Fury Bound. Furia de lobo (Los lobos de la Ruina 2) Capítulo 37
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Capítulo 37

Meryn

Cabalgamos con vehemencia. Mi preocupación por Noemi supone una gran distracción del anhelo que se acumula entre mis piernas.

El viaje de media hora que Stark y yo hicimos desde la ciudad dura apenas cinco minutos a la vuelta…

Un regreso que le cuesta a Brilloscuro varios aleros bajos y una piara entera de cerdos que se quedan sueltos al tirar la cerca que los mantenía agrupados, puesto que arrasamos con cualquier cosa que se interponga en nuestro camino.

Para cuando cruzamos las puertas donde los guardias nos hacen señas para que entremos, Anassa ya está jadeando, con los músculos temblorosos por la carrera. Me bajo de su lomo de un salto y compruebo cómo está mientras subo a toda velocidad por los pálidos peldaños de piedra del palacio.

«Ve a por la muchacha y ya», me dice ella.

Stark se me adelanta y abre las puertas de golpe. Yo paso por ellas sin aliento y con una mano en la empuñadura de mi daga. Evalúo el recibidor que se presenta ante mí. Mi padre se da la vuelta, sorprendido por nuestra súbita llegada.

Fredrich, con los ojos desorbitados al verme, se precipita hacia nosotros.

—¿Dónde…?

—Saela está a salvo en su alcoba —responde. El asombro de que sea capaz de anticiparse a mi pregunta me sume en el silencio, y le permito cogerme del brazo y guiarme por el vestíbulo a paso ligero—. Volveré a su lado en cuanto te haya llevado a ti con ellos.

A la agonía de Noemi, que sigue rasgando el vínculo, se le suma ahora la alarma y la cólera de Venna. Unos gritos retumban por los altos pasillos a medida que nos acercamos.

El temor me atraviesa los huesos.

—¿Adónde vamos?

—A las habitaciones personales del rey —replica mi padre.

Yo maldigo para mis adentros y, movida por la necesidad de calma, sondeo en busca de Stark.

Nuestras mentes se encuentran y él me tranquiliza lo mejor que puede, dado que también está desbordado por una furia asesina.

Eso no consigue desplazar las violentas emociones devastadoras de Noemi, que penetran hasta lo más hondo de mi cráneo.

El alarido que se oye más adelante me impele a correr a toda prisa. Después, capto un ruido como de muebles partidos y armaduras chirriando contra la piedra.

Doblo la esquina y freno en seco.

Y pensar que me fui con Stark precisamente para evitar una crisis diplomática…

Reina el caos. La guardia real retiene a Noemi, que intenta resistirse. En la ceja tiene un corte bastante feo del que mana tanta sangre que le ha teñido de rojo un lado de su pálido semblante.

Venna está creando fisuras, desaparece y reaparece en distintos lugares de la estancia. Cada vez que emerge de la oscuridad, los guardias dan un respingo y giran sobre sus talones, con los semblantes tensos por la concentración en un intento de seguir sus movimientos.

En mitad de la escena está Lucien. Aguarda con una postura relajada, apoyado en la ornamentada entrada a sus aposentos. Parece que está posando para un artista en lugar de evitar que las relaciones diplomáticas no fracasen ante sus ojos.

Y está sangrando por todas partes. La tela delantera de su túnica de seda, abierta con descaro a la altura del pecho, está teñida de escarlata. Tiene una herida profunda en el hombro. Aunque ya se está curando, salta a la vista que es bastante grave.

La expresión de su rostro al presenciar la lucha de Noemi resulta extraña. La mitad superior de su cara transmite diversión, como la de un gato que juguetea con un ratón. La mitad inferior está contorsionada por lo que parece gélida ira.

No tardo en dar una orden a través del vínculo: «¡Parad!».

Noemi y Venna se quedan quietas, con los cuerpos petrificados, pero con la ira aún evidente en sus caras. Habrá tiempo de sobra para hablar de esto… después.

Doy un paso al frente. Los guardias de Lucien se hacen a un lado. El rey observa cómo Stark y yo nos acercamos. Es evidente que el deplorable estado de mi vestido no le pasa inadvertido, como tampoco lo hace la camisa rasgada de Stark, justo en la zona por donde se la arranqué.

—Disculpas si hemos interrumpido alguna cosa —dice él.

—Dime qué ha pasado —exijo, haciendo caso omiso de su comentario.

Una multitud de voces se ponen a hablar a la vez. Lucien alza la mano y estas enmudecen de golpe.

—Parece que esta individua —dice señalando a Noemi— ha conseguido rastrear mis movimientos y obtenido acceso a mis aposentos privados para después tenderme una trampa con una daga envenenada.

—Hace una pausa para mirarla con el labio superior ligeramente contraído antes de devolverme la atención—.

Al entrar en mi dormitorio, me ha emboscado y ha logrado infligirme una herida nada desdeñable antes de que mis guardias tuvieran tiempo de reaccionar.

Entonces di por hecho que tú habrías informado a esa —hace un gesto hacia Venna— de que una de los vuestros estaba en peligro, porque ha venido a todo correr para amenazar mi integridad con más armas.

Y así es como hemos llegado a la escena que tienes ante ti.

Desvío la mirada hacia Venna, que asiente.

Noemi, aún apresada pero sin resistirse ya, escupe las palabras como si fueran venenosas:

—Mereces morir .

Estoy perpleja por lo desatada que parece. Desde el primer momento en que nos presentaron, Noemi no me ha transmitido más que una calma serena y una deliberada elegancia. Esa mujer, fuera quien fuera, ya no está. Ha sido reemplazada por lo que sea que habitaba bajo su piel todo este tiempo.

—¡Me niego a quedarme de brazos cruzados mientras se dedica a exhibir a las mujeres como si fueran ganado! —vocifera, forcejeando de nuevo contra el agarre de los guardias—. ¡Alimentándose de ellas como si fueran trozos de carne!

Su mirada recala en mí y luego en Stark, que se acerca a ella con determinación y las manos en alto, igual que haría si se enfrentara a un lobo huargo salvaje.

Noemi inspira profundamente, pero no usa esa fuerza para volver a gritar. No obstante, la emoción de lo que dice cuando habla de nuevo es tal que casi parecería que lo está haciendo:

—¿Cómo podéis siquiera plantearos una alianza con unas bestias tan desalmadas y depravadas, capaces de tratar a los humanos de esta manera?

Una gélida risa escapa de los labios de Lucien. Se pasa la yema del dedo por su propia sangre, que empieza a resecarse sobre su piel, y esboza una tenue sonrisa.

—¿De verdad creías que podrías matarme? ¿A mí?

¿Un rey sifón milenario que ha sobrevivido a cinco siglos de intentos de asesinato de parte de rivales mucho más temibles que tú, incluido mi propio hermano ?

—Bufa y examina la sangre de sus dedos mientras la frota con el pulgar—.

Menudo delirio. Ni te imaginas lo afortunada que eres de que tu ataque me parezca más entretenido que amenazante, porque de lo contrario ya estarías muerta.

Un arrebato de ira se adueña de Noemi mientras percibo la furia de Stark pura y dura en mi mente. Lo destierro de mi consciencia tras alzar las barreras mentales por primera vez esta noche. Tengo que concentrarme en Lucien. Ahora mismo, atisbo un enfado real tras su aparente diversión.

O no puede disimularlo del todo o no siente la necesidad de hacerlo.

«¿A qué juega? —le pregunto a Stark a través del vínculo—. Tú la conoces mejor. Explícamelo, en serio: ¿por qué compromete la única razón por la que estamos aquí?».

«Tendrás que preguntárselo tú misma», responde él, mirándome a los ojos desde donde está, aún cerca de Noemi pero sin provocar a los guardias que la retienen.

Del roce de su mente en la mía infiero mucho arrepentimiento, mucha culpa.

«Simplemente… confía en que tenga sus razones para comportarse así —prosigue—. No lo excusa. Yo me culpo por esto; debería haber tenido en cuenta la posición en la que la pondríamos al traerla aquí».

¡¿Qué rayos significa eso ?!

En cuanto Lucien detiene sus ojos en mí de nuevo, se yergue, lo que permite apreciar desde nuestra llegada su elevada estatura. El tono de su voz se vuelve más cortante, ajeno ahora a esa cadencia melancólica y susurrante.

—Esta no es manera de que unos huéspedes traten a su anfitrión, sobre todo teniendo en cuenta que dicho anfitrión está barajando una posible alianza que podría acabar con siglos de guerra.

Barajando . Es una amenaza velada. Una advertencia de que es lo bastante poderoso como para arrebatarnos la paz y enviar un ejército contra nosotros ahora que carecemos de miembros Phylax que puedan proteger nuestra formación.

Bueno, sí hay un miembro de Phylax a la vista, supongo. Eso si sobrevive los próximos minutos.

Venna, Stark y yo intercambiamos unas miradas con la intención de comprobar si a alguno se le ha ocurrido algún tipo de plan.

Antes de que me dé tiempo a abrir la comunicación mental para los tres, Lucien dobla la mano y sus guardias empiezan a moverse. Dos se disponen a llevarse a Noemi, mientras que los demás se dispersan de camino a sus puestos en el pasillo.

—Lucien —suelto yo. Él me mira con una ceja arqueada, irritado—. Deja que hable con ella en privado —le digo. Tras unos instantes, añado—: Por favor.

No tengo la costumbre de rogar que me dispensen la cortesía más básica, pero estaría bien evitar que mataran a Noemi en este viaje.

—Sea —accede con un suspiro. Señala una pequeña habitación anexa al recibidor de sus aposentos—. Puedes llevarla a mi despacho. Los guardias esperarán fuera.

Noemi, con los ojos verdes aún brillantes, se libera de sus captores y entra en el despacho hecha una furia, como si no fuera ella la culpable de todo esto.

Al seguirla, miro a Stark de reojo. La preocupación se refleja en su semblante.

Aunque él tampoco quiere que le pase nada, es consciente de que está en un buen lío.

Noemi se dirige de inmediato a un sillón de cuero mullido en el que se deja caer antes de enterrar la cara entre las manos. Su reluciente cabellera roja cae a su alrededor como un muro ondulado y protector. Empieza a llorar.