Fuimos Roma 20 #4
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20 #4

A veces, Olivia era todo determinación, confianza y mal humor, como un gato negro que deja que te acerques pero que saca las garras si se siente amenazado y, otras veces, como está, era vulnerable, sensible y solo quería que la arroparas hasta dejar sentir el frío que se colaba en sus entrañas.

Fui hasta ella y la abracé con todo el cariño que pude, dejando que escondiera su rostro en mi cabello. En ese instante, todo lo que acabara de suceder quedaba fuera, al otro lado de las puertas de la embajada. Aquí, entre nosotros, Olivia solo era querida, solo era amada.

No medí el tiempo del abrazo, permitiendo que fuera ella quien decidiera cuándo terminarlo.

Le ofrecí todo el consuelo que necesitara, sin prisas, sin palabras.

Finalmente, dio un paso atrás, me dedicó una sonrisa tenue y asintió levemente con la cabeza.

Dirigió la mirada hacia la mesa, donde aquellos que no eran su familia de sangre se habían organizado con naturalidad, haciendo espacio y añadiendo un plato más.

Cuando seguí su mirada, me di cuenta de que algo había cambiado. El asiento a mi lado, que antes ocupaba Efrén, ahora esta vacío, reservado para Olivia. Busqué a Efrén con la mirada y lo encontré al otro lado de la mesa, junto a sus padres.

Había cedido su lugar a mi mejor amiga, sin decir una palabra, porque sabía que ella lo necesitaba.

Efrén Torres, se me hace muy difícil odiarte y muy fácil quererte.

- ¿Quiero saber como has conseguido esta botella?- preguntó mi padre tras volver de colgar su abrigo y sacar la botella de la bolsa con gesto curioso.

- Se la he robado a mi padre. Ha sido un gran placer traerla-contestó Oli con una sonrisa traviesa.

Papá levantó la mirada de la etiqueta, arqueó una ceja y fijó su atención en mi amiga.

- Es una botella de más de cien euros, Olivia.

- Lo sé. Espero que la disfrutéis.

- ¿Le has robado a tú papá?- intervino Iris, con los ojos como platos dejando caer el tenedor.

- Sí.

- ¿Por qué?

- Porque hay papás que no son tan buenos como el tuyo. Y, a veces, hay que decirles que les den.

- ¡Oli!- le regañé, mientras Kaia soltaba una carcajada y su hermana se tapaba la boca para disimular la risa- Ir sirviéndoos, voy a por un plato más- dije, intentando recuperar algo de orden en la mesa.

- Hija, al final, que hayas hecho comida para media ciudad va a resultar lo mejor- añadía mi padre con un brillo divertido en los ojos mientras descorchaba la botella con cuidado.

- Eso es porque estaba nerviosa- señalo Oli, haciendo que pusiera los ojos en blanco. Que dedujeran tan rápido la razón por la que había cocinado tanto, me molestaba tanto, como que me conocieran tan bien.

- ¡Que no…!- exclamé alzando los brazos, para después dejarlos caer con un dramatismo exagerado- ¿Sabéis qué?¡Que os den!

- ¡Flora!- escuché diferentes carcajadas a mi espalda mientras me dirigía a la cocina, con una sonrisa asomando en mis labios.

Desde allí, distinguí la voz de Oli y cómo se presentaba ante los padres de Efrén, teniendo la sorprendente facilidad de sacar una carcajada a Jorge en menos de cinco minutos.

Saqué un juego de plato más y calenté una porción más de pasta que había hecho para las mellizas, teniendo en cuenta que Oli tenía el paladar de una niña de cinco años, agradecería este plato antes que la sopa calentita que había preparado especialmente para este día.

Miré de reojo la mesa desde la cocina: mi padre sirviendo vino, las mellizas cuchicheando entre risas, Eda y Laia hablando fluidamente, Oli sacando de sus casillas a Diego…

Era extraña la escena, no era por lo que se entendía por normal, pero por alguna razón, funcionaba.

Suspiré y sonreí para mí misma. Extraño o no, este era mi hogar.

- ¿Necesitas ayuda?

Su voz profunda me sobresaltó, antes de girarme me tuve que recordar como se respiraba. Apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados, mantenía su mirada fija en mí, haciéndome vacilar un segundo a causa de la intensidad que desprendía su iris.

- No, caliento esto y voy- le sonreí, pero enseguida desvié la mirada al microondas, como si aquel aparato pudiera salvarme de lo que me hacía sentir su presencia.

- Sabías que iba a venir.

- Tenía mis dudas, pero sí, sabía que no tardaría- intenté mantener el tono ligero- Estoy contenta con haber hecho más comida del menú infantil.

Me volví a girar para que viera cómo ponía los ojos en blanco y sonreía. El pitido del microondas me dio la excusa perfecta para darme la vuelta. Con un trapo, saqué el plato de pasta y lo serví rápidamente.

- Siempre lo sabes- dijo con suavidad, dejando que sus palabras flotaran en el aire.

Me encogí de hombros, dándole la espalda, mientras dejaba el plato sucio en la pila. La parte de lavar todo esto, no me iba a hacer tanta gracia. Al darme la vuelta, Efrén estaba tan cerca que tuve que dar un paso atrás, pero no había espacio suficiente entre la encimera y él.

- Tienes que dejar de moverte de forma tan sigilosa, un día de estos, vas a conseguir que me dé un infarto- protesté, llevándome una mano al pecho- Para ser alguien tan grande, eres increíblemente ágil.

Una sonrisa corta y fugaz apareció en sus labios.

- Tengo algo para ti- le miré extrañada mientras sacaba una caja negra alargada del bolsillo trasero de su vaquero- No es nada increíble, pero lo compré pensando en ti. Creí que te gustaría.

El aire se me atascó en los pulmones mientras buscaba su mirada. Por primera vez, no era la única insegura en nuestra rara y nada bien aventurada relación.

- No tenias por qué regalarme nada- murmuré, cogiendo la caja con manos temblorosas.

- Es un regalo de Navidad, colibrí. No es nada importante.

Su voz tenía ese tono grave y bajo que siempre hacía que mi estómago diera un vuelco. Me miraba con los hombros rígidos, siguiendo cada uno de mis movimientos.

Con cuidado, abrí la caja. Ahogué una exclamación, no en sí por lo que era, sino por lo que significaba.

En mitad de aquella caja de terciopelo, había un delicado pasador para el pelo de oro. En el extremo, descansaba un colibrí delicado cristal, hecho en tonos rosas, verdes y lilas, con detalles tan finos que parecía que sus alas aleteaban por el realismo que había en el tratamiento del cristal.

- Sé que no llega ni a un mínimo a lo que sueles poseer.

No es una joya ni nada así. Pero pensé en ti al verlo…

Tiene tus colores. No hace falta que te lo pongas si no te gusta, ni siquiera hace falta que lo saques de la caja.

Es solo un detalle-habló rápido, nervioso, rellenando el silencio que mantenía por haberme quedado petrificada.

Levanté la mirada e intenté no volver a quedarme con la boca abierta, sus mejillas estaban coloreadas de un tono rojo vívido y sus ojos intentaban posarse en cualquier cosa que no fuera en mí.

¿Efrén Torres se había sonrojado?

Sonreí con ternura, para su tortura, solo deseaba iluminar esta cocina como un campo de fútbol para poder admirar cada matiz y poder recordarlo cada vez que me descubriera pensando en él.

- ¿Estás de broma?- me llevé la caja al pecho, apretándola con fuerza- Es precioso. Me encanta. Prometo no dejarlo tirado por la casa como el resto- sonreí, y antes de pensarlo dos veces, le rodeé la cintura con mis brazos.

Fue un abrazo instintivo, pero se sintió más íntimo que cualquier beso que nos hubiéramos dado.

Sus brazos al principio rígidos a ambos lados de su cuerpo, comenzaron a tener vida, rodeándome por completo, hasta atraerme con fuerza contra su pecho.

Sentí cómo apoyaba su barbilla sobre mi cabeza y cómo soltaba un largo suspiró, el que parecía que había estado conteniendo todo este tiempo.

Cualquiera podía comprar algo bonito pero solo el podía regalarme algo así.

El aleteo de las alas de un colibrí me recordaba a como mi corazón comenzaba a latir cuando le tenía cerca.

Era personal, pensado y me había costado no emocionarme al escucharle hablar de ello, como si lo que hubiera hecho fuera algo normal y sin valor, cuando era todo lo contrario.

- Ops- la voz de Oli rompió el momento, obligándonos a poner distancia entre nosotros.

Aunque su mano nunca abandonó la parte baja de mi espalda, quedándose a mi lado, y yo no di un paso demasiado grande hacia atrás.

Oli sonreía, más divertida que nunca, sin ningún atisbo de la tristeza que la envolvía cuando había entrado en el salón- Perdón, no quería interrumpir.

O… bueno, sí quería- puse los ojos en blanco, mientras Efrén intentaba reprimir una sonrisa- Ha sido una escena muy tierna- dijo con burla, cruzándose de brazos.

- Oli…- la advertí.

- Por mí no os preocupéis. Estoy contenta con saber que la espera ha acabado. ¡Estoy deseando decírselo a Nico! ¡He ganado la apuesta!

- ¿Qué apuesta? ¿De qué estas hablando Oli?- pregunté, alarmada.

- Nico y yo apostamos cuánto ibais a tardar en estar juntos. Le dije que estabais juntos desde la fiesta en la azotea. ¡He ganado!- sonreía como si hubiera ganado la lotería- Ahora me debe un bolso o unos zapatos…¡Qué estoy diciendo! ¡Está forrado! Me debe un bolso y unos zapatos.

- Dijo y apostó la chica rebelde que ha acabado con el niño de papá.

- No te culpo, amiga, está buenísimo- escuché la risa de Efrén- Además, tiene ese aura de chico torturado que tanto te gusta .

- Tú en cambio has cambiado de gusto. ¿Debería empezar a llamarte señora De Luca?

- Ay, cariño, no he cambiado de gusto, solo que este solo es un chico malo en la cama. Quién diría que el hijo de Angelo De Luca, iba a ser tan bueno en la cama- sonrió de esa manera que sus ojos brillaran con maldad.

- ¡Oh dios mío!- grazné tapándome la cara, intentando eliminar las imágenes que se reproducían en mi mente- ¡Tú no te rías!, ¡que la animas!- le reproché a Efrén, quien reía, con un golpe sobre su fuerte pecho.

- No te avergüences, amore, ¡qué no sabes lo que me hace disfrutar!- su sonrisa maliciosa cada vez se hacía más amplia pareciendo al final el gato de Cheshire.

- ¡Oli, por favor, que es mi amigo! Y es rarísimo imaginándonos…- un escalofrío me recorrió la espina dorsal por la vuelta de las imágenes demasiado explicitas para mayores de dieciocho.

- Deberías alegrarte, no todos los hombres tienen la remota idea de hacerme disfrutar …- de repente se quedó en silencio, escaneándome, la sonrisa se borró de su rostro.

Continuó buscando lo que fuera que estuviera buscando en mí y cuando y su expresión se tornó en sorpresa, alegría y emoción, supe lo que iba a decir antes de que abriera la boca.

- ¡No! ¡No! ¡Serás traidora!- me señaló con el dedo índice, acusándome de algo que pude que no le hubiera contado de manera premeditada- ¡Cómo no me lo habías dicho! ¡Esto es de primera de mejores amigas! ¡Has faltado a tu palabra como mejor amiga del mundo mundial !

- Oli baja la voz- todavía no tenía ni idea de como podía leerme con tanta facilidad. Sí antes las mejillas me ardían, lo de ahora no tenía ni punto de comparación.

- ¡Cómo que Oli baja la voz! ¡Traidora! ¡Qué fuerte!- miré a Efrén que había pasado de estar completamente confundido a haber juntado las pieza de nuestra silenciosa conversación. Esperaba que pudiera leer la disculpa en mis ojos.

Olivia avanzó hasta quedar a la altura de Efrén, quien había mantenido su mano sobre mi lumbar toda la conversación.

La que hasta este momento había sido mi mejor amiga (y a la que ahora quería asesinar) cruzó sus delgados brazos y a diferencia de mí, no necesitaba alzar su cabeza para enfrentarse a él.

Gracias a tu alta estatura y aquellas botas podía mirarle directamente a los ojos, que era exactamente lo que estaba haciendo. Antes de saltarle a la yugular.

- Espero que no te hayas comportado como un capullo con ella. Ni que lo estés haciendo ahora, porque si no…- hizo una pausa deliberada, lo bastante larga como para que sus palabras calaran, y lo recorrió de arriba abajo con la mirada- Tendremos un problema.

Efrén mantuvo su expresión impertérrita y la voz baja.

- No tengo intención de comportarme como un capullo con ella.

- Ya, como sí no lo hubieras hecho ya- la miré con firmeza-No me mires así.

Me gusta. Me gustáis- continuó ella, ladeando la cabeza mientras volvía a fijar sus ojos pardos en Efrén- Pero es imposible que no se haya comportado como un capullo.

Te conozco, Flora Hidalgo, eres demasiado para cualquiera.

- Eso no es verdad- me removí incomoda por el cariz que estaba tomando la conversación.

- Sí lo es y él lo sabe- replicó sin dudar, antes de que su expresión se transformara en pura alegría- ¡No puedo esperar a contárselo a Nico!- con un pequeño salto y una palmada, deshizo toda la tensión anterior.

La pareja que hacían iba a empezar a pasarme factura.

- ¿Por qué no has ido a cenar con él y tú nueva familia?- le pregunté solo por el gusto de hacerla rabiar.

- Él me ha traído aquí pero tú siempre serás mi familia. ¿Eso es carbonara?- me preguntó señalando el plato que tenía calentando.

- Sí- única agente alcancé a decir eso ante su capacidad de e ir algo realmente tierno a interesarse por otro tema diferente.

- Te quiero, Flora Hidalgo- cogió su plato, dándome un beso en la mejilla para acto seguido salir de la cocina. Miré a Efrén y me pregunté que acaba de pasar minutos antes.

- Vamos a la mesa antes de que Oli haga una de las suyas. Es peor que Iris y Kai- asintió y se colocó detrás de mí, cubriéndome las espaldas, como siempre hacía.