Capítulo 36 #3
El sonido que emite es primitivo, puro anhelo.
Me arqueo contra él solo de oírlo. Lo necesito.
Diosa, cómo lo necesito. Subo las manos por sus hombros desnudos y me aferro a él mientras acerca su boca a la mía.
Nos devoramos mutuamente y gimo contra sus labios mientras me agarra el trasero con las manos para levantarme y arrimarme a él.
Me roza con la polla y suelto un gemido, que desaparece en su boca.
Se restriega una y otra vez más contra mi entrepierna, hasta que me deja gimoteando.
A continuación, me recoloca de manera que la base de su pene queda en mi entrada.
Tiemblo y me tenso, ardiendo de deseo por él.
—Diosa, Stark, por favor —gimo de manera incoherente contra sus labios—. Por favor, por favor. Te necesito dentro de mí.
Algo en él se rompe con mis ruegos. Me baja hacia él con sus enormes manos, desliza la polla en mi interior y me llena, me hace sentir completa.
Su tamaño hace que se me humedezcan los ojos.
Jadeo y me echo hacia atrás para mirarlo, con las piernas alrededor de su espalda.
Stark tiene la mirada vidriosa, encendida.
La baja y observa el punto en el que nos unimos. Entre y sale despacio de mí.
—Lo tienes muy apretado, pero me recibes muy bien —murmura, atónito, mientras sigue entrando y saliendo poco a poco, follándome con suavidad.
Tengo el pecho agitado, mis pezones duros le rozan la piel.
—Estoy hecha para ti. —Las palabras salen solas, rebosantes de necesidad.
Sus ojos buscan los míos.
—No, princesa. Estamos hechos el uno para el otro. Y ahora, agárrate fuerte.
Hago lo que me dice y me toma entre sus manos. Me levanta y me baja de nuevo, introduciéndose a mayor profundidad en mi interior con cada embestida hasta que se hunde hasta el fondo.
Ahora emito sonidos como sollozos, gemidos y súplicas incoherentes.
La polla de Stark me llena de modos que no sabía que precisaba, tan profundo que está en todas partes.
Establece un ritmo más brusco y borra todos los pensamientos de mi mente hasta que solo queda esto, el momento presente, nosotros .
Echo la cabeza atrás y me doy cuenta de que ha colocado una mano ahí para evitar que me dé contra la roca que tenemos detrás. Ese nivel de atención, incluso mientras me folla de manera contundente y desesperada, me acerca al abismo.
Stark me besa el cuello y baja mordisqueando hasta mis clavículas, follándome sin piedad todo el tiempo. El cielo nocturno gira sobre mí, las estrellas dejan rastros de luz en mitad de la oscuridad. Cierro los ojos y me entrego por completo a las sensaciones.
Stark acelera el ritmo y hundo la cara en su cuello mientras la presión se acumula en mí y el mundo se reduce a nosotros dos. La sensación de tenerlo dentro, sus empujones mientras me llena cada vez más y más…
Una embestida más y exploto; el orgasmo se desata a través de mí como una ventisca. Él me sostiene mientras tiemblo y se mantiene en mi interior mientras me contraigo una y otra vez contra su polla.
Cuando empiezo a recuperarme, Stark retoma el ritmo y me embiste al mismo tiempo que me baja hacia él. Aunque parece imposible, noto cómo se endurece aún más dentro de mí. Gimo en su oído, repito su nombre sin saber lo que hago mientras él acelera hasta alcanzar su propio clímax.
Grita al derramarse en mi interior y me llena de un calor húmedo y palpitante.
Jadeamos y nos aferramos el uno al otro, pegajosos por el sudor, mientras empezamos a notar la fresca brisa del desierto a nuestro alrededor.
—Stark —susurro, y se aparta para mirarme a la cara. La intensidad de las emociones que veo en él me asusta y me tranquiliza al mismo tiempo.
Cierro los ojos y apoyo la mejilla en su hombro, murmurando de satisfacción.
Stark me abraza con fuerza mientras su respiración se calma y luego se aleja poco a poco para buscar lo que queda de nuestra ropa.
Aparto sus manos cuando me ofrece la tela y comprende lo que necesito sin necesidad de pedírselo; extiende las capas de ropa sobre la parte más lisa del suelo y me abraza.
Vuelvo a estar acunada en sus brazos, piel contra piel. Calentita. A salvo. Saciada. Respiro y huelo su aroma intenso a almizcle y ámbar. Exhalo y él se estremece con la caricia de mi aliento. El roce constante de su palma áspera contra mi cadera me sumerge en un sueño tranquilo.
No dura demasiado.
No llevo ni diez minutos dormida cuando una oleada de sensaciones me desgarra a través de los vínculos mentales: pánico, miedo y un dolor insoportable. Y nada de eso me pertenece. Me despierto con un grito sobresaltado. Stark me rodea con los brazos y me atrae hacia él como si pudiera protegerme.
—Meryn, céntrate —me recuerda.
Parpadeo muy seguido y cierro los ojos. Mi conciencia recorre los vínculos a toda velocidad, buscando la fuente del sufrimiento.
—Es… Noemi —logro decir.
Está herida. Su dolor y su terror resuenan con tanta fuerza a través de nuestra conexión que es como si pudiera oír sus gritos rebotando en las piedras escarpadas que nos rodean.
Me levanto y busco a tientas mi ropa mientras contacto con Anassa. Intenta tranquilizarme, pero la calma solo llegará cuando sepa que Noemi está a salvo.
Los huargos atraviesan rápidamente la distancia que Stark y yo hemos recorrido a pie. Ya nos hemos puesto la ropa, aunque mi vestido apenas se sostiene con los pocos cordones que quedan. Stark recoge su daga de la arena justo cuando los lobos irrumpen en el claro.
«Volvemos al castillo», le digo a Anassa, temblorosa.
Ella gruñe reflejando mi miedo y mi ira.
«Sube».