Fury Bound. Furia de lobo (Los lobos de la Ruina 2) Capítulo 28
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Capítulo 28

Meryn

Stark me besa como si estuviéramos en el fin del mundo y yo fuera su salvadora. Una mezcla de admiración y peligro. Noto los movimientos bruscos y necesitados de sus labios sobre los míos. Soy capaz de saborear su desesperación… o quizá sea la mía. Ya no lo sé.

Pensé que, cuando finalmente sucediera esto, me sentiría saciada y satisfecha.

Sin embargo, ocurre justo lo contrario. Los latidos frenéticos de mi corazón no se calman, sino que se intensifican como si solo hubiera avivado el fuego que ya ardía en mi interior.

Tengo su lengua en la boca y necesito más. Mucho más .

Tiro de él hacia mí. Boca, pecho y caderas.

Me clava los dedos en la piel y me estremezco.

Le muerdo el labio en una plegaria silenciosa, arqueándome ligeramente.

Él deja escapar el mismo siseo de dolor que he oído antes y me devuelve un mordisco lo bastante fuerte para hacerme sangre.

El sabor metálico se desliza entre nuestras lenguas y me produce una extraña euforia.

La última y delicada capa de mi ira, mi dolor y mi vergüenza se rompe y se hace añicos, dejando solo el ardor y el deseo.

—No puedo sentirlo —jadeo, apartándome de él, consciente de que lo que digo no tiene ningún sentido. Tengo la mente tan confusa que ya no sé dónde termina la suya y dónde empieza la mía.

Se restriega contra mí, tan empalmado que me arranca un jadeo.

—¿Esto? ¿Es esto lo que no puedes sentir?

Lo hace de nuevo y echo la cabeza atrás contra el suelo con tanta fuerza que me hago daño y se me enciende todo el cuerpo con una sensación exquisita y angustiosa.

—Pa-para —tartamudeo y se detiene encima de mí, inmóvil.

A través de la conexión, capto la consternación que lo abruma, el rechazo. Alargo la mano con rapidez y le acaricio la mejilla, cubierta por una barba incipiente.

—Ahora mismo no soy capaz de desentrañar mis propias emociones —le digo en voz baja—. Quiero sentirte, al completo, siendo yo misma. Primero voy a cerrar la conexión. ¿Te… te parece bien?

Oigo mi voz a través de sus oídos, marcada por la cautela, por mi propio miedo al rechazo. ¿Seguirá deseándome sin mi anhelo para incitarlo?

—Hazlo —contesta, y a continuación se restriega de nuevo contra mí para que note lo duro que lo he puesto, independientemente de que nuestras mentes estén o no entrelazadas—. Rápido.

Con un fuerte empujón mental, lo saco de mi cabeza. Vuelvo a ser yo misma por entero.

Estoy sola con mi necesidad ardiente y palpitante.

Tengo que preguntarle algo.

—¿Noemi es…?

—Es como mi hermana —responde con voz ronca—. Nada más.

Joder, gracias a la Diosa.

Stark se inclina de nuevo con la cara casi pegada a la mía. Evalúo su aspecto: esas pestañas largas y oscuras que enmarcan unos ojos llenos de una necesidad que refleja la mía; la barba incipiente que rodea sus labios carnosos, unos labios que ya he saboreado y que anhelo con cada pizca de mi ser.

—Dime qué quieres, Meryn —gruñe.

El sonido de su voz retumba por mi cuerpo tembloroso, me destroza y me vuelve a recomponer. Se me tensa todo. ¿Me han preguntado eso alguna vez? ¿Una sola vez en mi vida?

Se me llenan los ojos de lágrimas y aparto la mirada, incapaz de asimilar lo mucho que significa que alguien se preocupe por mí.

Stark me acuna el rostro en sus enormes manos tatuadas y me obliga a enfrentarme a su mirada inquisitiva.

—Dímelo.

¿Qué quiero ? A él, por supuesto. Pero no se refiere a eso. En este punto de mi vida, quiero rendirme. Estar lo bastante segura para hacerlo sin correr el riesgo de perderme por completo. Quiero ceder a la pasión sin posesión. Entregarme a alguien sin sentir que solo soy suya.

—Quiero… quiero que tú tengas el control —le digo mientras descifro lentamente mis propios deseos.

Stark emite un ronroneo de aprobación y entorna los ojos, cargado de una oscura satisfacción.

—Será un placer darte órdenes, princesa.

Se acerca a mí y noto su aliento en la oreja. La sensación de tenerlo sobre mí me resulta tan deliciosa que necesito toda mi fuerza de voluntad para no arquearme de nuevo contra él.

—Aunque seguro que sabes que aquí el control lo tienes tú —gruñe.

Se me escapa un gimoteo frenético.

—Dilo otra vez —suplico, presa del calor.

—Tú siempre tendrás el control, Meryn. Y ahora, ábrete de piernas de una puta vez.

Hago lo que me pide, rindiéndome a su orden.

Él atrapa mi boca con la suya de nuevo. Me besa de una manera salvaje, feroz y desatada.

Me atrapa el labio inferior entre los dientes y lo mantiene ahí, enviando chispas por todo mi cuerpo.

Mueve una de las manos a mi pelo, la enrosca en mis mechones plateados y tira suave y con firmeza.

Me está tanteando. Se asegura de que esto es lo que quiero.

—Más —le pido, y él tira con más fuerza.

Joder . Me aprieto contra su pecho y gimo en su boca. Recorre mi cuerpo con la otra mano hasta que encuentra mis pechos y los acuna a través de la ropa. Gimo y se agacha para sacarme la camisa de dentro de los pantalones. Acto seguido, noto su mano callosa deslizándose por mi torso.

Stark me arranca el vendaje del pecho y me frota el pezón entre el índice y el pulgar. Jadeo entre gemidos.

— Más —suplico de nuevo, y él me sube la camisa hasta arriba, dejando mis pechos expuestos al aire frío. A continuación, sigue jugueteando con un pezón mientras se mete el otro en la boca y lo acaricia con los dientes. La combinación de placer y dolor me arranca otro gemido, esta vez más fuerte.

Se aparta con una mirada implacable y surcada por el deseo.

—Desnúdate —ordena.

Aun así, esto no se parece en nada a lo que hacía con Killian. Si yo quisiera otra cosa, Stark lo aceptaría. Qué puto calor hace.

Obedezco: me quito la chaqueta y, a continuación, me saco la camisa por la cabeza. Luego hago lo mismo con la venda de los pechos. Finalmente, me quito los pantalones de cuero hasta quedarme solo en ropa interior. Vacilo, a pesar de la dolorosa necesidad que me apresa. ¿De verdad vamos a hacerlo?

— Desnúdate —repite con severidad. El tono inflexible de su voz resuena en mis entrañas. Hago lo que me dice.

Estoy completamente desnuda ante él, tumbada en el suelo del bosque como si fuera una ofrenda. Y no me siento cohibida. Es una situación perfecta. Él retrocede para mirarme y se me incendia el cuerpo entero al ver el calor primitivo que se refleja en sus ojos.

Stark se queda un momento mirándome fijamente y estoy segura de que lo está registrando todo.

Mis pechos pesados y agitados. La mata de vello oscuro entre mis muslos, abiertos para él.

La humedad que se refleja sobre ellos. Se planta frente a mí y me atrapa los labios en un beso intenso y suplicante.

Gimo contra su boca mientras se acerca y noto la rigidez de su polla presionando contra mi cuerpo.

—Úsame —murmuro en un quejido. Estoy tan excitada que apenas puedo formular algo coherente.

Deja escapar una risa oscura y se aparta de mí.

—¿Eso no debería decirlo yo, princesa? Y yo que creía que estaba al mando… Ponte a cuatro patas.

Me invade una emoción intensa y hago lo que me dice. La tierra y la hierba se me clavan en las rodillas. La anticipación crece en mí mientras espero a oír el roce de su ropa al desnudarse y sentir cómo se desliza en mi interior.

En lugar de eso, casi doy un salto cuando me acaricia la espalda.

Me empuja con fuerza, presionando mi torso contra la hierba.

Apoyo la cara en el suelo y alargo los brazos por encima de la cabeza.

Sea lo que sea lo que está sucediendo aquí, es algo sucio.

Jamás había estado tan cachonda en toda mi vida.

Stark me envuelve los muslos con sus fuertes brazos y jadeo cuando tira de mí hacia atrás…, hacia su boca ávida. El calor me atraviesa cuando me da un lametazo decidido.

—Stark —gimo.

Comienza poco a poco, como si estuviera saboreándome.

El roce de su barba incipiente en la parte superior de los muslos se me antoja maravilloso.

Me acaricia las piernas de arriba abajo y las separa, abriéndome aún más para él.

A continuación, me estimula el clítoris con una mano mientras introduce la lengua en mis profundidades.

—Joder —casi grito.

Emite un gruñido a modo de respuesta cuya vibración retumba en mi interior, a punto de hacerme caer al abismo. Empieza a frotar rítmicamente mi punto más sensible con unos dedos largos y expertos, mientras mete y saca la lengua de mi interior. Muevo las caderas contra su cara.

—Por favor, por favor … —imploro. Ya me está dando todo lo que podría necesitar; sé que me provocará el orgasmo más rápido de mi vida—. Voy a…

Stark aleja el rostro con rapidez y casi me echo a llorar de la frustración.

—¿Por qué…?

Me agarra por las caderas, me coloca boca arriba, y el roce áspero de la hierba contra mi piel solo sirve para aumentar mi deseo. Está sonrojado y me recorre entera con la mirada. Sus labios relucen con mi necesidad.

A continuación, gruñe:

—Llevo demasiado tiempo soñando con este momento, princesa. Necesito verte la cara mientras te corres. Levanta las rodillas.

Aturdida, acato sus órdenes y sujeto las rodillas contra los hombros, exponiéndome a él por completo una vez más. Stark empieza a acariciar mi entrada con esos dedos largos y ásperos. Pronuncio su nombre y no puedo evitar que me tiemblen las caderas ante su tacto.

— Por favor .

Levanta la cara y me sonríe con malicia. Luego, sin previo aviso, me mete dos dedos enormes dentro, acariciándome y retorciéndolos. Casi levito, abrumada por la sensación, implorando más y más.

Stark lleva la boca a mi clítoris y succiona con fuerza.

Me roza con los dientes antes de acariciarme suavemente con la lengua para provocarme.

Me está volviendo loca al penetrarme con los dedos.

Me restriego contra él de manera involuntaria y levanta la otra mano para jugar de nuevo con mis pezones.

Estoy gimoteando, rogando. No pienso en nada que no sean sus manos y su lengua y la intensa sensación que me recorre y me desgarra.

—Stark —gimo. Cierro los dedos alrededor de su cabello mientras una ola creciente amenaza con apoderarse de mí—. Stark. Stark. ¡Stark! —Su nombre es una plegaria repetida en mi lengua.

Se me van tensando los músculos. No puedo parar. No puedo parar nada de esto. Tampoco quiero. Me arden los muslos y el corazón me late tan fuerte que está a punto de salírseme por la boca con mis balbuceos desesperados.

—Por favor, por favor, por favor . ¡Stark!

Nos miramos a los ojos mientras llego al clímax.

El placer brota desde mis profundidades y se apodera de todo mi cuerpo.

Su lengua no cesa, sigue provocándome y lamiéndome.

El mundo se fragmenta en haces de luz. Es una sensación abrumadora que me rompe y me recompone de nuevo.

Me aferro a sus gruesos dedos, temblorosa y agitada, con todo el cuerpo palpitando por las sucesivas oleadas de un placer que se niega a abandonarme.

Creo que llego a desmayarme durante un instante por la intensidad. Cuando recupero el sentido, Stark me tiene apretada entre sus brazos y envuelve mi cuerpo con el suyo sobre el lecho del bosque.

Los pájaros reemprenden sus cantos y el viento susurra a través de las ramas que se ciernen sobre nosotros, haciendo que manchas de luz bailen sobre nuestra piel.

Me giro para mirar a Stark, todavía aturdida.

Me observa con cautela, como si estuviera evaluando qué necesito y decidiendo qué hacer a continuación.

Quiero desnudarlo, hacer por él lo que ha hecho por mí, pero me retira las manos cuando me dispongo a intentarlo.

—Tú túmbate —dice, recuperando su dominante voz de alfa. Le dedico una media sonrisa y me dejo caer de nuevo sobre las hojas.

Nos quedamos ahí tumbados, observando el sol que se filtra entre los árboles del bosque mientras Stark me acaricia el pelo.

Finalmente, percibo el regreso de Anassa. Stark y yo nos levantamos y me visto deprisa. Él se ha quedado callado, pensativo. Melancólico quizá.

Hay una distancia algo incómoda entre nosotros y no consigo determinar el motivo. Sin embargo, no hay tiempo para hablar largo y tendido de sentimientos.

Astreona espera una respuesta.