Fuimos Roma 19 #7
55%

19 #7

Efrén se pensaba que los sentimientos eran un botón de encendido y apagado que podía accionar cuando le diera la real gana.

Pensaba que podía besarme y que ello no iba a provocar ningún sentimiento o emoción en mí, puede que el fuera un bloque de hielo, pero yo no era así y estaba harta de que jugaran conmigo.

Me repuse como pude antes de sacar de mi bolso, que había conseguido recuperar antes de ir en busca de mi escondite, los pocos productos de maquillaje que había traído conmigo. A los minutos estaba como si nada hubiera pasado, ojalá todo fuera tan sencillo.

Bajé y deambulé buscando un rostro amigo en el que poder cobijarme, pero no había más que rostros disfrazados de la compasión y la tristeza, dos sentimientos que odiaba que sintieran por mí.

Asumiendo que lo único que me quedaría era sentarme en un sitio alejado de todas esas miradas a esperar a que cualquiera volviera, fui hasta el fondo del salón, donde, a través de la cristalera, distinguí la figura de Darío.

Darío Stracci, estaba sentado a los pies de las pequeñas escaleras que llevaban al césped natural que conformaba la terraza exterior.

Seguí la trayectoria de su mirada y me sorprendió conocer a quien miraba melancólico.

Su mirada no se despegaba, seguía cada movimiento mientras daba un sorbo a la bebida que quedaba en su vaso.

No podía distinguir bien su expresión, pero sus hombros hundidos y la forma en la que apretaba la mandíbula al apartar la mirada me hacía saber el tipo de dolor que estaba sufriendo en esos momentos. Dos corazones que sufren por otros se encuentran hasta en la oscuridad de la noche romana.

Cogí una de las mantas que habían sobre el respaldo de uno de los sofás y salí a la calle para reunirme con él. Abrí la mullida manta y la pasé por sus hombros para después sentarme a su lado y pasarla sobre los míos.

La sorpresa se distinguía en sus ojos turquesas y tras reconocerme su expresión se suavizo y me dejó ver al chico que había detrás de toda presión familiar. Se veía vulnerable, afligido y solo, algo raro en una persona que siempre intenta mostrar su lado más despreocupado.

Darío era el Stracci que siempre tenía un comentario ingenioso en la punta de la lengua, se le conocía en toda la ciudad por su carisma y por su habilidad de estar en todas las fiestas y en todos los problemas también.

Seguía siendo un niño pillo pero lleno de tatuajes y con un historial un poco problemático en cuanto a la violencia.

Nunca jamás había sentido miedo a su lado, era consciente de que era capaz de saltar a la yugular por las personas que amaba, pero nunca le había visto emplear la violencia sin ninguna razón.

Entre todos los rumores que corrían por su fama siempre habría un poco de verdad en ellos.

- ¿Mal de amores?- pregunté con una sonrisa ladeada, girándose hacia mí mientras exhalaba el humo del cigarro.

- El amor es una estafa piramidal de la hostia.

Para un tío que encuentro que merece la pena y no solo para echar un polvo poco memorable, va y le acojona decir que es gay- giro el rostro y me miró con una sonrisa triste en sus labios- Ojalá me gustara las tías, podríamos estar juntos y ser una pareja repelente- una sonrisa tiró de mis labios.

Le di un suave golpe con mi hombro contra el suyo.

- Creo que es una de las formas más cutres de las que me han pedido una cita.

Darío arqueo una ceja y me pasó su vaso, el líquido ámbar brillaba bajo la luz del jardín. Lo rechacé arrugando la nariz.

- ¿Saldrías conmigo, Hidalgo?- preguntó, medio en serio, medio en broma.

- Puede, si te esforzaras más por conseguir una cita conmigo.

- ¡Vamos! ¡Seríamos la pareja perfecta!

Su voz recuperó algo de su tono juguetón, pero su mirada volvió a perderse en el grupo de hombres que conversaban al otro lado del jardín. Tras un breve silencio, añadió con amargura:

- Al menos tú no me esconderías.

Qué irónica se estaba tornando la conversación.

- No debe de ser fácil revelar al mundo quién eres-respondí con pesar- Especialmente si estás casado.

- ¡Pero si ni siquiera follan!- exclamó, lo suficientemente alto como para que algunos de los presentes se giraran a mirarnos. Él, por supuesto, no se inmutó.

- No todo…

- No, no me vengas con la mierda de que “no todo es el sexo”.

Es una parte muy importante si dos personas se atraen, si no follas con tu mujer y viceversa, ¡es que no te pone!

Y eso me lleva al punto de que no tiene ningún sentido seguir en un matrimonio que te hace infeliz y en el que echas un polvo cada año bisiesto- soltó todo el golpe, con una mezcla de frustración y resignación- No entiendo porque le da tanto miedo decir quien es.

Debería decidir vivir por él y no por los demás.

- ¿Y si no le dejan?- pregunté, manteniendo mi tono bajo.

- Entonces es una mierda- admitió, apagando el cigarro contra el suelo- Pero siempre hay alguien dispuesto a quererle por lo que es, no, por lo que los demás esperan que sea.

Todo tiene solución, excepto un tiro entre ceja y ceja.

Ahí sí, date por jodido- sonreí ante su sinceridad, cruda y brutal, que me provocó un poco de alivio- Además, tiene un hermano bastante increíble.

- ¿Nico lo sabe?

- Nico me ayuda a colarme en su casa- abrí los ojos sorprendida, cuando en realidad no debería sorprenderme lo más mínimo .

- Por cierto, ¿sabes donde está? No creo que a su padre le haga mucha gracia, darse cuenta que no ha venido- si algo sabíadel señor De Luca es que era muy estricto.

- Tu amiga lo tiene bien ocupado- sonrió, sacando un nuevo cigarro de la cajetilla- Ni siquiera sé cómo pueden estar juntos sin matarse.

Lo encendió y dio una larga calada antes de mirarme de nuevo.

- ¿Y tú? ¿Mal de amores?

- Quitando el hecho de que casi provoco una guerra… estoy perfecta.

- Sí, perfectamente jodida- replicó, usando mis propias palabras para decir exactamente lo mismo que yo no me atrevía a admitir.

Nos quedamos cobijados bajo la manta durante un rato largo, hablando y riendo, se me hacía tan fácil reír con él que resultaba liberador.

En ningún momento hizo un comentario acerca de lo ocurrido aunque había sido uno de los primeros en aparecer.

Por un segundo, me imaginé que esto era mi constante, mi realidad y lo fácil que sería salir con él.

Firmaría el contrato con los ojos vendados si aquello iba a ser lo que deparara.

Consiguió que por unos segundos dejara de ser a la chica a la que habían humillado y publicado, la chica que habían besado de nuevo cuando ni siquiera le habló a la mañana siguiente después de acostarnos juntos, consiguió que dejara de ser la chica del pasado para ser la chica de ahora.

Pero como todo, el tiempo tiene un tiempo de caducidad y ese tiempo fue cuando Gabriele vino en su busca para llevarlo al despacho de su padre .

Me sentí sola al instante, no estaba de humor como para entrar y entablar una conversación vacía con personas que no conocía.

Salí al jardín bajo la manta y me maravilló poder ver esa cantidad de estrellas, puntos brillantes en el firmamento uniendo un camino inviable entre ellas.

Mis tacones se hundieron en el césped, sin ningún ruido, era un remanso de paz, ni siquiera las voces se filtraban por la cristalera ahora mismo solo estaba yo y la tristeza con el enfado agarrados a mi pecho, asfixiándome.

Ojalá pudiera quedarme aquí.