Fury Bound. Furia de lobo (Los lobos de la Ruina 2) Capítulo 31 #2
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Capítulo 31 #2

Meryn y yo nos quedamos callados mientras asimilamos sus palabras.

Todo lo que nos habían enseñado sobre Astreona eran engaños deliberadamente seleccionados y mantenidos por los gobernantes nocturnianos.

Gobernantes que, en realidad, eran sifones controlados por Alistair.

Y todo con el objetivo de que toda Nocturna odiara a Astreona.

Existe toda una realidad que desconocemos.

¿Cómo podremos mantenernos en igualdad de condiciones en cualquier negociación entre nuestros reinos?

Mientras doy vueltas a esos pensamientos, llegamos al mercado del que nos había hablado Davide y bajamos de los caballos. Elias le da una moneda a un niño que esperaba en la entrada de la plaza y este se lleva a los caballos.

—Sentíos libre de explorar, alteza —dice Elias con amabilidad—. Nuestras calles son seguras para vos, aunque os recomiendo que no os alejéis demasiado para no perderos. Nos reuniremos aquí dentro de un rato.

«¿Debería preocuparnos que se vayan solos?», le pregunto a Meryn.

«No, que les den. Quiero explorar».

Elias y Davide se adentran en el mercado y se dirigen hacia un toldo marcado de rojo. Mientras se ponen a regatear y sus palabras se mezclan con los sonidos de los demás compradores, me giro hacia Meryn… y la veo alejarse por un callejón. Qué mujer más exasperante. ¿Ahora qué?

Estoy a punto de alcanzarla con unas cuantas zancadas, pero gira hacia otro callejón y la pierdo de vista un segundo. Cuando doblo la esquina, su ataque me pilla desprevenido.

Meryn me empuja con brusquedad contra la pared del edificio que tengo detrás.

Veo un destello plateado y, al instante, el frío del acero me acaricia el cuello.

Me está apuntando con una daga. La miro fijamente, inmóvil.

Dejo que me amenace con el filo. Por ahora.

Un calor intenso me recorre las venas. El beso del acero en mi cuello, blandido por una mujer a la que he saboreado, me excita más de lo que debería.

—¿A ti qué cojones te pasa? —sisea.

Arqueo una ceja.

—Ahora mismo, lo que me pasa es que la persona a la que se supone que he de proteger me ha puesto una daga en el cuello.

Meryn resopla.

—Sabes que no me refiero a eso.

Me pone la otra mano en el pecho y me sostiene con fuerza contra la pared de ladrillos.

Es el único punto de contacto entre nuestros cuerpos, pero su calor está a meros centímetros de mí.

Toda la sangre del cuerpo me baja a la polla y hace que me aprieten los pantalones. No puedo moverme para ajustar la presión con la daga de Meryn arañándome la piel.

Joder, ojalá no respondiera así a su presencia.

—¿En serio vas a hacer esto? —pregunta con desprecio—. ¿Fingir que lo que hicimos en el bosque no sucedió? —La ira hace que se le sonroje el rostro.

Intento reprimir los recuerdos, pero sus palabras los sacan de nuevo a la luz.

Sus piernas al abrirse para mí. Su sabor en mis labios, su humedad, su deseo.

El modo en el que se retorció cuando bajé, cuando la provoqué con lengua y dientes.

La manera en la que me suplicó que le diera órdenes y lo mucho que me gustó.

La mujer complaciente del bosque ha sido reemplazada por una fiera y me la pone igual de dura. Aun así, le digo con voz tensa:

—Es lo mejor. Los dos deberíamos fingir que jamás sucedió, mi reina.

Meryn gruñe, cabreada.

—He pensado cosas horribles de ti los últimos seis meses, Stark Therion, pero jamás te tuve por un cobarde.

El dolor de su voz me atraviesa. Tiene razón, por supuesto. Estoy siendo un cobarde y eso no es nada propio de mí. Sin embargo, su presencia me jode de un modo que me impide pensar con claridad.

Con un rápido movimiento de mano, aparto la daga de mi cuello.

A continuación, giro a su alrededor para intercambiar nuestras posiciones y estamparla contra la pared.

La agarro por las muñecas y las inmovilizo por encima de su cabeza.

Durante un instante, me dejo llevar por la pasión.

Tengo la polla dura como una roca y la fricción y el calor me resultan deliciosos cuando presiono la parte baja de su vientre.

Me responde con un gemido suave y desesperado.

—Tienes razón —admito con voz grave—. Tendría que haberte dicho enseguida que era un error.

Ojalá pudiera fingir que no pasó, princesa.

¿Acaso no ves cómo me estás torturando? —Empujo las caderas contra ella y vuelve a gemir—.

¿Pensar en ti desnuda para mí en el bosque, haciendo todo lo que digo como si fueras una maldita niña buena? Me está volviendo loco.

Bajo una mano, la agarro por la barbilla y le levanto la cara para que me mire. Se le entreabren los labios y veo que tiene la mirada algo vidriosa.

—Desde que te puse los ojos encima te convertiste en una obsesión enfermiza —continúo con voz grave—. Y ahora te he probado y he descubierto mi sabor preferido en el mundo. Me atormentas. Me consumes. Y es una puta tortura porque, fuera lo que fuera eso, no puede volver a suceder.

Se le ensombrece la expresión e intenta liberar las muñecas de mi agarre. No la suelto. No podemos dejar el tema hasta que lo entienda . Cuando me mira de nuevo, suplica:

—¿Por qué no , Stark? Si es lo que sientes, ¿por qué no?

No me queda espacio mental para que otro hombre me joda la existencia.

Y, por si no quedó absolutamente claro, te deseo .

He estado reprimiéndolo, preocupada por si era un efecto derivado del vínculo de pareja de nuestros lobos, pero estoy harta de mentirme a mí misma. Así que habla .

Abro la boca para hablarle de Siegrid, de cómo la alfa soberana quiere que nos casemos para poder tener representación en el trono.

Sin embargo, de repente todo eso me parece una puta estupidez.

Meryn jamás dejaría que alguien le dijera lo que tiene que hacer.

¿A quién coño le importa lo que quiera Siegrid?

Eso hace que salga a la luz el auténtico motivo por el que he estado resistiéndome a esta atracción.

—No soy bueno para ti —le digo bruscamente.

Le suelto las muñecas y retrocedo unos centímetros—.

Meryn, podrías… podrías ser la mejor reina que ha tenido Nocturna.

Tienes que estar con alguien que saque las mejores partes de ti, no con alguien que te arrastre a la oscuridad y disfrute de cada momento en ella.

Abre la boca para discutir, así que levanto una mano para callarla.

—No. Lo digo en serio. Piensa en la reina que quieres ser.

En quién estará gobernando a tu lado. ¿Acaso crees que los plebeyos o los nobles me aceptarían?

¿A un asesino depravado cuyo nombre se susurra con temor?

¿A una persona que te ve forcejear con tu poder y te insta a tomarlo sin importar una mierda las consecuencias?

Observo las emociones que le atraviesan el rostro como nubes en el cielo y continúo.

—Necesitas estar con alguien que sea tu igual, no con alguien a quien consideran un monstruo. Será mejor que paremos esto ahora que aún podemos. Porque lo sé, Meryn, sé lo que es estar jodido. Y besarte sabe a destrucción. Si seguimos con esto, ninguno de los dos sobrevivirá a las consecuencias.

Meryn me aparta la cara y me duele la pérdida de su mirada ardiente.

Tensa la mandíbula y veo un leve destello de lágrimas en sus ojos.

Me siento como si un huargo me estuviera despedazando el corazón todavía latente.

Odio ser el culpable de sus lágrimas cuando cada pizca de mi ser me grita que nací para protegerla, para secarle las lágrimas.

Pero este es el único modo de protegerla a largo plazo.

De protegernos a ambos. Porque vivirá para lamentar mi existencia y yo no sé si seré capaz de dejarla escapar en algún momento.

Se vuelve hacia mí y me sostiene la mirada de nuevo, los ojos brillantes por las lágrimas.

—Me mata que no seas consciente de tu propio valor, Stark —reprocha—.

Ojalá pudiera volver atrás en el tiempo y cortarles las manos a todas las personas que te han hecho daño, a todos los que te han hecho creer que solo tienes un propósito, que solo sirves para una cosa.

Vales un millón de veces más de lo que te han dicho.

Meryn deja escapar un suspiro tembloroso y me doy cuenta de que he estado conteniendo la respiración, absorto por sus palabras.

—Además, si tú eres un monstruo, ¿qué soy yo? Si tú eres un depravado, yo también, capullo. No tienes derecho a atribuirte el mérito de mis peores acciones. Tomo mis propias decisiones. ¿Y lo que hay entre nosotros?

Se acerca y levanta las manos para sostenerme la cara.

Con su roce llega la conexión; se abre a mí mentalmente y nos deslizamos hacia ese rincón mental más rápido que nunca.

Nuestros corazones laten como uno con urgencia, pasión y alguna que otra emoción que duele al mirarla de cerca como la luz cegadora del sol.

«¿Qué pasa, Stark? —pregunta en mi cabeza, con los ojos rebosantes tanto de pesar como de asombro—. Esto no es solo por el vínculo de pareja de nuestros huargos y lo sabes. Tú solo eres más que capaz de unirte a mí y compartir mi poder. ¿Cómo no vas a ser mi igual?».

El aliento de Meryn es mi aliento y me estoy ahogando en ella, hundido en un mar que no soy capaz de nombrar.