Capítulo 11 #2
—Cuentas con las mismas habilidades que los miembros de cada manada, pero elevadas a una potencia de la que nadie más es capaz.
Ya sabes cómo usar los poderes más básicos de Estrategos, como la clarividencia y la estrategia, pero ahora puedes extender esa clarividencia y ver el futuro, por ejemplo.
Es una aptitud de la que, como reina, gozas en exclusiva.
Me río, perpleja.
—¿Puedo ver el futuro?
—Más o menos —replica Siegrid—. Cuando estás en el campo de batalla y la manada actúa al unísono, las premoniciones siempre son acertadas, ya que son muchas las mentes atentas a eventos cercanos.
Sola, puedes transitar periodos más amplios, aunque el futuro que vislumbres entonces no será tan inamovible.
Puede que no obtengas visiones claras. E incluso aunque lo hagas, el futuro que hayas visto es susceptible de cambiar.
Es una herramienta útil, pero también imprecisa, por lo que no deberías recurrir demasiado a ella.
Eso me habría venido de lujo hace unos meses.
Siegrid continúa:
—Ahora aprenderás a aprovechar los demás poderes de cada manada y veremos hasta dónde pueden llevarte. Tenemos las fisuras, que es el arte Kryptos para camuflarse; la contención, una maniobra defensiva de Phylax; y la impulsión, la fuerza que ostentan en Daemos.
Se me seca de pronto la boca. Bebo un poco de agua. Eso es… mucho que aprender. Apenas domino los poderes de Estrategos, y solo eso me ha llevado cuatro meses.
—¿Y cómo aprenderé todo esto, exactamente?
—Hannelore, la alfa de Kryptos, te enseñará los poderes de fisura, y traeremos a un Phylax retirado de la Ciudad Vinculada para que te ayude con los escudos de contención. En cuanto a la impulsión, como Stark se ha marchado con Noemi al amanecer, te enseñaré yo misma.
Casi escupo el cubito de hielo que estaba chupeteando.
—¿Ya se ha ido?
Mi mente ha caído en una espiral inútil y no sé por qué. Sabía que iba a irse por la mañana. Es irrelevante que no se haya despedido; no es algo que hubiera esperado de él en el pasado. Entonces ¿por qué me sienta tan mal?
Siegrid, o bien ignora mi desconcierto o bien no le da importancia, porque lo obvia y dice:
—Da igual. Me imagino que sabes que fui la alfa de Daemos antes de que lo fuera Stark, así que empezaremos mañana a primera hora.
«Genial. Me muero de ganas». Pero hay un poder que no hemos mencionado todavía y que es el que más me urge controlar.
—¿Qué hay de las sombras?
Una deliberada sonrisa se abre paso en el rostro de Siegrid. Ella levanta la mano y dobla un dedo.
Y entonces las sombras reptan por las paredes, oscuras e implacables.
Me quedo sin aliento.
—¿Có… cómo haces eso?
Ella baja la mano y las sombras se desploman en el suelo hasta desvanecerse.
—Se llama tuercesombras, y es una habilidad única de la alfa soberana y de la reina. Aunque mis poderes no son ni una décima parte de los tuyos.
Yo alzo la muñeca, en la que resplandece el rubí ennegrecido de mi brazalete de compromiso.
—Lamentablemente, no somos las únicas con esa habilidad, como creo que sabes. Alistair Brilloscuro tiene algún tipo de control sobre mi tuercesombras por medio de este brazalete.
Siegrid se frota las sienes con los dedos.
—Sí, lo sé. Percibo cierta restricción sobre su poder, y también en mi capacidad para la impulsión. Su presencia está afectando y distorsionando la magia de todos los vinculados.
Siento un arrebato de alarma.
—Entonces tenemos que hacer algo. Cuanto antes. Todavía no he dado con nadie que pueda quitarme el brazalete, pero me amputaría la mano si no quedara más remedio.
Ella alza las cejas.
—Sí, ¿verdad? Te harías daño por el bien de los demás. —Su voz suena contemplativa y sorprendida—. Qué noble. Sin embargo, no es necesario tomar medidas tan drásticas. Tormun capturará a Killian con éxito y lo traerá hasta aquí. Le obligaremos a quitarte el brazalete.
Mis hombros pierden un poco de la tensión acumulada.
—Entonces ¿me enseñarás el tuercesombras? Ahora mismo solo accedo a él en momentos en los que mis emociones son muy intensas, pero ni siquiera entonces tengo control sobre ello. Pienso lo que quiero y las sombras reaccionan, pero de forma extrema.
Siegrid suspira y coge otra uva.
—Es una cuestión de disciplina, alteza. Para torcer las sombras tienes que despejar la mente.
Las emociones pueden acentuar su fuerza, desde luego, pero no deberías dejarte llevar por dichos…
sentimientos —pronuncia la palabra con evidente desagrado, como si le hubiera dado un bocado a una fruta solo para descubrir que está podrida—.
Te quitaremos ese dramatismo en un abrir y cerrar de ojos.
Detecto que intenta ayudarme, por lo que contengo las ganas de saltar sobre la mesa y sacudirla, por mucho que me apetezca.
Anassa gruñe en mi mente. «No eres dramática, sino apasionada, alguien que siente mucho las cosas. Es diferente».
—Hay un último asunto que quiero comentar contigo —dice Siegrid antes de que eche a andar hacia la puerta.
Me enderezo y asiento para que prosiga—.
Ahora que has descubierto tu auténtica identidad y proclamado tu derecho al trono, ya no tiene sentido que sigas siendo la alfa de Estrategos.
Mi lobo, Genicos, opina que Anassa y tú deberíais haceros a un lado y permitir que los lobos escojan a alguien nuevo.
Lo primero que siento es el asombro; después, el dolor.
Alfa . Soy una alfa. Y ellos son mi manada.
Por mucho sentido que tenga lo que está diciendo, no quiero renunciar.
Es un papel que apenas he empezado a asumir.
Aunque no lleve mucho tiempo siendo alfa, es algo con lo que me he familiarizado , algo con lo que empezaba a sentirme cómoda, al contrario que con mi posición como reina.
No quiero que se convierta en una nueva pérdida, una pérdida más.
«Nunca perderás a tu manada —apunta Anassa con amabilidad—. Siempre serás una Estrategos, sin importar que ahora seas algo más».
«¿A ti te parece bien?». Ansío que diga que no, que lo pelee.
Se queda callada un momento, lo cual habla por sí mismo. ¿Cuántas veces puede llegar a romperse un corazón antes de que sea imposible recomponerlo?
Por fin, dice: «Si nuestra función sigue ligada a la posición como dupla alfa de Estrategos, nuestra lealtad será para la manada, lo que dejaría el reino desatendido. Ahora estamos al servicio de todo el mundo. De todos los lobos y todas las personas, al margen de rangos y manadas».
Tiene razón, sé que la tiene. Estrategos merece un alfa del que pueda disponer por completo y que no tenga prioridades que comprometan su bienestar y su fuerza. Y mi pueblo — toda mi gente— merece una líder sin intereses divididos.