40
Fix you
Flora
El sonido de las cortinas abriéndose me despertó, seguido del calor del sol sobre mi piel.
Abrí los ojos con esfuerzo, entrecerrándolos ante la luz intensa que se filtraba por el ventanal, ese que había mantenido cerrado durante días.
Por primera vez, la habitación se llenaba de claridad, mientras yo seguía atrapada en mis sombras.
La luz irrumpió sin compasión en mi refugio, ese rincón donde había podido esconderme y abandonarme al olvido. Me acurruqué bajo las sábanas, aferrándome a ellas como si pudieran protegerme, mientras Olivia abría las contraventanas y dejaba entrar la brisa salada del mar.
- Oli, por favor, vete- le suplique con un hilo de voz. No tenía ganas de discutir, pero era consciente de que no me lo iba a poner nada sencillo.
- ¡No! ¡No me voy a ir hasta que salgas de esa cama, Flora!
- Me prometiste espacio, Oli, así que déjame y cumple tu palabra- de verdad que no tenía ganas para nada que no fuera vivir debajo de esas sábanas, sobrevivir, mejor dicho.
- ¿Espacio? ¡Espacio no es esto, Flora!- la escuché resoplar y estaba segura de que estaba haciendo acopio de todo su autocontrol para no gritarme cada cosa que se le pasaba por la cabeza- Te he dado espacio.
Durante una semana, te he dado espacio. No he entrado a esta habitación, ni siquiera te he forzado a hablar conmigo desde que pasó.
No te he forzado a que me contaras qué pasó y cómo pasó, ¡ni siquiera te he gritado por haber sido tan estúpida como para guardarte para ti lo de las cartas!
¿Tú sabes cómo me dolió que mi mejor amiga no confiara en mí?
¡En mí! ¡Soy tu mejor amiga, maldita sea!
¡Y me lo ocultaste!- respiró de nuevo, escapándose un quejido de sus labios- ¡No pienso ver cómo te destrozas y no hacer nada!
¡Te estas dejando ir! ¡Ni siquiera has visto ni un amanecer o un atardecer desde que llegamos y tú amas hacerlo!
¡Tu teléfono no para de sonar, Efrén no para de llamarte una y otra vez!
¡Rogándote que vuelvas con él!- escuchar su nombre hizo que la herida volviera a sangrar; sin control, mi corazón se encogió en un puño y mis ojos escocían de retener las lágrimas, pero estaba tan cansada, tan cansada de mi bloqueo emocional que ni siquiera me molestó no poder derramarlas, así había sido durante días- ¡Estás dejando que gane!
¡Estás dejando que gane Carlo y tú eres mucho mejor que esto!
¡Eres mucho más fuerte y no me creo que haya sido capaz de destrozarte y de ganarte!
- oí sus pasos contra el suelo y unos segundos después la tenía arrodillada ante mí y me miraba a los ojos con la preocupación bañando sus iris verdes-Por favor, amiga, sal de esta cama, te necesito conmigo, necesito a mi mejor amiga de vuelta.
- ¿No lo entiendes, Oli? Nunca más podrás volver a tener a tu amiga de vuelta; no queda nada de mí. Estarás mejor sin mí, todos lo estaréis -atraje con más fuerza el edredón blanco contra mi pecho y clavé mi mirada en el océano de aguas cristalinas .
- Parece que la que no lo entiende eres tú.
Si te crees que te voy a dejar que te consumas en esta cama, es que no me conoces.
Puede que a Efrén le hayas engañado con toda esta mierda de mártir, pero conmigo no lo vas a tener tan fácil- se levantó y de un tirón me quitó el edredón de encima- Tienes cinco minutos para levantarte de esta cama; si no, me vas a obligar a hacerlo a mí y no te gustará.
- Oli, con todo mi amor, pero vete a la mierda- la furia iluminó sus ojos y sus puños se contrajeron a ambos lados de su cuerpo.
- Flora, con todo mi amor, vete tú a la mierda.
¿Te crees que eres la única víctima de este caso?
Pues no. ¡Ha sido a ti a quien secuestró, fue a ti a quien puso las manos encima, pero fue a nosotros a quienes tuvo en un sin vivir!
¡Cada llamada que recibíamos, nos paraba el maldito corazón por pensar que había llegado el momento en el que nos dirían que te habrían encontrado sin vida!
Así que, cariño, vete tú a la mierda. ¿Quieres quedarte en esta cama?
Bien, hazlo. ¿Quieres dejarle ganar? ¿Quieres darle el poder de arrebatarte la vida?
¿Quieres que el acto más puro de amor que Efrén hizo por ti quede en vano?
Hazlo, pero no vas a obligarme a verlo- todo su rostro estaba bañado en lágrimas, su voz sonaba contenida y su pecho subía agitado- Si no sales hoy de esta cama, regresaré a Roma.
No pienso quedarme a ver cómo pierdo a mi mejor amiga delante de mí.
- Creía que la mierda mártir no iba a funcionar contigo- dije utilizando las mismas palabras que ella había utilizado minutos antes .
Se detuvo antes de salir por la puerta, girándose tan rápido que su pelo largo fue de un lado para otro, como un boomerang.
Sus ojos destilaban rabia y dolor a partes iguales; tenía los puños apretados a sus costados, intentando focalizar toda su ira en ellos y no sobre mí.
Debía de darle pena, lástima, para que por primera vez en su vida controlara su lengua viperina.
- No te equivoques, no es por este sentimiento de mártir que tienes, sino porque me niego a ver cómo te rindes y cómo le dejas ganar.
Está claro que el valor y la valentía que demostraste se quedó en aquel contenedor.
Si esto es lo que quieres, adelante, pero puede que cuando quieras volver, ya no quede nadie y no por él, sino porque tú te has encargado de matar cada relación que tenías por dejarle ganar.
Salió de la habitación dando un portazo y mi pecho se retorció con un dolor tan brutal que encogí mis rodillas hasta quedarme hecha una bola.
Yo no quería hacerles daño, yo no quería que sufrieran por mí, yo solo quería dejar de sentirme así.
Quería dejar de sentir este entumecimiento, quería dejar de estar en aquel contenedor.
La apatía era lo único que podía sentir, con lo que podía vivir. ¿Me quedaría así? ¿Sería capaz de vivir así? No lo sabía, pero el silencio cada vez era más y más grande, cada vez me engullía más, al igual que el miedo.
Una solitaria lágrima recorrió mi rostro y, antes de que pudiera parar a pensar en nada más, me incorporé lentamente, sintiendo un ligero mareo.
Con decisión me coloqué recta, con los pies colgando entre la cama y el suelo; necesitaba tanto estar en aquella cama como salir de ella.
Creí que ahí, en mis sueños, no sentiría dolor, que aliviarían la presión que sentía en mi pecho, que me olvidaría de Efrén y que la separación dolería un poco menos, pero no fue así.
Mis sueños se convirtieron en pesadillas en las que Carlo era el protagonista y en las cuales era Efrén quien estaba en aquella silla y yo no era capaz de hacer nada mientras Carlo le apuntaba con su arma.
Los demonios se mezclaban con las dudas y las preguntas que todavía habitaban en mí y que de momento no tenían respuesta.
Sabía que antes o después iba a tener que enfrentarme a la realidad de Carlo e iba a encontrar respuesta a muchas de mis preguntas, pero jamás contestarían a la pregunta que me quemaba la garganta: ¿por qué yo?
Había tantas personas en el mundo y tuvo que elegirme a mí, por encima de todas ellas, me eligió a mí y ni siquiera sabía el porqué.
Y el hecho de ni siquiera pensar en el juicio me revolvía el estómago hasta hacerme vomitar.
Y pensaba, ilusa de mí, que si me refugiaba entre estas sábanas, todo lo demás desaparecería, ya no existiría y, por ende, yo también.
Se había convertido en mi espacio seguro, en el que el corazón tan solo me dolía, pero no tenía la sensación de quedarme sin aire cada vez que daba un paso; era mi salvación, pero también mi jaula, así que supongo que esa fue la razón por la que, si decidir salir de ahí iba a quitar esa mirada del rostro de mi amiga, lo haría.
Me acaba de lanzar el último salvavidas y, si no me agarraba, me quedaría a la deriva y no estaba segura de poder hacerlo sola; no solo sus manos me agarrarían las mías, sino también mi alma.
Por ello, mis pies tocaron el suelo y me impulsé para moverme hasta el baño.
El frío del suelo resultó agradable y tranquilizador a partes iguales; me sentía débil, tanto que si mis piernas me fallaran no me sorprendería, pero tenía que hacerlo y una ducha sería el primer paso para ello.
Me aseé y lavé mi pelo; el reflejo que me devolvió el espejo casi hace que me caiga del susto. Mis ojos estaban hinchados y mi tez pálida por no haber recibido ni un rayo del sol en días, haciendo más notorias mis ojeras y mis pecas, que parecían más oscuras que nunca.
Inspiré y cerré los ojos; necesitaba tranquilizarme, aunque ya notaba el inicio de nudo en la garganta y las lágrimas agolpadas en mis párpados. Inspiré y expiré, ansiando una calma que hacía días que no tenía y que se había incrementado cuando había dejado a Efrén en su apartamento.
La imagen de Efrén dormido se fue diluyendo hasta traer de vuelta aquel contenedor; era tan real que sentía la cuerda alrededor de mis muñecas y el frío colándose por cada pequeña rendija.
Abrí los ojos de golpe y agarré mi pecho con desesperación. Mi respiración era rápida, y las lágrimas corrían libres por mi rostro. Era incapaz de mantener la cordura más de cinco minutos. ¿Cómo iba a hacer para volver a ser yo? ¿Cómo iba a ser capaz de volver a estar con él? No le merecía.