Capítulo 36
Meryn
El control total de las fuerzas astreonenses. Tiene que estar de coña, ¿verdad? O tal vez no. Puede que lo diga en serio y que todo forme parte de un complot que no consigo ver ni entender.
Tras la declaración extremadamente absurda de Lucien, le comunico que necesito tiempo para pensarlo, que me gustaría dar un paseo para aclararme las ideas.
Sin embargo, no soy la única que necesita un poco de aire. Las oscuras emociones de Stark llevan rondándome desde que desperté de la visión. Necesito moverme y necesito que él también se mueva. Su inquietud me está afectando a través del vínculo y me enerva.
Salimos por la puerta sur del castillo, atravesamos jardines y cruzamos un puente que nos aleja del complejo.
No hablamos mientras caminamos. La frustración fluye entre nosotros, me atraviesa, pasa por él y regresa a mí.
Impulsa nuestro movimiento y aceleramos el paso cada vez más por las afueras de la ciudad hasta que el paseo se convierte prácticamente en una carrera.
Cuando dejamos atrás las calles adoquinadas de Brilloscuro, respiro profundamente.
—Stark. —Me mira, pero ninguno de los dos ralentiza la marcha—. Deja a un lado la ira, si es que puedes. ¿Qué crees que debería hacer aquí?
Cuando responde, su voz está cargada de una tensión apenas disimulada.
—No confío nada en su rey. Podría ser una trampa bien elaborada. No veo manera de creer en sus palabras.
Salimos de la ciudad y nos adentramos en los alrededores, un páramo árido y pedregoso que separa Brilloscuro del desierto. El sol empieza a ponerse y sus rayos tiñen el paisaje de tonos rojos, naranjas y amarillos. Parece que estemos en otro mundo.
Rodeamos un gran afloramiento rocoso y me desvío hacia la izquierda hasta que queda a nuestras espaldas, ocultando la ciudad. Me agacho. Aquí solo hay rocas, matorrales y la última luz del día, no hay chapiteles a la vista. La ciudad de Brilloscuro casi parece sacada de un cuento. Casi.
Me muerdo el labio y reflexiono sobre las palabras de Stark.
—Estoy de acuerdo, pero intento analizarlo con frialdad. ¿Una trampa? ¿Para qué? Es evidente que Lucien detesta a Alistair. Lo quiere muerto de una vez por todas. Al menos en eso estamos de acuerdo.
Stark se acerca y se apoya en una roca.
—¿Y tras la muerte de Alistair, qué? ¿Cuando todas las fuerzas astreonenses estén en nuestras tierras? ¿Y si su objetivo es conquistar Nocturna para sí mismo? ¿Cómo podrías detener a sus ejércitos en ese caso?
Tiene razón. Contemplo el horizonte con la mirada perdida.
—¿A ti te parece tan ambicioso?
Mi pregunta sorprende a Stark, que suelta una carcajada. Su sonido me reconforta, aunque la ansiedad todavía me atormenta.
—No, supongo que no —admite—. Apenas parece querer ser rey de su propio país. —Suspira—. Aun así, no lo conocemos en absoluto. Nos estamos basando en la impresión que nos ha dado en un solo encuentro. No conocemos su verdadera personalidad ni sus auténticos deseos.
Asiento y miro a Stark, que se cierne sobre mí.
—Tienes razón. Creo… Creo que deberíamos esperar entonces. Al menos un par de días. Así podré pasar algo de tiempo con él para conocerlo mejor y averiguar cuáles son sus verdaderas intenciones antes de tomar cualquier decisión.
La expresión de Stark se ensombrece.
—¿Qué?
¿Por qué parece que le hayan entrado impulsos asesinos? ¿Y por qué esa idea hace que un calor súbito florezca entre mis piernas?
—Eso de que vas a conocerlo mejor… —gruñe.
No me jodas.
—Sé realista, Stark —le espeto, y me enderezo para mirarlo directamente—. He dejado bien claro lo que siento por ti . El que se está conteniendo eres tú, así que no tienes ningún derecho a ponerte celoso, y menos por algo tan absurdo.
Él me observa con el rostro impasible. Qué hombre tan frustrante y cabezota. De repente, es la última persona con la que quiero hablar.
—A la mierda —farfullo. Me sacudo la ropa y me giro para marcharme—. Gracias por el consejo. Nos vemos luego.
Me dispongo a marcharme, pero me detiene agarrándome la muñeca. Cierra los dedos con fuerza alrededor de mi brazo y me atrae hacia él.
Dejo escapar una leve exclamación de sorpresa. Su calor en mi piel afecta al ritmo de mis latidos. Choco brevemente contra su pecho cuando tira de mí, y las zonas donde estamos en contacto arden. Cuando lo miro a la cara, tiene una expresión oscura, intensa, llena de angustia. Se me seca la boca.
—Meryn —murmura con voz grave—. Esta noche, durante un breve instante, pensé que te había perdido. No podía soportar la idea de que te hubieras ido sin que hubiera tenido la oportunidad de decirte que… lo eres todo.
El corazón me late con fuerza, la sangre fluye desbocada por mis venas. Siento un ardor denso y peligroso fraguándose en mis entrañas.
—Eres tenaz, obstinada y tan poderosa que me pone solo pensarlo. —Tiene la voz ronca y una mirada que me ancla en el sitio. No puedo apartar la vista—. Y que quieras compartir ese poder, que te abras a mí y me animes a usarlo contigo…
Traga saliva y me hipnotiza el movimiento de su cuello, tan cerca de mis labios. Quiero lamerle la barba incipiente, recorrer sus tatuajes con la lengua. Aprieto la mandíbula y lo miro a los ojos de nuevo.
—Nunca he conocido a nadie como tú, Meryn Hielormenta. Me he pasado mucho tiempo odiándote, enfadado por tu existencia. Desperdicié demasiado tiempo siendo cruel contigo con la puta excusa de que era para hacerte más fuerte. Y eso nunca te quebró.
No puedo quedarme callada ante sus palabras.
—Nunca dejaría que me quebraras, Stark Therion.
Su risa grave resuena en mis entrañas.
—No, claro que no, ¿verdad? En lugar de eso, me clavaste las garras.
Tú me quebraste a mí , princesa, pero en el mejor de los sentidos.
Tomaste la imagen que tenía de mí mismo y la destrozaste ante mis ojos.
Puede que sea un mal hombre, pero tú haces que quiera hacer el mal por las razones correctas. Tú eres mi razón correcta.
Sus palabras avivan el fuego en mi interior hasta que ardo de deseo. Haría cualquier cosa, aniquilaría el mundo y a todos los que viven en él solo por tener su boca sobre la mía.
Sin embargo, sigue habiendo separación entre nosotros. Casi puedo saborearla por la forma en la que se mantiene a una distancia prudencial.
—¿Y aun así…? —pregunto, apenas capaz de formular una frase alrededor de mi necesidad.
La inseguridad se refleja brevemente en su semblante y se me aceleran los latidos. Me está mostrando una faceta que nadie más conoce.
—¿Estás segura? —Lo pronuncia en voz baja, despacio, y me duele.
Mi corazón se estremece por este hombre apuesto, feroz, cruel y reflexivo, a quien rara vez han elegido por ser quien es.
Me acerco más a él y disfruto del calor de su cuerpo, de la presión de sus dedos en el brazo.
Se le agita la respiración conforme me aproximo y a mí se me enciende la piel por su cercanía.
No soporto vivir un minuto más sin su piel bajo mis labios.
—Deja que te muestre lo segura que estoy, alfa Stark. —Mi voz es apenas un susurro, pero veo el efecto instantáneo que tiene en él, veo cómo se le tiñe la mirada de pasión—. Puede que entonces me creas.
Sin esperar respuesta, levanto la mano y le rasgo la camisa. El delicado material astreonense se rompe bajo mis manos.
Por fin pongo la boca y los dientes sobre él, y mi hambre es desmedida. Recorro su cuello, su barba…, los remolinos y las líneas curvas de sus tatuajes. Uso la mano libre para acariciarlos todos, lamiendo y mordiendo cada dibujo a medida que bajo.
Stark jadea y ese sonido de desesperación hace que me excite al instante.
Se le endurecen los músculos del pecho al recibir mi atención, sus pezones se convierten en dos puntas afiladas.
Trazo las líneas de sus pectorales con los labios, perdida en la sensación de su piel, y sus cicatrices, esas cicatrices que cubren prácticamente cada centímetro de su ser…
Presto especial atención a cada una, deleitándome mientras sus músculos se tensan y se relajan con mis atenciones.
Sus abdominales son un paraíso de tatuajes, piel cicatrizada y pétreos músculos.
Arrastro los dientes hacia abajo por sus firmes contornos y me recompensa con un gemido.
Sonriendo contra su piel, libero al fin la otra mano de su agarre.
Hundo los dedos por debajo de la cintura de sus pantalones mientras abro los enganches que los mantienen en su sitio.
Con cada uno descubro más músculo perfecto.
Me dejo caer de rodillas y beso la V que lleva directamente a su polla.
La anticipación me hace perder la cabeza.
Sin embargo, nada podría haberme preparado para aquello, cuando por fin consigo quitarle los pantalones y su miembro duro, enorme y aterciopelado aparece erguido entre nosotros.
Es hermoso.
Rodeo la base con la mano y mis dedos apenas se tocan. Lo acaricio una vez, y Stark maldice y se aprieta contra mí, aunque solo un poco. Me muerdo el labio inferior y levanto la vista. Me observa fijamente, con su mirada clavada en la mía y los labios entreabiertos de asombro.
Estoy de rodillas ante él, pero no me he sentido tan poderosa en la vida.
Se me encogen las entrañas al imaginarme repleta por este hombre glorioso y salvaje.
Poco a poco, disfrutando de cada momento, bajo los labios hasta la cabeza de su pene.
Lo rodeo dos veces con la lengua y lamo la gotita de humedad de la punta.
Se me tensan los muslos al notar su sabor salado, cálido y masculino. Stark deja escapar otro gemido.
Lo provoco con la lengua, lamiéndolo de arriba abajo.
Ya no puedo esperar más. Hambrienta, me lo meto en la boca y su grosor casi me abruma. Él baja la mano para sujetarme por el pelo y entrelaza los dedos entre mis mechones plateados. Aprieta para levantarme un poco la cabeza y después se relaja de nuevo. Se introduce en mi boca un centímetro más.
Joder .