Capítulo 13
—¿Hay algún indicio de que el asesino haya entrado en la casa? —pregunta Marino en el momento en que detecto el retumbo de motores de gran potencia que vienen en nuestra dirección.
—No —dice Tron—. No creemos que haya entrado.
—Ha sido un ataque relámpago —añade Lucy—. Dudo que se haya quedado mucho rato.
—Por lo general, no lo hacen en esta clase de ataques, ejecutados desde vehículos; estamos casi seguros —continúa Tron—. Hasta donde sabemos, los autores no han venido a pie. Pero ahora parece ser que disponen de armas más fáciles de transportar. Y eso da mucho miedo.
—Aquí, en la propiedad, han disparado ráfagas rápidas e intermitentes de microondas entre las 15.40 y las 16.00 horas —nos informa Lucy—. Ese es el intervalo en el que hemos detectado las señales de 2,305 gigahercios. Es una frecuencia destinada a radioaficionados, y nada típica.
Ella y Tron han detectado esta señal anómala a las 13.
45, mientras estaban de patrulla rutinaria por el itinerario de la comitiva presidencial.
Los terroristas no han supuesto que la radiación de microondas se detectaría, probablemente porque no esperaban que nadie la estuviera buscando.
El funeral era por el exsenador estadounidense que sufrió un derrame cerebral a principios de semana.
—La visita del presidente no se anunció hasta ayer a última hora —explica Tron—. Hubo muy poco tiempo para que alguien preparase un ataque organizado. No supondrían que estaríamos atentos a algo así. Por suerte, no se plantearon que tendríamos agentes con analizadores de señales.
Más o menos una hora después de detectar la frecuencia de 2,305 GHz, han vuelto a localizarla, esta vez a kilómetros del cementerio. Triangulando con analizadores de señales en otras ubicaciones, han determinado que las rápidas ráfagas intermitentes provenían del área general de Raven Landing.
—Hemos seguido la señal hasta un cruce a eso de kilómetro y medio de aquí, y luego la hemos perdido —dice Lucy—. Edificios, árboles y otros objetos pueden bloquear la trayectoria de localización directa. Y es posible que el tiempo también haya influido.
Aún no había empezado la tormenta, pero ya estaba muy nublado, lo que quizá causara interferencias o degradación de las ondas hertzianas, según explica Lucy.
Ella y Tron no han vuelto a detectar la señal de 2,305 GHz hasta una media hora después, a las 15.
40. Las ráfagas de energía han durado diez minutos, y la ubicación aproximada era la carretera de acceso que conduce a Chilton Farms y Raven Landing.
Lucy y Tron han pedido refuerzos para responder, y se han reunido con ellas en la intersección donde está ahora el primer control.
Han metido las bicis en los vehículos y han ido hacia el río.
Cuando han llegado a la entrada de Chilton Farms, se han fijado en las extrañas zonas de follaje seco y marchito.
—He visto lo mismo que tú —me dice Lucy mientras se acerca el sonido de los potentes motores—. He supuesto que seguramente eran indicios del daño causado por la extraña señal de microondas que habíamos estado detectando.
Han ido sendero adelante con las armas preparadas, peinando la zona para cerciorarse de que nadie las estuviera tendiendo una emboscada. Al llegar a la casa, se han encontrado el coche de Rachael aparcado delante.
—Hemos visto su cadáver por la ventana de la cocina —dice Lucy en el momento en que aparecen en la calzada dos vehículos blindados BearCat.
El gruñido gutural de los motores diésel parece sacudir el aire cuando los policías de Alexandria indican a los todoterrenos acorazados que aparquen detrás de la furgoneta de Marino.
—Los de la científica y más unidades caninas deben de estar al caer —nos informa Lucy.
Aún se oye el estruendo de las paletas del rotor, pero más leve; el helicóptero debe de estar algo al norte de aquí.
Ella y Tron siguen supervisando las comunicaciones más recientes, cuya información ven en los cristales tintados de sus gafas deportivas asistidas por inteligencia artificial.
Nos ponen al corriente mientras diez agentes de policía uniformados del Servicio Secreto salen en tromba de los dos todoterrenos BearCat y empiezan a abrir arcones de almacenaje sin prestarnos atención.
—¿Estamos a punto de sufrir una invasión? —Marino está más impresionado de lo que quiere aparentar.
—Lo que hacemos es asegurarnos de que no suceda tal cosa. Preservar el lugar y mantenernos a todos a salvo no es nada rutinario. Están ocurriendo muchas cosas al mismo tiempo.
Tron continúa explicándonos qué esperar. Sus fuentes les han avisado de que vienen hacia aquí unas cuantas de esas personas descontentas y no muy respetables que siguen el juicio de Gilbert Hooke, acompañados de amigos y simpatizantes. Alrededor de cincuenta personas, aunque podrían ser más.
—Algunos van armados hasta los dientes —añade Tron—.
Tienen previsto presentarse en cuanto anochezca.
Corren por ahí toda clase de amenazas de que van a destrozar y saquear Raven Landing y Chilton Farms. Dicen que todo forma parte de la misma plantación corrupta y privilegiada, y hay algunos comentarios sobre ti que dan miedo. —Eso me lo dice a mí.
La madre de April Tupelo forma parte de la turba potencialmente violenta.
Hace poco salía llorando de la sala de justicia y ahora Nadine Tupelo está en la tele alentando a la gente a que se tome la justicia por su mano.
La acompaña el tipo que me ha puesto la zancadilla, y con solo acordarme vuelvo a ponerme furiosa; aún noto un dolor punzante en el tobillo.
—Vamos a asegurarnos de que ninguno de esos energúmenos pueda acercarse aquí. El FBI y el Servicio Secreto tienen rodeado Raven Landing —señala Lucy mientras hablamos junto a la furgoneta de Marino—. Añadiremos más unidades y barricadas al control por el que habéis pasado hace unos minutos.
Nadie puede acceder a la zona por tierra, mar o aire a menos que tenga autorización. Teniendo en cuenta los historiales delictivos y lo que se está diciendo en las redes sociales, hay motivos de peso para preocuparse.
—Estamos viendo toda clase de teorías incendiarias, incluida la de que el juicio va a quedar en agua de borrajas y no se declarará culpable a Gilbert Hooke —afirma Tron—. Saldrá libre debido a lo que le ha pasado a la hermana de Annie Chilton. La cita del día viene siendo «¿Quedará impune?».
—Supuestamente, la jueza se eximirá y se declarará juicio nulo —resume Lucy.
—¿Ha dicho algo en público? —indago—. ¿Ha hecho un comunicado en ese sentido?
—No —responde Lucy, pero lo que a mí me preocupa es dónde está Annie y cómo se encuentra.
—No es más que la típica chorrada conspiranoica.
—Tron sigue poniendo ejemplos: Todo es cuestión de política y dinero.
El sistema está manipulado. Y pese a la gravedad del asunto, yo tengo otras preocupaciones.
Les cuento lo que nos han dicho de que Bose Flagler y Rachael seguramente tenían una aventura.
—Lo mismo nos han dicho los de seguridad privada de Raven Landing —repone Tron.
Ni ella ni Lucy parecen sorprendidas, y les pregunto quién está en la propiedad aparte del gran número de agentes y de nosotros, los guías caninos y toda la gente que veo y oigo alrededor.
Lo que me interesa es el cadáver de Rachael Stanwyck y quién puede acercarse al mismo, así como quién la ha encontrado y confirmado su muerte.
—Hay dos agentes del FBI en la casa. También están Fruge y dos de sus agentes de uniforme. Y tres de los nuestros, los refuerzos que hemos mencionado. —Es Tron quien hace el recuento.
—Están todos fuera. —Lucy nos asegura que nadie ha tocado el cadáver—. Se ha montado una carpa y se han acordonado y fotografiado ciertas áreas exteriores para conservar cualquier prueba.
—Fabian tiene que traer la camioneta hasta aquí —les dice Marino—. Entiendo que no queráis que haya mucho tráfico porque el asesino puede haber estado en el sendero de acceso y demás, pero no tenemos opción.
—¿Cuándo te parece que estarás preparada? —me pregunta Tron.
—Necesito unas horas. —Levanto la vista hacia el sol cada vez más bajo—. Más o menos hacia el anochecer, cuando se supone que va a aparecer la turba armada y violenta.
El Servicio Secreto se ocupará de que la camioneta llegue a la casa, pero el traslado del cadáver se vigilará y supervisará estrechamente, según nos dicen.
Lo que más les preocupa son los artefactos explosivos.
Los múltiples puntos de control garantizan que no se introduzca nada sospechoso en el trayecto.
En teoría, un dron podría adosar una bomba al techo de un vehículo.
O alguien podría salir del bosque cuando el coche circule despacio y acoplar un artefacto.
Como siempre dice Benton, hay que imaginar el peor escenario posible, y luego prepararse para que se haga realidad, porque se hará realidad. De hecho, es probable que ya sea real.
—Registrarán la camioneta en todos los controles —continúa informándonos Lucy—. Después, uno de nuestros agentes irá con Fabian hasta la casa, donde los perros revisarán el vehículo por última vez.
—Seguro que ya estás viendo los indicios de lo que creemos que ha ocurrido. —Tron me lo dice a mí—. Hemos estado hablando mucho del asunto en la Comisión del Juicio Final, en previsión precisamente de pesadillas como esta.
La Coalición de Contingencias de Emergencia, o Comisión del Juicio Final, como se la conoce, es un grupo de trabajo nombrado por la Casa Blanca.
Benton y yo formamos parte de él junto con otros expertos, incluidos Albert Allemand, Tron y, más recientemente, Lucy.
El objetivo es que miembros destacados de organismos policiales, del ejército, del mundo de la ciencia y de otras disciplinas ayuden a anticipar y mitigar los peligros más graves para la continuidad de la vida en el planeta.