Fuimos Roma 36
86%

36

With me

Efrén

Descolgué sin quitar ni la vista ni la pistola de él.

- Ha despertado.

Dos palabras. Dos palabras fueron suficiente para poder respirar de nuevo.

Dos palabras fueron suficientes para que mi corazón volviera a latir.

Dos palabras fueron suficiente para desear salir corriendo de aquella sala y conducir como un loco para estar junto a mi amor.

Dos palabras fueron suficiente para saber que mi prioridad era besar sus labios y jamás dejar de hacerlo.

Colgué la llamada. Pero antes de salir de ahí, me aseguré que recordara mis siguientes palabras.

- A pesar de haberla secuestrado, pegado, torturado, drogado y acosado, ella sigue siendo tu ángel de la guardia.

El resto de tus días estarás viviendo un tiempo extra.

Será ella quien decidirá cuando dejas de hacerlo, tu vida estará en sus manos, le deberás hasta el aire que respires.

Mientras tanto, nosotros, quienes la amamos, nos encargaremos que bajes al infierno y vuelvas a subir tantas veces como deseemos.

Nos suplicarás. Todo tu tiempo extra, vivirás como nosotros queramos y cuando ella decida, se acabará.

Puede ser una eternidad o unas horas, eso jamás lo sabrás.

Prepárate para tu juicio final, ella te condenará y mientras yo, estaré a su lado, mientras que tú, no serás que una sombra más, que jamás podrá rozarla .

- Eso siempre y cuando, todavía te siga amando, pero, hablemos de lo realmente importante.

Esta nueva alianza me parece interesante y muy beneficiosa, sobre todo para una de las partes, ¿verdad, Enzo Stracci?

- sus dientes manchados de sangres nos sonreían a ambos, conocedor de una información, que parecía, se escapaba de mi conocimiento.

- No estas en posición de soltar gilipolleces, Fiore. Por tu propia seguridad yo cerraría esa boca tan grande que tienes y solo la utilizaría para suplicar por tu vida- la chulería y la superioridad que normalmente irradiaba la cabeza de los hermanos Stracci, habían sido sustituidas por la alerta.

- Oh, creo que es el momento perfecto para soltar todo aquello que de desee, no vaya a ser que Efrén se vaya sin saber la verdad, eso sería una pena, ¿no crees, Enzo?

- miré a Enzo, quien tenía clavados sus ojos azules en Carlo mientras quitaba el seguro de su arma con disimulo- Y entre todo eso que me apetece decir, es la verdad.

La verdad de porque habéis ayudado a los Hidalgo, porque ¿no pensarás de verdad que es porque aprecian a Flora, verdad Efrén?

- empecé a hilar toda la información que había recolectado de los Stracci y como podría afectar a Lorenzo, pero algo me decía que ahí no residía la respuesta.

La risa escandalosa de D’Angelo, me hizo querer volver a clavarle el cuchillo- ¡De verdad, creías que lo hacían por ella!

No te tenía por alguien tan inocente Efrén, está claro que esta ciudad te va muy grande- sonrió y se acomodó en la silla, estirando las piernas como si estuviera en la playa y no en una sala en la que le había clavado dos cuchillos en las heridas de bala en carne viva .

- No empieces algo que no estas seguro que puedas acabar, Carlo. Sobre todo, cuando no conoces toda la información.

- La información es poder en esta ciudad y sobre todo en tu mundo, Stracci- sus palabras me recordaron a las que Enzo había dicho minutos antes en su coche-¿Pero sabes lo que realmente te da poder?

La verdad. La verdad de por qué habéis ayudado a encontrar a Flora y no ha sido por que Lorenzo se presentara en vuestra casa, rogando de manera patética, sino porque es un simple peón en vuestra gran partida y queréis estar seguros de hacer jaque mate.

- ¿De qué esta hablando, Stracci?- ahora era a él quien quería empujar contra la pared. Otra vez.

- Déjame que te lo explique por favor, es una historia que voy a disfrutar contando, aunque sea la ultima de mi vida.

Tomároslo como un regalo de mi hacia vuestro amor eterno-tomó aire y nos miro alternativamente, sonriendo, disfrutando del momento- Mis padres se conocieron cuando eran muy jovenes.

Mi padre, bueno, el ser patético que embarazo a mi madre y que gracias a su esperma estoy en el mundo, comenzó a controlar los bajos fondos de Roma…

- Al grano. Me importa una mierda tu origen Fiore. Además, ya sé quien son Massimo Ferrera y Caterina Fiore.

- La paciencia nunca ha sido tu fuerte, Torres, y sinceramente, es una virtud. Pero vamos a la cuestión, que estoy seguro de que quieres reunirte con tu amor. Solo ten cuidado no te vaya a morder. Es toda una gatita cuando saca las garras .

Antes de darme cuenta, mis manos estaban alrededor de su cuello.

Sentía cómo su tráquea cedía bajo la presión de mis dedos, cómo le arrebataba el oxígeno poco a poco.

Su piel se enrojeció, las venas de su frente se hincharon, pero su mirada seguía cargada de burla.

El muy hijo de puta todavía se reía en mi cara.

Cuando su rostro comenzó a tornarse púrpura, lo solté. Aún tenía cosas que decir.

- Habla- un ataque de tos sacudía con violencia su cuerpo.

- ¿No podríais traerme un poco de agua? Este último arrebato tuyo me ha dejado con la boca seca- dijo cuando recuperó el aliento y su sonrisa cínica.

Saqué mi propia arma de la cinturilla de mi pantalón y apoyé el cañón frío sobre su frente.

- Déjate de juegos, Fiore. Habla de una puta vez.

- Si insistes…- volvió a recolocarse en la silla, como si nada tuviera la mínima importancia.

Chulo gilipollas, debía de haber acabado con él cuando había tenido la oportunidad- A mi madre le dejó de servir controlar únicamente los bajos fondos.

Empezó a querer más, sobre todo cuando ciertos hombres de renombre y niños ricos empezaron a dejarse ver por el barrio.

Entiendo que las carreras y las putas tengan su atractivo, pero el dinero y los negocios lo tienen más, sobre todo para la gran Caterina Fiore.

Hizo una pausa, mirándome con diversión, disfrutando de cada segundo en el que tenía mi atención.

- Fue entonces cuando estalló la guerra abierta entre los Altieri y los Stracci, y ella vio oportunidad.

Si los Fiore apoyaban a los Altieri, estos podrían hacer frente a los Stracci.

Una alianza conveniente. Mi madre es expandía su negocio y, por ende, su control sobre lo que ocurría en él.

Mientras que los Altieri ganaban territorio y aliados.

Todos felices- su tono hacía que mi hirviera la sangre.

Lo contaba como un mero cuento para dormir y no como lo que verdad era; cadáveres detrás de cada palabra.

- Jamás haríamos negocios con aquellos que se dedican a la trata de blancas, y mucho menos nos aprovecharíamos de niñas menores para llenarnos los bolsillos. Solo un degenerado podría hacer su fortuna de tal manera. No me extraña que lo lleves en la sangre.

- Vaya, Enzo Stracci tiene escrúpulos- respondió Carlo, fingiendo sorpresa, con esa maldita sonrisa bailando en sus labios- Os creéis mejores porque os dedicáis a la extorsión a puerta cerrada.

Pero sois los mismos que os habéis hecho famosos por tener habitaciones como estas para torturar a quienes os traicionan o no hacen lo que queréis.

¿No es un poco hipócrita? Deberías de hacer un poco de trabajo interno.

- ¿Qué tiene que ver Flora en todo esto?- los límites de mi paciencia estaban completamente difuminados, al igual que mi moral. Apenas me quedaba recursos para recordar lo que minutos había mencionado. Todo se solucionaría con una maldita bala. La que llevaba su nombre en mi cargador.

- Tiene que ver porque su padre, el gran Lorenzo Hidalgo, ha dejado claro a quién pertenece en esta guerra, descubriéndose ante los Altieri.

Para ellos, tan solo es un traidor. Aliarse con la cabeza de la mafia son negocios, un medio para un fin.

Y eso ha sido Flora: un medio. Si han ayudado a Lorenzo, es únicamente porque así podrían tener algo contra mi madre.

A mí. No es que yo le importe mucho. De hecho, no le importaba una mierda hasta que vio que con las carreras y las peleas podía ganar dinero.

Tanto como lo hace con las chicas de Europa del Este que trae en los contenedores de la empresa del matrimonio Leone.

¿Los recuerdas?- esa víbora hablaba enserio.

Los había vendido por defenderla- Pero sí que lanza un mensaje, ¿verdad, Stracci?

Miré a Enzo. Estaba seguro de que tenía tantas ganas de borrarle la sonrisa de la cara como yo. Pero en lugar de eso, sonrió y comenzó a juguetear, de nuevo, con la navaja entre sus dedos.

- Si quisiéramos únicamente lanzar un mensaje, te habríamos metido un tiro y te habríamos tirado en la puerta de su casa-dijo con calma, guardando la navaja con la misma tranquilidad con la que sacaba un cigarro de su pitillera de plata- Pero no ha sido el caso, porque ni siquiera entonces le hubieras importado.

Encendió el cigarro con la lentitud de quien tiene todo el tiempo del mundo, disfrutando de cada segundo en el que Carlo ardía en su propio veneno.

- Ir en contra de sus supuestos seres queridos nunca ha resultado. ¿O necesitas que te recuerde cómo acabó tu padre?

La burla en su voz era sutil, pero suficiente para hacer que la sonrisa de Carlo titubeara por una fracción de segundo.

- Un adicto que vende droga. ¿Irónico no creéis? Su muerte no fue más que una representación de lo que era.

- Su muerte no fue más que una consecuencia de los actos de tu madre .

La confesión cayó como un golpe seco en la habitación.

Durante unos segundos, no se escuchó nada. El silencio se hizo pesado, como un cuchillo al filo del cuello. Y aunque intentó disimularlo, la llama de odio que se encendió en los ojos de Carlo fue imposible de ocultar.