Capítulo 12 #3
Me doy la vuelta y guío a Noemi a través de la multitud conmocionada y silenciosa. Entonces, una conexión eléctrica y vibrante se despliega en mi mente, como una presa que se abre de par en par. Nunca me había ocurrido y aun así sé al instante de qué se trata.
«Mierda».
«¿Stark? —La voz de Meryn resuena en mi mente—. ¿Qué ocurre? ¿Te encuentras bien? He… sentido algo».
Noemi y yo atravesamos las puertas del gran salón.
—Recoge tus cosas —le digo—. Bajaré en un minuto.
Me lanza una mirada confusa, pero se encoge de hombros y se dirige a nuestras habitaciones de invitados. En el pasillo ya vacío, me concentro en la conexión palpitante que Meryn ha abierto entre nosotros.
Nuestra conexión ha vivido dentro de mí desde el momento en que ella y Anassa se vincularon, pero, con las barreras de Cratos levantadas, me había resultado fácil ignorarla.
Jamás la busqué ni la intenté usar. Había sido como el sol: un hecho de mi vida al que no tenía que prestarle atención porque simplemente estaba ahí.
Pero ahora que me veo obligado a dirigir la mirada hacia él, ya no puedo evitarlo, porque su luz me ciega.
Con la voz de Meryn llega también una filtración lenta de sus sentimientos, algo que ella debería ser capaz de blindar si se le diera mejor todo esto.
Meryn y Anassa todavía están perfeccionando sus habilidades de comunicación mental tras haberse bloqueado mutuamente durante gran parte de las Pruebas.
Está tensa, preocupada.
Preocupada por mí.
«No te preocupes —me apresuro a responder—. No es nada».
Su frustración se derrama a través de la conexión.
«Menuda respuesta descaradamente vaga. Estabas enfadado por algo, lo suficiente como para que lo notara. Cuéntamelo».
Esto no es bueno. Tendré que esforzarme más en mantenerla al margen o, al menos, en controlar mi temperamento.
«¿Caída Férrea se niega a acudir a la coronación?», me pregunta, inquieta.
«Vendrán —digo—. Me cabreé porque la familia de Noemi se comporta con ella como era de esperar».
Puede que Meryn se muestre fuerte y altiva por fuera, pero he visto a la mujer que se esconde debajo.
La preocupación inagotable por los demás —que ahora se extiende a todo un reino—, la forma en la que reprime todo lo malo que le sucede y lo encierra hasta que empieza a devorarla por dentro.
Y cómo lo permitiría, una y otra vez, si eso significara proteger a quienes más ama.
Me parecería admirable si no fuera tan perjudicial.
Incluso las cosas más duras pueden romperse bajo la suficiente presión. No tengo prisa por empujarla hasta ese límite.
«De acuerdo —responde con lentitud, y sé que intenta analizar lo que eso significa—. Por un segundo me preocupé de que estuvieras haciendo algo imprudente, como matar a gente».
Mierda. Tanto esfuerzo para nada.
No sé qué decir, así que niego con la cabeza y echo a andar en la misma dirección que Noemi. Cuando entro en mi habitación, Meryn vuelve a intervenir tras interpretar correctamente mi silencio.
«Stark, no estás matando a gente, ¿verdad? A esa misma gente a la que tan desesperadamente intentamos convencer de que mi derecho al trono es legítimo».
«Te he dicho que no te preocupes», respondo a la vez que guardo mis pocas pertenencias en la bolsa.
«¡Stark!».
«Meryn».
Me detengo, irritado. Puede que ella no quiera mancharse las manos de sangre, pero intimidar a los nobles para que asistan a la coronación es la razón por la que estoy aquí. No puedes aceptar usar un arma y después enfadarte cuando corta. Está siendo una necia de narices.
«¿Quieres que los nobles asistan o no? No he matado a nadie importante, solo a un primo insignificante. Los nobles de Caída Férrea acudirán a la coronación y ahora partiremos hacia Villa Ocaso».
«¿Y cuál es el plan? —Su angustia crece—. ¿Una gira de asesinatos? ¿Nobles muertos en cada feudo para lograr que todos se presenten en la coronación por miedo?».
Para ser alguien con una vena despiadada, a veces es realmente ingenua.
«Sí, es probable. ¿Qué problema hay?».
«Eso no es lo que quiero, Stark. Deberían venir porque creen en mi legitimidad, no porque mi despiadado esbirro los ha amenazado con arrebatarles la vida».
Me han llamado cosas peores. De hecho, me he creído cosas peores. Sus palabras no deberían dolerme.
Pero lo hacen; se me meten bajo la piel y desgastan la frágil alianza que ambos habíamos empezado a construir.
«Lo único que estos nobles han oído sobre ti es una historia de terror —siseo—.
Nadie vendrá a menos que sea por instinto de supervivencia.
¿No quieres gobernar mediante el miedo? Perfecto.
Demuéstraselo cuando llegue tu coronación.
Mientras tanto, déjame hacer mi puto trabajo.
Primero debemos conseguir que se presenten allí».
Llaman a la puerta. Noemi está en el pasillo, con su bolsa al hombro.
—¿Preparado?
—Larguémonos de esta pocilga —respondo.
Cierro de golpe mi conexión mental con Meryn: reconstruyo la presa y aparto la mirada de la luz, a la espera de que eso logre mantenerla fuera para siempre.