Fuimos Roma 40 #2
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40 #2

Oli abrió la puerta de golpe y su sonrisa se congeló al mirarme.

Soltó el vestido que llevaba en la mano de cualquier manera y corrió hacia mí.

Sus brazos me rodearon y me abrazaron con fuerza.

Fue entonces cuando todo me sobrevino con una fuerza desgarradora: el secuestro, la traición, la realidad, las consecuencias, el hospital, los días siguientes, amar con el corazón destrozado…

todo me engulló como una ola, tragándome hasta las profundidades, sin darme una oportunidad para reponerme.

Fue tan intenso que solo dejé que me rompiera.

Mis lágrimas caían libres y me dejé sujetar por mi mejor amiga, permitiéndole cargar conmigo, sintiendo la redención de mi alma, aunque solo fuera por unos minutos.

Lloré y lloré hasta que me quedé sin lágrimas y sin voz; dejé de gritar y de sollozar para convertirlo en un llanto silencioso. No podía más, estaba tan cansada que no podía articular ninguna palabra.

- Estoy aquí, yo te cojo. Siéntelo, llóralo, no pasa nada, yo estaré aquí para sujetarte- susurró mientras me acariciaba la espalda con cariño.

Sabía que se había unido a mis lágrimas; notaba como su cuerpo temblaba debajo del mío, sufría por mí y eso no hacía más que abrir una herida más profunda en mi alma.

No quería que llorara por mí, no quería que tuviera que cargar conmigo, no quería que mi desdicha supusiera su dolor.

Por ello, después de que parte de las lágrimas que tenía retenidas fueran libres, cogí aire, levanté la cara y la miré.

Si no lo hacía por mí, lo haría por ella. Lo intentaría por ella.

- Aunque haya probabilidades de morir de frío, me gustaría cenar en la terraza- en el rostro de Oli apareció una sonrisa y limpió mis últimas lágrimas de mis ojos.

- ¡Para eso están las mantas! He descubierto un sitio aquí cerca que hace una comida riquísima.

Les prometí presentarte, pero eso ya será mañana.

Termina de cambiarte y de asearte que yo salgo a coger algo y después nos sentamos afuera.

¡El aire de Isquia seguro que te viene bien!

- me dio un sonoro beso en la mejilla y salió por la puerta del baño, para segundos después escuchar cómo se cerraba la de la calle.

Volví a mirarme al espejo y comprendí que no podía continuar así; podía seguir hacia delante o al menos intentarlo. No me sentía menos vulnerable y usada, pero al menos pude reunir las ganas para hacer algo más que meterme en la cama y mirar a un punto fijo durante horas.

Cepillé mi cabello y lavé mi rostro; no hacía que me sintiera mejor, pero al menos sí que me sentía más limpia. Volví a la habitación y del armario saqué una sudadera grande junto a unos pantalones de chándal.

Me dirigí a la cocina y busqué todo lo que necesitaba para preparar la mesa en la terraza.

Las vistas al mar no eran más que una gran balsa negra en la que reflejaba la luz de la luna.

Dispuse dos mantas en cada silla de metal, encima de la mesa redonda de cerámica de la zona, dejé dos copas y la botella de vino de bienvenida que no habíamos tocado hasta entonces.

Fui en búsqueda de los cubiertos cuando mi mirada cayó en mi teléfono.

Se iluminó la pantalla con la entrada de una nueva llamada; mi corazón empezó a latir enloquecido por la simple duda de si sería él, pero se esfumó tan rápido como vino cuando vi el nombre de mi padre. Descolgué.

- Hola, Olivia, ¿cómo está mi hija?- pregunto mi padre antes de ni siquiera dejarme abrir la boca .

La había escuchado hablar con él, llamaba todos los días, varias veces al día, para asegurarme de que todo estuviera bien o todo lo bien que pudiera estar en este momento. Oli se había convertido en mi voz.

- Hola, papá- mi voz sonó rara o igual es que después de tantos días sin escucharme, me resultaba extraña.

- Cariño- suspiro y escuché una serie de ruidos detrás que no puede descifrar- ¿Cómo estás?

- Lo siento, papi, no quería tenerte preocupado, pero no podía; necesitaba tiempo- la angustia por su preocupación hacía que tuviera más ganas de llorar- No quería preocuparos más.

Dile a Diego que lo siento, que no pretendía provocarle un infarto y que no hace falta que avise a la Interpol- solté una risa, moviéndome incómoda por la cocina.

- Me prometiste llamar, Flora. Era la condición por la que te dejé marchar y si no llega a ser por Olivia, ni siquiera sabría si estás viva o muerta, cariño- escuché como cogía aire y su voz sonó tomada, cargada de sentimiento- No vuelvas a hacerme esto, hija.

Ya te perdí una vez, no soportaré volver a perderte-un quejido abandonó mis labios al escuchar la vulnerabilidad y el miedo de mi padre, pero no entendía que no lo hacía porque quisiera provocarles dolor, sino porque el mío propio era quien me movía, era un títere en manos de la tristeza.

- Lo sé. Sé que te lo prometí, pero no lo puedo hacer mejor, papá. Ya no sé si queda algo de mí- confesé.

- Cariño, escúchame, eres mucho más fuerte que él.

Eres una superviviente, peleaste cuando te tenía, no te diste por vencida; necesito que lo vuelvas a hacer, hija.

Coge toda esa fuerza que sé que todavía existe en tu interior y utilízala para salir adelante.

Nosotros estaremos aquí cuando vuelvas. Olivia estará siempre ahí para ti y Efrén…

- Papá, por favor, no sigas.

- Efrén te salvó una vez y no dudará en hacerlo otra vez. Eres su luz, eres su amor y te tienes que permitir serlo. Estás dándole el poder sobre vuestro amor, cuando ni siquiera podrá rozarlo. Tienes que perdonarte, cariño. Llámale, permítele volver a por ti.

- No lo entiendes. Es duro vivir sin él; será el mayor duelo que pase en mi vida y sé que puede que nunca vuelva a encontrar a alguien como él, pero le debo la oportunidad de vivir, sin tristeza, sin miedo.

Se merece mucho más de lo que le puedo ofrecer, papá, y si eso lo tiene que vivir sin mí, así será.

- Mi niña pequeña, estás tomando una decisión por los dos y dudando de lo que te quiere, pero es un acto de amor que no haría quien no está enamorada- inspiré entrecortadamente mirando por el cristal- Es tu decisión y te apoyaremos si esto es lo que deseas.

Un momento, no cuelgues- esperé unos segundos en el que solo se escuchaba ruidos y voces lejos, que no podía distinguir qué decían.

- Sabes que siempre voy a estar para protegerte, ratona-escuchar la voz profunda de Diego hizo que una lágrima se deslizará por mi rostro- Kaia ha ganado su primera competición de motocross con el casco que le regalaste por Navidad e Iris va a actuar como protagonista en la obra de fin de curso- a estas alturas ya no lloraba; mis ojos se habían convertido en una cascada incontrolable.

- Allí estaré- mi voz sonó trémula, con tantas lágrimas y sentimientos en ella que apenas era un susurro.

Me había perdido la gran primera competición de Kaia, no había podido estar allí, no había estado animándola y no había podido decirle que todo iba a ir bien. No había podido y el peso de la pulsera que me regaló por Navidad, se multiplicó por mil sobre mi muñeca. La había fallado, no había estado.

La pregunta se fue originando en mi mente; no podía evitar tenerla en la punta de la lengua, aunque fui yo quien se marchó. No tenía derecho a preguntar, ni siquiera la respuesta iba a calmar mi corazón, tan maltrecho ya, que solo serían capaces de hacerlo sus brazos.

Sabía que iban a saber de él, que mi padre lo quería de vuelta, que podían darme la información que mi alma necesitaba para poder continuar. Pero, por otra parte, no sabía si merecía la pena saberlo, si con ello me rompería un poco más. Sin embargo, la necesidad seguía creciendo en mi interior.

Deseaba saber si le habían visto, si iba a volver, si estaba bien. Necesitaba saber que él estaría mejor que yo, que volvería a su vida y que no había terminado también con él, como lo hizo conmigo. Necesita que él se salvara, que fuera el superviviente de nuestra historia.

- ¿Habéis hablado con él?- mi voz sonó temblorosa y tuve que agarrarme a la encimera para evitar caerme al suelo. No confiaba en que mis piernas no me fallaran .

- Sí- me contestó Diego. Fue un alivio saber que al menos, tendría gente que cuidara de él.

- Ha venido a la embajada esta mañana- agregó mi padre-Hija, tenemos que decirte algo- creo que lo supe antes de que dijera una palabra, pero aún así me negué a creer la idea que cruzó por mi mente.

No podía ser- Hija, Efrén se va de Roma-me apoyé en la encimera y me deslicé hasta el suelo- Va a volver a alistarse en el grupo de operaciones especiales- el fragmento de mi corazón que aún seguía en pie se rompió.

Se rompió en mil pedazos, y ni siquiera tenía derecho a enfadarme o pedirle explicaciones, porque había sido yo misma la que había huido.

Me senté en el suelo e intenté recordar cómo se respiraba. El dolor y el desasosiego que sentía no eran nada comparados a la angustia que se había instalado en mi pecho al escuchar aquellas palabras de mi padre.

Le iba a echar tanto de menos, que mi corazón iba a sangrar cada día con la mera idea de su recuerdo, pero allá donde estuviera, esperaba que fuera feliz, porque si lo era, todo esto habría valido la pena.

Me sacrificaba por los dos con gusto, si deseaba volver a lo que un principio inició, que así fuera; ahora mis noches serían rezos por que allá donde le destinaran estuviera bien. Estuviera vivo.

Sabía que acababa de tirar por la borda al amor de mi vida, a quien estaba dispuesto a protegerme de todo, hasta de mí misma.

A quien me había dicho que me amaba. A quien me había buscado sin descanso hasta que me había encontrado en un contenedor al otro lado de la ciudad.

Con todos los compararía, pero nadie se acercaría ni siquiera a su recuerdo. Ese era mi futuro.

Mi futuro era la soledad hasta que pudiera volver a ser yo, hasta volver a recuperarme, aunque había probabilidades de que nunca lo hiciera. Al menos debía intentarlo, me lo debía a mí misma.

Por eso declaré lo siguiente:

- Sé que lo conseguirá y que todo irá bien.

Es bueno, tanto como irritante- una sonrisa triste tiró de mis labios, recordando cada discusión que tuvimos por mi escasa seguridad- Nunca y digo nunca, Diego, le digáis que he preguntado por él.

Es mejor que piense que me fui para no volver; prefiero que me odie.

Prefiero que sane desde el odio- igual que me odio yo por haber pensado que él era capaz de algo así, cuando solo quiso protegerme.

Inspiré y no sabía por qué sentía este vacío, cuando yo misma le había empujado a irse. Supongo que quedaba la ilusión en mi interior, de que, aunque estuviéramos separados, estaríamos pisando las mismas ruinas.

- Papá, voy a tardar más en volver; necesito dejarlo todo atrás durante un tiempo.

- Pero, hija, el juicio…

- Estaré allí antes del juicio y para la actuación de Iris. No os preocupéis, pero de momento, no puedo volver.

- Lo entiendo, hija, pero llámame, si no, me tendré que presentar allí.

Corté la llamada y, como una autómata, me limpié las lágrimas y me levanté del suelo. Debía de empezar a tomar las riendas de mi vida de una vez y el primer paso era cenar con mi amiga.