Fury Bound. Furia de lobo (Los lobos de la Ruina 2) Capítulo 23 #3
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Capítulo 23 #3

Aunque las visiones son difíciles de interpretar, sé lo que he visto. Y sé que apenas he metido un dedo en la profunda piscina de oscuridad que vive dentro de mí. Me suplica que la libere, me susurra que me abra a ella y la deje tomar el control.

—Puedo hacerlo —murmuro.

Él aprieta la mandíbula.

—O puede que mueras.

—O puede que muera —acepto—. Puede que ambos lo hagamos. Pero si no lo intento, nuestra muerte será certera.

—En ese caso —continúa Siegrid, a quien de pronto parece convencerle mi propuesta—, ¿discutimos los detalles?

Stark me sacude para despertarme antes del amanecer, tal y como habíamos planeado.

La tienda está oscura y fría, las ascuas del brasero apenas emiten calor.

Sale para asegurarse de que Cratos y Anassa tienen todo lo necesario mientras yo me visto con rapidez, poniéndome numerosas capas para combatir el frío.

Me deslizo hacia la otra parte de la tienda, avivo el fuego con más leña y luego me vuelvo para despertar a Saela.

No puedo irme a la batalla sin despedirme.

Y hay otra cosa que necesito.

—Saela —susurro al tocarle el hombro con suavidad—. Despierta, hermanita.

Abre los ojos de golpe y bosteza mientras se incorpora.

—¿Meryn?

—Quiero un abrazo antes de irme —digo con un tono ligero; me niego a que se me noten el miedo o los nervios por la batalla que se aproxima—. Tengo que ir a pelear. Volveré pronto, te lo prometo.

Venna y yo tuvimos una larga conversación anoche, y me prometió que cuidaría de Saela como pudiera si ocurría lo peor.

Mi hermana asiente, y en esta luz mortecina no alcanzo a distinguir bien su expresión.

Hago una pausa antes de mi siguiente pregunta, deseando no tener que plantearla.

—Saela, ¿puedes prestarme el collar de madre? Al igual que con la corona, he sentido que amplifica mis poderes. Creo que me sería útil hoy.

Se muestra conforme y saca la gema en forma de lágrima de debajo de su camisa. La envuelve con la mano una vez, como en un gesto de suerte, antes de quitársela y entregármela.

Cuando se acomoda alrededor de mi cuello, siento una descarga eléctrica de energía. Las sombras se agitan por mis venas, listas para ser dirigidas. Con el collar y la corona, seré una fuerza a la que habrá que tener en cuenta.

Saela sale de su nido de mantas en el sofá y se pone de pie. Se acerca rápidamente a nuestro montón de bolsas y empieza a rebuscar entre ellas, arrojando cosas en todas las direcciones.

—¿Saela? —pregunto con el ceño fruncido—. ¿Qué estás haciendo?

Ella no se detiene, se limita a responder con voz monótona:

—Debo irme con él.

—¿Irte? —Un escalofrío me recorre la columna. Cruzo la distancia que nos separa en dos grandes pasos—. ¿Irte con quién?

Se pone en pie y se cuelga una mochila a la espalda.

—Con Killian. Me llama.

Me quedo paralizada por la sorpresa y luego me lanzo hacia delante para agarrarle la mano. Está intentando salir de la tienda para adentrarse en el frío helado.

—¿Qué coñ…? ¡¿De qué estás hablando?! —siseo.

Se me sube el corazón a la garganta. Ahora no. No después de todo este tiempo. No cuando por fin había dejado de oírlo en mi propia mente.

Se revuelve contra mí y forcejea sin pensar. Aprieto los brazos a su alrededor y freno el impulso de gritar.

El vínculo señorial. Tiene que ser el vínculo que Aldrich mencionó que acabaría afectándole. Por culpa de…

El collar.

Se lo puse casi de inmediato después de su transformación, con la esperanza de que la protegiera. Y al parecer, lo hizo… de una forma que jamás me habría imaginado.

Me quito el collar y se lo paso a Saela por la cabeza.

En cuanto el ópalo toca su piel, ella se desploma en mis brazos y me mira, confundida.

—¿Meryn? ¿Qué ha pasado?

—Yo… —El horror ahoga mis palabras.

Killian, ese cabronazo.

Vuelvo a respirar con normalidad cuando me aseguro de que la expresión de Saela es la suya.

—Escúchame con atención. Debes llevar puesto ese collar en todo momento , ¿de acuerdo?

Abre los ojos de par en par con miedo y traga saliva.

Respiro hondo y me agacho para que nuestros ojos queden a la misma altura. Después le coloco el pelo detrás de la oreja y le doy un beso en la mejilla.

—Prométemelo, ¿vale? Te lo explicaré todo cuando vuelva. Me equivoqué al querer llevarme el collar. Lo necesitas. No te lo quites mientras yo no esté.

Asiente en silencio.

Tras otro fuerte abrazo, me obligo a irme. Mientras lo hago, me comunico mentalmente con Venna para informarla sobre el collar para que así pueda vigilarlo.

Luego alcanzo a Stark, quien me espera con nuestros lobos. Anassa me recibe con los dientes al descubierto; está tensa, alterada y ansiosa por salir al campo de batalla.

Stark se encuentra a lomos de Cratos, con la armadura de cuero puesta. Las capas de cuero y el relleno resaltan sus brazos musculosos y sus hombros, la amplitud de su pecho. Los dos juntos forman una silueta negra como la tinta contra la luz del amanecer; una imagen de fuerza y poder.

—¿Preparados? —les pregunto tanto a él como a Anassa.

Stark se limita a fulminarme con la mirada. Sé que sigue furioso porque mi plan salió adelante, porque vamos a lanzarnos en una misión que, sin duda, es temeraria.

Pero también sé que no permitirá que me pase nada… mientras siga en pie.

«Hagamos que la muerte llueva sobre ellos», gruñe Anassa.