Furia (Doctora Kay Scarpetta 26) Capítulo 24 #2
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Capítulo 24 #2

Unas cámaras de infrarrojos que no se ven registran nuestro número de matrícula y otros datos a la velocidad del rayo.

Los micrófonos ocultos perciben todos los sonidos mientras los algoritmos reconocen los tipos de vehículos y quién va dentro.

Antenas apenas visibles captan señales procedentes de todas direcciones, que luego son analizadas sin cesar por equipos en diversas ubicaciones, incluida la casa de campo de ladrillo blanco para invitados donde vive mi sobrina.

Con las cortinas echadas es imposible saber si se encuentra en casa, con las luces encendidas o apagadas.

Casualmente sé que no está en estos momentos, pero confío en que regrese pronto.

Respiraré tranquila cuando llegue Marino y todo el mundo se encuentre a salvo, incluido el gato de Lucy, Merlin.

Nunca se sabe dónde puede aparecer. Estoy pendiente por si lo veo mientras recorremos el sendero de acceso.

—No hace falta que aparquemos en el garaje —decide Benton, porque la antigua cochera tiene puertas de madera que hay que abrir manualmente.

Puede ser un fastidio, y con mi Subaru del gobierno dentro, no queda mucho sitio.

Llegamos a nuestra casa de dos plantas y ladrillo blanco con tejado de pizarra gris.

No hemos hecho grandes cambios desde que nos mudamos, aparte de despejar el jardín.

Hace poco sustituimos dos cañones de chimenea rotos y repintamos las puertas y las contraventanas de un azul intenso, al que han llamado Everard, que encaja con el periodo.

Delante están aparcados el Prius blanco de Annie Chilton y el Range Rover color verde de competición de mi hermana.

Cuando Benton y yo nos apeamos, Dorothy abre la puerta principal; le encantan los pijamas de una pieza.

Por suerte, ha prescindido de sus típicos atuendos temáticos, que podrían resultar inapropiados teniendo en cuenta quién está de visita y por qué: un esqueleto, un zombi o un pijama a rayas de presidiario estarían fuera de lugar.

Sus mallas en plan la jueza Judy de la tele y una sudadera con capucha serían de mal gusto, igual que los adornos fosforescentes.

Dorothy va sobriamente vestida de negro. Ha moderado la base bronceadora y el maquillaje de ojos, y no enseña mucho escote. Lleva el pelo rubio claro corto y peinado hacia atrás, como Annie Lennox, y unos pendientes de botón de diamante.

—Vaya día infernal. —Mi hermana se hace a un lado para dejarnos pasar—.

Sinceramente, lo que dicen las noticias es desconcertante a más no poder.

Y por lo visto han vuelto a pillarte en una situación desafortunada, Kay.

—Se queda mirando las zapatillas de Lucy que llevo puestas—.

Es increíble que te hayas dejado los zapatos en la acera.

—¿Qué tal está Annie? —pregunta Benton mientras yo cierro la puerta y vuelvo a activar la alarma.

—Se muestra estoica pero confusa —contesta Dorothy—.

¿Por qué iban a matar a Wally? ¿Por qué a su hermana?

¿Y la han agredido sexualmente? ¿Qué les han hecho?

¿Los han estrangulado o acuchillado? Dios santo, espero que no los torturaran, que no fuera un horror en plan Charles Manson. Es todo tan misterioso y críptico…

—Sé que entiendes que no podemos hablar de eso, Dorothy. —Dejo el maletín en la mesa de la entrada—. No te lo tomes como nada personal, por favor. —Porque siempre lo hace.

—Debes de estar agotada. —Es capaz de pasar de la ternura a la frialdad en un abrir y cerrar de ojos.

—Gracias por echar una mano con Annie. —Benton se quita la chaqueta del traje—. Te lo agradecemos mucho.

—¿Hay motivos para tener miedo? Bueno, ya sé que no me lo vais a decir. —Mi hermana todavía hace pucheros igual que cuando era niña—. Pero al menos podéis dejar caer una insinuación. Estoy bajo el mismo techo que vosotros. Lo que os ocurra, me afecta a mí también.

Vuelve a lamentarse de que, desde que el juicio de Hooke se trasladó a Old Town en Alexandria, la vida normal se ha ido al cuerno.

Se refiere a la «gentuza» que ha venido de visita, como ella la llama, una turba asquerosa que vocea y se pavonea con sus armas por la tele.

No cabe esperar nada bueno cuando «invaden tu casa facciones en pie de guerra», y no está acostumbrada al uso de esos términos.

—Las familias Tupelo y Hooke son como los Hatfield y los McCoy, los Montesco y los Capuleto.

—Dorothy sigue perorando—. ¿Qué creéis que ocurre si acampan en el barrio una temporada?

Pues que trasladan aquí sus puñeteras disputas.

Traen consigo su intolerancia y su comportamiento criminal, eso es lo que ocurre. Y está claro que ya lo han hecho.

Me pregunto de dónde ha sacado mi hermana la información en unos momentos en los que las sospechas se arremolinan como un tornado.

Los detalles sobre la enemistad entre los Hooke y los Tupelo no han sido el centro de atención en el juicio, sino apenas una mención de pasada.

Cuando April y Gilbert empezaron a salir, imagino que les pareció emocionante y prohibido hasta que dejó de serlo.

Las discusiones y peleas como la de la última noche de la vida de April en el barco no eran nada raro.