Fury Bound. Furia de lobo (Los lobos de la Ruina 2) Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

Finalmente, tras una larga y tediosa espera, un criado nos informa de que estamos convocados a asistir a una actuación de trovadores en el gran salón.

Noemi me explica que estas actuaciones musicales son algo común en la corte de su padre.

—No tiene mucho que hacer, ya que delega todas las obligaciones de supervisar el feudo en varios primos que quieren ganarse su favor —explica—.

Así que los entretenimientos como este y las partidas de caza complicadas son sus dos pasatiempos favoritos.

Pero su gusto musical… digamos que no es el que yo elegiría.

No me sorprende que su padre, ese miserable llorica, tenga un gusto de mierda. La decoración de su casa lo deja bastante claro.

El salón está abarrotado cuando llegamos; el aire, cargado de humo y de la humedad que genera tal cantidad de cuerpos en un espacio demasiado pequeño. Los trovadores se hallan sobre un pequeño estrado, en una esquina, mientras rasguean instrumentos de cuerda de diversos tamaños.

—¿Quién es toda esta gente? —pregunto a Noemi tras observar el variopinto grupo de cortesanos, la mayoría ya bastante embriagados.

—Primos, primos segundos, primos terceros, primos de primos… —enumera Noemi, mirando a su alrededor—. Esposas de primos, exesposas de primos, hijos e hijas de primos…

—Lo pillo —la interrumpo.

—Cualquiera que tenga el más mínimo parentesco con nuestra familia acude a estas cosas —dice Noemi—. Saben que mi padre adora la música, por lo que quieren aparentar que les gusta lo mismo que a él…

—Ajá. —Me abro paso entre grupos de primos e intento no hacer muecas ante la armonía desafinada que flota por la sala.

Suave como pétalos de rosa

mi dama amada, bella y fiel,

nuestra unión nupcial virtuosa,

mi esposa, la de mirada viciosa.

Noemi cierra los ojos con fuerza, como si así pudiera acallar el canturreo.

—Otra vez no. Cómo le gustan estas mierdas misóginas.

Intento prestarle atención a la letra, y tuerzo la boca con desagrado a medida que la canción avanza.

… la boca de mi hermano en su piel temblorosa

sus dedos enredados en su cabello miel,

mi mujer infiel que en su cama reposa,

mi esposa, la de mirada viciosa.

Hermano, nuestra relación es dichosa,

no compartiré contigo su piel.

Enciérrala en el torreón de la fosa,

mi esposa, la de mirada viciosa.

Siete lágrimas derramó esa mujer odiosa.

Me reí al ver su pesar cruel,

mas nunca pidió perdón por ser pecaminosa,

mi esposa, la de mirada viciosa.

Logro ignorar las palabras para centrarme en estudiar a la multitud; grabo sus rostros en la memoria para así estimar después cuántos de ellos asistirán a la coronación.

Respiro aliviado cuando la canción vulgar por fin termina y el público reunido estalla en aplausos.

Me pongo en pie, ignorando las miradas de confusión, que luego se transforman en expresiones de temor cuando la gente me reconoce. Los susurros comienzan a propagarse a mi paso.

—Hayan terminado o no de tocar, yo ya me he hartado de escucharlos —gruño, sin molestarme en bajar la voz—. Tenemos que entregar nuestro mensaje y regresar al camino.

Noemi pone los ojos en blanco, pero se levanta para seguirme. Nos abrimos paso entre la multitud en dirección a donde está sentado su padre. Es un hombre enjuto, en la cincuentena, con el cabello entrecano. Tiene el rostro cubierto de manchas y enrojecido por los años de excesos.

Sentada a su lado se encuentra su actual esposa —la número ocho, si mal no recuerdo—. Las primeras siete no le dieron hijos varones, por lo que ordenó que las mataran. La mujer tiene más o menos la edad de Noemi, es rubia y rolliza. Parece aburrida y nerviosa al mismo tiempo.

Dejo que Noemi pase delante de mí y tome la iniciativa.

—Ah, Noemi, nos avisaron de que vendrías de visita —dice lord Caída Férrea con distraída indiferencia cuando por fin nos reconoce. No nos ofrece asiento ni comida—. ¿Ha sido un largo viaje?

—No, mi señor —responde Noemi con una calma impresionante—. Apenas un día cabalgando a lomos del lobo.

—Confío en que vuestros lobos hayan sido bien atendidos. —Su preocupación por los huargos eclipsa lo que siente por su propia hija—. Por cierto, ¿cómo se encuentra tu madre?

—Sigue muerta —replica Noemi.

Aprieto los puños hasta que me crujen los nudillos y me trago una respuesta de la que podría arrepentirme después. Irrespetuoso malnacido.

Lord Caída Férrea me ignora deliberadamente, sin apartar la vista de su hija, mientras hace girar el vinascua en su copa.

—Sí, sí, claro. Bueno, ¿a qué se debe la visita?

—Necesitamos que nos confirméis si asistiréis a la coronación de la reina Meryn Hielormenta —explica Noemi con voz firme.

—No estoy seguro —responde despacio lord Caída Férrea antes de fruncir los labios—. Al fin y al cabo, los Caída Férrea han sido leales a los Valtiere desde el principio de los tiempos.

Avanzo con paso firme.

—Cyril Valtiere fue decapitado por sus crímenes y Killian Valtiere ha huido. La reina Meryn Hielormenta es la heredera del linaje real original de Nocturna. Nuestro país necesita un líder, y lo tenemos. Porta la antigua corona verdadera y empuña un poder impresionante.

La joven lady Caída Férrea me observa con la boca abierta. Su esposo se limita a negar con la cabeza. Se toma su tiempo para cortar un bocado de comida y masticarlo antes de responder:

—He recibido noticias de Cuervofrío: están dando refugio al rey Killian frente a la usurpadora y buscan que otros se sumen a su causa. Es una propuesta convincente.

Sus palabras repiten la proclamación que hizo ayer Killian a través de los vínculos. Espero que ningún vinculado más deserte por ese maldito cobarde…

Con el Acero Feroz todavía roto, los lobos parecen confusos, sin rumbo. Rechino los dientes.

—¿Respaldaríais a un sifón en lugar de apoyar a la legítima reina de Nocturna?

Lord Caída Férrea toma otro bocado y luego se saca un trozo de cartílago de la boca. Qué guarrada.

—Sí, ha llegado a mis oídos la acusación de la chica acerca de que los gobernantes han sido sifones en secreto durante todo este tiempo —añade antes de coger un trozo de pan y hundirlo en la salsa de la carne hasta empaparlo—.

Me parece un poco dramático. Pero las mujeres suelen ser propensas a las fantasías.

¿Qué puede ofrecerme su reina advenediza que Valtiere no pueda?

Mi mano vuela a la empuñadura de la espada, pero un movimiento detrás del lord me detiene. Un joven borracho con cara de comadreja y mejillas enrojecidas se tambalea desde su asiento, una docena de sillas más allá, con la mirada vidriosa clavada en Noemi.

—Prima —balbucea—, ¿qué vas a hacer ahora que el rey está muerto?

Noemi se limita a mirarlo con rostro pétreo.

—¿Vas a abrirte de piernas para esta nueva reina también? He oído que a ti te van esas cosas, pero ¿y a ella? ¿Ya la has catado?

El hombre abre la boca para decir algo más, pero las palabras viles que pretendía pronunciar quedan silenciadas para siempre con un furioso movimiento de mi mano.

A veces la impulsión requiere mucho esfuerzo, pero, ahora, el poder acude a mí sin que lo piense y lo golpea como un muro de ladrillos.

Sale despedido hacia atrás, y el lujoso tapiz a sus espaldas no basta para amortiguar el impacto cuando su cabeza se estampa contra la pared de piedra y se abre como una fruta pasada.

Lord Caída Férrea y su corte observan, atónitos, mientras mi poder lo suelta. Su cuerpo se desploma sobre la mesa que se encuentra debajo, volcando varias copas llenas de vino, que se derraman por el suelo. Una amplia franja roja y una salpicadura marcan el punto donde su cabeza chocó con el tapiz.

Señalo la mancha.

—Espero que no se tratara de una reliquia familiar.

Lord Caída Férrea traga de forma audible. Miro a Noemi, y ella me dedica el más leve asentimiento. Mantengo la voz plana, firme, consciente de que todos los presentes me prestan atención.

—Lo que os ofrezco es conservar vuestra vida y vuestra libertad, pero si no seguís las reglas, el poder de los vinculados caerá sobre vuestro feudo. ¿Os ha quedado claro?

El silencio es intenso, hasta que, finalmente, el lord asiente.

—Muy claro. Allí estaré, alfa Stark.