Fury Bound. Furia de lobo (Los lobos de la Ruina 2) Capítulo 22 #2
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Capítulo 22 #2

Le cubren el pecho y el vientre en líneas profundas que se entrecruzan y atrapan la luz de la hoguera como telarañas.

Y lo sé; con el estómago revuelto…, lo sé.

Son de antes de que se vinculara. Los lobos sanan las heridas demasiado rápido.

Incluso los cortes más profundos apenas dejan una leve marca.

Pero él se vinculó con solo dieciocho años…

Tomo aire de forma brusca y nuestros ojos se encuentran. Una sombra le cruza la mirada. Se aparta y se dirige a su morral.

—Stark —digo. Tenemos que hablar de esto. Tantas cicatrices…

Saca una camisa y se la pone con brusquedad.

—Déjalo, Meryn.

—¡No! —chillo—. Stark…

Avanza hacia mí con rapidez, con fuego en los ojos.

—Te he dicho que lo dejes.

Ahora se alza sobre mí, amenazante. A veces olvido lo alto que es. He de levantar el mentón para aguantarle la mirada.

—¿O qué? —respondo entre dientes, nada impresionada por su intento de intimidarme—. ¿Vas a perder el control? Me encantaría verlo.

—Te garantizo, princesa, que no te gustaría. —Sus palabras encierran una promesa oscura que no ayuda a apagar las llamas que arden en mi interior.

Tras tomar una bocanada de aire temblorosa, intenta alejarse.

Ni de coña.

Él me ha obligado a plantarle cara a situaciones complicadas. No tiene ningún derecho a no hacer lo mismo.

Lo agarro de la camisa negra y se la levanto para exponer de nuevo las cicatrices a la luz de las llamas.

De cerca son aún más brutales. A lo lejos, la tinta oscura las disimula, pero ahora veo que tiene la piel espantosamente abultada.

No fue un accidente. Cada uno de estos cortes parece hecho a propósito.

La ira empieza a crecer dentro de mí, las sombras danzan en el borde de mi visión.

—¿Te da miedo? —Su voz se desliza como una caricia espesa y me estremezco—. ¿Este recordatorio de violencia tallado en mi cuerpo?

Bajo su tono brusco percibo otra cosa. No sé si se trata del instinto lobuno o del vínculo que nos une, pero escucho la verdadera pregunta: «¿Te repugnan?».

Me arden los ojos. ¿Cómo puede pensar eso? ¿Cómo puede verse así?

Apoyo la palma en su torso para sentir su calor y los relieves que surcan su piel. Él sisea. Pero no aparto la mano, y él tampoco retrocede.

—¿Quién te hizo esto? —exijo saber.

Stark suelta una risa baja y me aparta. Se vuelve con rapidez e intenta marcharse de nuevo, pero le sujeto la muñeca y lo obligo a darse la vuelta. Cree que es un vengador duro y violento. Bueno, pues sorpresa: ya somos dos.

Me acerco hasta que no le queda más remedio que mirarme, ver lo seria que estoy, leer el dolor en mi mirada. Respiro hondo; su aroma a madera y ámbar llena mis sentidos y me da fuerzas. Cuando hablo, lo hago con toda la profundidad de la oscuridad que me corre por las venas.

—Dame un nombre y lo borraré de la faz de la tierra.

Las fosas nasales de Stark se dilatan con emoción contenida. Observo cómo aprieta la mandíbula y memorizo cada pestañeo ante mi furia.

—Ya me encargué yo de ello, princesa —dice en voz baja—. Puedes relajarte.

— ¿Quién? —exijo de nuevo.

Suspira, irritado, y se zafa de mi agarre. Siento la pérdida del contacto con intensidad.

—Mi maestro de armas cuando era niño. Me consideró insuficiente.

El horror me invade, frío e implacable.

—¿Siegrid lo sabía? ¿Por qué no lo detuvo?

—Por algo lo contrató. Además, nunca estaba presente. La alfa soberana se encontraba en el frente, y me dejó en manos de maestros que podían convertirme, según sus palabras, en alguien lo bastante fuerte como para sobrevivir al fin del mundo.

Las palabras me golpean como un puñetazo. Ella le hizo esto. Su madre…

Las sombras crecen, arrastrándose como sanguijuelas por mis brazos y mis piernas.

Él inclina el rostro hacia mí, y veo con claridad la cicatriz que siempre me intrigó.

—De hecho, esta me la hizo ella cuando tenía doce años. ¿Aún no conoces a la alfa soberana? Lo único que le importa son sus propios objetivos. Necesitaba que yo fuera más fuerte de lo que era, sin importar lo que hiciera falta para lograrlo.

—Acabaré con ella. —Un viento se levanta mientras las sombras empiezan a girar a nuestro alrededor, la oscuridad se extiende por el campamento como un torbellino.

También está dentro de mí, se apodera de mi torrente sanguíneo hasta que lo único que siento es una necesidad palpitante de destrozar algo.

Stark acerca su cara a la mía, y percibo algo duro y aterrador en su mirada.

—No todo el mundo tiene una familia cariñosa, Meryn. Algunos padres ven a sus hijos solo como un medio para un fin. Así es como se crea a un monstruo.

Parpadeo al notar el vértice oscuro que he desatado sin ni siquiera ordenarlo. Como siempre, se escapa de mi control. No sé cómo empezó ni cómo terminará.

Diosa, no puedo detenerlo.

—Meryn —dice, severo y autoritario. La firmeza de su voz me altera la sangre, y las sombras responden—. Detenlo.

No puedo. No puedo. Pero… quizá él sí. Tengo la extraña sensación de que, si me aferro a él, podrá canalizar esta pulsión y ponerle fin. Si de verdad es un monstruo , tal vez… Solo un monstruo puede guiarme fuera de la oscuridad.

Lo intento una y otra vez, pero nada.

—No funciona —digo entre jadeos mientras comienzo a llorar—. Estoy furiosa, Stark. La rabia me devora por dentro.

Anassa elige ese momento para, por fin, impulsar su consciencia contra la mía.

«Meryn, respira. Controla las sombras. Siegrid no está aquí para que dirijas tu ira contra ella. Y aunque lo estuviera…, la necesitas, por ahora. Cuando llegue el momento, buscaremos venganza».

Sus palabras me calman, y las sombras se repliegan hasta el suelo, hundiéndose en la tierra.

Stark me seca una lágrima con su pulgar calloso. Quiero llevar la yema a mi boca, saborear el calor de su palma contra mi piel.

—No desperdicies tus lágrimas por mí, princesa —murmura—. Me alegro de que me hiciera esto.

Me sobresalto ante la franqueza con la que pronuncia esas palabras tan duras.

—¿Te alegras?

¿Cómo puede alguien alegrarse de algo tan horrible, tan antinatural?

—Sí —gruñe—. Ahora no pierdo el tiempo con sentimentalismos. Actúo . Y eso hace que la gente me tema.

Sigo sin entenderlo.

—¿Por qué querrías algo así? —Es lo contrario a lo que yo he intentado provocar en la gente, con discutible éxito.

Presiona la boca contra mi oído. La calidez de su aliento me provoca un zumbido tan eléctrico que estoy segura de que nunca me he sentido tan viva.

—Su miedo es un bálsamo. Seré el villano para mantenerlos a todos lejos de ti.

Cuando se aparta, atrapa mis ojos con su mirada oscura y ardiente, y algo se me desploma de la cabeza hasta los pies.

Su rostro está muy cerca del mío. Soy capaz de ver su barba incipiente, todos los colores de sus iris.

Me doy cuenta de que no son de un marrón uniforme.

Están bordeados de negro y salpicados de destellos dorados en el centro de una forma tan sutil que es fácil pasarlo por alto. El corazón me late desbocado.

Sería tan fácil acortar la distancia que nos separa. Apenas cinco centímetros. ¿Besará como pelea? ¿Con una fuerza letal y una destreza asombrosa? ¿O sería delicado conmigo y se tomaría su tiempo para explorar?

Saela tose. Ambos nos sobresaltamos ante el sonido, y él se aparta.

La pérdida de su calor es inmediata y punzante, como si me hubieran arrancado algo precioso de mis manos codiciosas.

¿Qué habría pasado si hubiera empujado a Stark más allá del límite?

¿Si por fin hubiera descubierto lo que significa que pierda el control?

No estoy segura de ser capaz de recuperarme de algo así.

¿Y qué pasa con Noemi? Esa persona a la que Stark dice amar.

Quizá esa chispa que hay entre nosotros es solo producto de mi imaginación.

Quizá no está interesado en mí de esa manera.

Y aunque lo estuviera, jamás actuaría sin estar segura de que entre ellos no hay nada.

Si están juntos…, no puedo cruzar esa línea. Nunca le haría eso a otra persona.