Capítulo 24 #2
Flexiono los dedos y unos tentáculos de oscuridad se enroscan alrededor de mis miembros. De repente, es demasiado.
Un profundo pozo negro se abre detrás de mis ojos y se me nubla la mirada. Empiezo a perder el control a medida que me envuelven cada vez más sombras que se derraman por el suelo, las tiendas y los sifones que nos rodean como si de agua se tratara y parece que no puedo…
«¡Estoy contigo, Meryn!». Esta vez se trata de Stark. En mi cabeza. La voz de Stark. La fuerza de Stark me sostiene.
Perdida en la oscuridad, me giro hacia el sonido de su voz y me extiendo hacia él con cada pizca de mi ser. Igual que contacté con él en el campamento. Solo que esta vez empieza a formarse entre nosotros un vínculo hecho de sombras.
«Por fin», suspira una parte de mi alma.
Es precioso.
Un puente de brillante oscuridad se arquea entre nosotros, formado por cuerdas de sombras que se entrelazan y se retuercen para llegar hasta él.
Y… nos conectan. No sé qué está sucediendo ni cómo es posible.
Lo único que sé es que de repente estamos vinculados, las sombras nos unen, envuelven nuestras almas y tiran con tanta fuerza que puede que no nos separemos nunca.
Su ira se convierte en mi ira. Mi furia se convierte en su furia. Cada respiración acerca más nuestras mentes. El río de nuestra comunión mental se ha contraído. Ya no hay una corriente, sino un enlace. Stark y yo unidos íntimamente de un modo que jamás habría creído posible.
«Anassa, ¿qué es esto? —le grito—. ¿Es tu vínculo de pareja?».
«No —responde con un tono que denota confusión—. No entiendo esta conexión».
Suspiro y noto su aliento en mi boca. Abro los ojos despacio y me doy cuenta de que veo doble: mi visión y la de Stark se superponen. Es extraño y abrumador, pero al mismo tiempo me da la sensación de que es justo como debe ser.
«No te sumerjas sola en tu oscuridad», dice o piensa…
O soy yo quien lo dice o piensa. Ya no sé dónde empieza uno y termina el otro.
Pero entiendo a qué se refiere. Yo también lo siento: él puede sostener mi poder.
Puede blandirlo si yo se lo permito. ¿Puedo tomar esa decisión?
¿Renunciar a una parte de mi ser? ¿Puedo confiar plenamente en él?
«¡Sí!», grita mi alma a modo de respuesta.
«Tómalo», pienso.
Cuando respira entre las sombras, su boca es mi boca. Soy del todo consciente del roce de sus dedos al juntarse, noto una caricia ligera como una pluma en la mano. El roce de sus largas pestañas en su mejilla es como un beso sobre mi piel. Jadeo. Me arde el cuerpo de calor y placer.
Y a él también . Estoy en cada centímetro de su ser.
En sus músculos tensos, en la flexión de su mano alrededor de la espada.
El deseo arde con una intensidad que resulta cegadora.
Él también está en mí. Siente cómo responde mi cuerpo, la tormenta de necesidad que me recorre, peligrosa como una gélida ventisca.
Nuestro vínculo se completa, la superposición es total. Un oscuro poder estalla entre nosotros. Ese poder fluye a través de mí hacia él y regresa de nuevo a mí. Ya no nos hacen falta palabras para comunicarnos; estamos tan unidos que sus pensamientos son mis pensamientos, sus deseos son mis deseos.
Me aferro al vínculo y alineo la mente con la suya. Juntos, empujamos .
El mundo pierde todo el sonido y el color.
El tiempo queda suspendido. Y entonces, con un rugido atronador, una oscuridad surge de nosotros en todas las direcciones.
Las sombras se extienden y se ciernen hacia abajo, ejerciendo una presión aplastante.
De repente, todos los sifones que se encuentran en un radio de treinta metros empiezan a chillar; sus cuerpos se estrellan contra el suelo.
La magia avanza y se extiende cada vez más y más lejos, alcanzando a más enemigos.
Esa presión implacable también nos afecta a Stark y a mí, a nuestras mentes entrelazadas.
Aprieto los dientes, cierro los puños y empujo con más fuerza.
A mi alrededor, se arremolinan los sonidos de armaduras que se rompen, cráneos que se parten y alaridos que se interrumpen.
Grito de placer y de dolor, pues el poder y la conexión me abruman. La voz de Stark se funde con la mía. Y, juntos, nos soltamos.
El poder se disipa. La luz regresa al mundo.
Parpadeo y mi visión vuelve a la normalidad mientras nuestras mentes se separan y volvemos a ser nosotros mismos. A nuestro alrededor, ha enmudecido todo. El silencio es mortal.
Me dejo caer sobre la grupa de Anassa mientras los últimos trazos de poder me abandonan y me inunda el agotamiento.
«¿Qué ha sido eso? —le pregunto mentalmente a Stark. Las barreras que nos separan a los cuatro siguen difusas—. ¿Qué coño ha sido eso?».
Su expresión denota duda y confusión.
«No… no lo sé. Esa conexión ha sido… No lo sé. —Nos miramos el uno al otro—. Y luego tu poder me ha atravesado. Juntos hemos podido controlarlo, domarlo».
Se me encienden las mejillas al oír esas palabras. Todavía queda un eco de la conexión, el ardor de su piel, el roce de su lengua sobre sus labios. Me estremezco.
«Nunca había oído hablar de algo así —interviene Anassa—. Pero ¿podría ser una habilidad de las reinas Hielormenta de antaño y las parejas de sus lobos que se perdió con el tiempo?».
Decido archivarlo de momento para pensar en ello más tarde, cuando no estemos en mitad de un frente de guerra.
Todo cuanto nos rodea transmite una calma horripilante: cuerpos destrozados, charcos de sangre y cabezas machacadas, armaduras de metal rotas y aplastadas, tiendas destrozadas, tela rasgada y armas dejadas caer por manos fracturadas.
«Supongo que nuestra teoría estaba en lo cierto —señala Stark—. Aplastarles el cráneo funciona igual de bien que decapitarlos».
Dejo escapar una carcajada ahogada, abrumada por lo surrealista de la situación.
Algunos supervivientes empiezan a moverse y a congregarse en las partes más alejadas del campamento. Están lejos, así que entorno los ojos para intentar distinguir qué está pasando.
«Se están reagrupando —le digo a Stark—. A la izquierda, un contingente empieza a tomar posición, ahora de manera más organizada…».
«Los veo —me interrumpe—. ¿Crees que podrías invocar a las sombras de nuevo cuando se acerquen? ¿Crees que podríamos hacer… eso otra vez?».
Todavía noto la cabeza embotada por el esfuerzo, pero tenso la mandíbula y dirijo la concentración a mi interior, en busca de la ira que habita en el fondo de mi ser para volver a empujar las sombras.
Se me tensa todo el cuerpo. Es como si se mostraran reacias.
O quizá el llamamiento no sea tan fuerte como la fatiga.
Al fin, el pozo de oscuridad despierta. Las sombras empiezan a congregarse, se acercan lentamente y aprieto los dientes.
Necesito toda mi fuerza de voluntad para mantener el control…
«Meryn».
La voz de Anassa me desconcentra y las sombras desaparecen, se dispersan de nuevo en el paisaje.
«¿Qué pasa?».
«Se están retirando».