Fuimos un error de guion 47 #5
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​ Alguien me ha agarrado de la mano. Otro me ha empujado entre risas hacia el centro del plató, donde ya se iba reuniendo el equipo entero: actores, eléctricos, maquillaje, script , foto fija, ayudantes, producción, vestuario con Pietro, por supuesto…

esa familia rarísima y agotada que se forma cuando un grupo de personas decide entregarle varios meses de su existencia a una mentira para que, con suerte, acabe diciendo una verdad.

​ Me he soltado de mi chico solo lo justo para avanzar, aunque antes de alejarme del todo le he apretado la mano un segundo. Él ha entendido el gesto y se ha quedado donde estaba, mirándome con un orgullo tan desnudo que he tenido que tragar saliva antes de plantarme delante de todos.

​ El decorado aún seguía vestido para la escena final. Representando la que era mi casa, con su lámpara de sal y su gato Ringo, que ya descansaba en brazos de su verdadera dueña. El olor era una mezcla extrañísima de maquillaje, tela caliente, focos y ramos recién cortados.

​ —¡Unas palabras! —ha gritado alguien.

​ —¡Eso, unas palabras! —ha añadido otra voz.

​ —¡ Speech ! —ha aullado Hooper desde algún sitio.

​ Las risas me han dado unos segundos de tregua, pero cuando me vi allí, en medio de todos, con tantas caras que me miraban, sentí cómo se me hacía un nudo en la garganta.

​ He respirado hondo y he hablado.

​ —No sé si me sale decir algo sin llorar y hacer el ridículo delante de todos…

​ Las carcajadas han sido inmediatas y eso me ha ayudado.

​ —Solo… gracias. Gracias de verdad. A todos.

Por el trabajo, por el talento, por la paciencia, por dejaros la piel para que esta historia respirara como yo soñaba.

Gracias a cada persona que ha confiado en mí, incluso cuando, probablemente, yo tenía más intensidad que sueño y más obsesión que sentido común.

​ Ha habido algunas risas más, algún « eso es verdad » al fondo, y yo he negado con la cabeza, emocionada.

​ —También os quiero pedir perdón si en algún momento he estado tensa, pesada o demasiado encima de cada detalle.

Sé que lo he estado; lo sé. Pero necesitaba hablar con el corazón.

Necesitaba que se viera de verdad todo lo que este guion escondía por dentro.

Todo lo que latía ahí, incluso cuando no se decía.

Y vosotros habéis hecho justo eso. Lo habéis entendido, elevado y convertido en algo muchísimo más bonito de lo que yo sola habría podido imaginar.

​ Se ha hecho un silencio de esos que arropan. Entonces he buscado con la mirada a mi amiga, representante y vecina. Estaba en un rincón, con una mano apoyada en su barriga ya redonda y la otra en su cara, llorando de una forma tan descarada que me ha hecho reír en mitad del temblor.

​ —Y gracias a Cris —he dicho, señalándola—. Mi guía. Mi jefa. Mi red cuando yo estaba demasiado loca para reconocer que necesitaba una.

​ Ella ha negado con la cabeza, completamente vencida por las lágrimas.

​ —¡Calla, niña! —me ha gritado, con la voz rota y divertida a la vez—. ¡Que entre las hormonas y tus palabras me vais a matar!

​ La explosión de risas ha sido instantánea y justo entonces, ha aparecido su marido por detrás, levantando una caja como si fuera un trofeo.

​ —¡ Be calm , tranquilos! —ha gritado con su acento inglés precioso y desordenado—. ¡Que le traigo un paquete de clínex y un mocho por si rompe aguas!

​ Ya nadie se ha contenido. El plató entero se ha venido arriba riéndose. Cris le ha lanzado una mirada asesina entre lágrimas, Hooper le ha mandado un beso desde lejos y yo he tenido que taparme la boca porque la emoción y la risa mezcladas eran ya demasiado.

​ Cuando el ruido ha bajado un poco, he vuelto a respirar y entonces lo he buscado a él. A mi italiano favorito.

​ Seguía unos pasos más atrás, entre el equipo, con las manos en los bolsillos y esa expresión tranquila. Nuestros ojos se han encontrado enseguida. Sabía que tenía que decírselo allí, delante de todos.

​ —Y a ti… —he empezado, sin apartar la mirada de la suya—. A ti, ¿qué te voy a decir?

​ El ruido del plató se ha apagado poco a poco. No del todo, pero sí lo suficiente para que el silencio naciera alrededor de mi voz.

​ —Gracias por compartir conmigo este viaje.

Por seguir en pie cuando habrías tenido derecho a derrumbarte.

Por sobrevivir a tanta fachada, a tanta mentira, a tanta vida de escaparate…

y aun así conservar intacta la parte más bonita de ti.

Gracias por romperlo todo. Por romper lo que parecía intocable.

Por atreverte a salir de donde te habían metido, incluso de donde tú mismo te habías metido, para enamorarte de mí con una verdad que no le debías a nadie.

​ Mi garganta se ha ido cerrando, pero he seguido.

​ —Gracias por quedarte cuando habría sido más fácil marcharte.

Por mirarme siempre como si no hubiera nada roto en mí que te diera miedo tocar.

Por quererme también cuando yo estaba en guerra conmigo misma.

Y gracias, sobre todo, por demostrarme que hay amores que no llegan a salvarte porque te rescaten, sino porque se sientan a tu lado hasta que recuerdas que podías salvarte tú…

y después te cogen la mano para celebrar contigo que lo has hecho.

​ A esas alturas ya había gente llorando otra vez. He visto a una chica de maquillaje secarse la cara sin disimulo, a dos ayudantes de dirección abrazados, a Pietro secándose las lágrimas con un pañuelo de seda, a Cris absolutamente perdida, e incluso así, yo solo lo veía a él.

​ —Has sido paz después del ruido. Has sido verdad después de tanta ficción. Y no sé si esta serie tiene el final que se merece… pero yo sí sé que mi vida lo tiene porque te tengo en ella.