemi? No lo distingo, pero no se mueve. Stark está arrodillado junto a él, gritando. Después, una cámara vacía, con una resplandeciente joya que emite brillos en el centro de un mosaico en espiral.
La visión toca a su fin y yo regreso sobresaltada a mi cuerpo. Stark me sujeta con las manos para que no me desoriente y pueda volver en mí con más facilidad. Tengo seca la garganta. Me va a estallar la cabeza. Apoyo la frente en su pecho e inspiro su densa fragancia masculina.
—Tengo que decirte una cosa —tercio—. Lucien me ha pedido que me case con él a cambio de su apoyo para acabar con Killian. Dice que le preocupa que intente hacerme con sus Lágrimas por una cuestión de poder y que quiere asegurarse de que el asunto se mantiene equilibrado.
Stark se tensa contra mí.
Su mirada se vuelve fría, distante. A mí se me hace un nudo instantáneo en la garganta. ¿Acaso va a decirme que acepte?