Fuimos Roma 19 #6
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19 #6

- No paras de hablar de lo que me merezco o debo de tener, mientras que no eres capaz de decirme lo que tú quieres.

Estoy harta que se decida por mi, estoy harta de que otros pongan en mi boca lo que debo decir o sentir.

¿Sabes lo que realmente deseo? Deseo que me beses, deseo que repitamos la misma noche una y mil veces y deseo que esto fuera una realidad y no un secreto que guardamos, como si fuera algo sucio.

¿Pero sabes lo que también deseo? Deseo que te quedes en este trabajo, deseo que obtengas todo lo que puedas y que hagas cosas mucho más grande, porque se que estás destinado a ser más.

No voy a manchar tu historial por mis deseos, voy a anteponer los tuyos a los míos, porque eso es lo que se hace cuando quieres a alguien, aunque la otra persona este tan asustada por sentir cualquier cosa que prefiera escudarse en mentiras antes que asumir, que los dos, estamos perfectamente jodidos.

Sus palabras me golpearon tan fuerte que durante unos segundos me dejaron sin respiración.

Se dio la vuelta para volver a la casa y antes de pensar en lo que estaba haciendo, la agarré y con fuerte tirón la acerqué hasta mi pecho, amarrándola a mí, devorando sus labios de nuevo.

Fue un beso casi violento, lleno de todos los sentimientos que no podía descifrar y que ella había abierto y expuesto de una forma tan sencilla que me había hecho sentir imbécil.

Llevaba años escondiéndolos bajo llave para que llegara ella y los desterrara y los plantara ante mí con un que te jodan , no dicho pero si implícito .

Recorrí sus labios con la punta de mi lengua, dibujando su arco de cupido tan marcado, el cual, me había tenido que contener de no besar cuando la había visto por primera vez esa noche.

Mis manos se mantenían aferradas a sus caderas, mientras que las suyas estaban en mi nuca, con sus uñas clavadas sobre mi piel.

Era evidente que ese beso estaba lleno de reproches, de palabras no dichas, de miradas furtivas, de enfado y de frustración. El deseo más carnal corría por mis venas. La devoré, bailando con su lengua a un ritmo endemoniado.

Tenía razón, esa mañana no había podido hablar con ella, porque si lo hubiera abierto la boca, no habría sido una única vez.

La estaba protegiendo y ella no paraba de llevarme al abismo, dejarme en el filo, incitándome a saltar para llegar a ella, pero no se daba cuenta, que lo único que la mantenía a salvo, era la distancia que nos separaba.

No sé cuál fue el pensamiento que atravesó su mente, pero se tensó entre mis brazos y se separó, como si mi tacto la quemara. Durante unos segundos me miró a los ojos, como solo ella sabía hacerlo, desmontando mi alma, dejándome desnudo.

Me miró con el dolor más puro brillando en sus ojos, con una mueca que rompió sus armónicos rasgos. Dando un hacia atrás, supe que si ahora mismo ella no me odiaba, sería porque era demasiado buena para mí, al final, ella era mi luz y yo solo su oscuridad.

- Vete a la mierda, Efrén- se dio la vuelta y vi como zigzagueaba entre la gente hasta llegar a lo que sabía que era el baño .

Su rostro partido por el dolor que yo mismo le estaba causando, abrió una nueva herida en mi. Supuestamente era yo el que debía de protegerla de cada persona que pudiera hacerle daño, pero no era capaz de protegerla de mi.

- Se puede saber, ¿qué coño acabas de hacer?- la voz dura y grave de Diego me atravesó hasta sacarme de mi estupor-Teníamos ordenes claras de no entrar en la propiedad, joder. Y tú te las has pasado por donde te ha dado la gana. ¿Te haces una idea de lo que has podido provocar?

- No me importa lo que tengan que decir los Stracci, y a ti tampoco te debería de importar.

- Son órdenes, tú y yo acatamos ordenes. No vamos por libre.

- ¡Estaba rodeada por más de diez armas! Me importa una puta mierda la ordenes si así la vamos a poner en peligro.

- Sabes lo que está en juego. Lorenzo está dentro de la cúpula, no lo jodas.

- ¿Es por eso por lo que me ha puesto como seguridad de su hija? ¿Por qué sabe que la puedo joder si no me parece bien?

- Eres gilipollas- Diego miró hacia otro lado haciendo que la luz incidiera sobre las canas que decoraban su pelo- Te ha puesto como encargado de su seguridad por que eres capaz de ponerte entre una bala y ella.

Porque no tenemos ni puta idea de como, pero eres capaz de memorizar datos y planos como si fuera una maldita fotografía, ¿o me vas a decir que no tienes un plan de escape para ella?

Eres bueno, Efrén. Pero también puedes mandarlo todo a la mierda si no paras de comportarte como un sociopata con su seguridad. Aquí esta segura.

- ¿Segura? Su padre esta jugando a dos bandas con la dos cabezas de la mafia de esta ciudad y ella no tiene ni puta idea de lo que pasa.

- Y el plan es que siga así. Así que deja los sentimientos a un lado.

- No se de que me estas hablando.

- Deberías mirarte a un espejo cuando la miras. Y ahora vuelve a tu posición que es la maldita entrada de la casa- si las miradas matasen, Diego ahora mismo estaría muerto y enterrado- Efrén- me llamo antes de desaparecer- Veas lo que veas en la entrada, no es asunto tuyo.

Fui hasta la entrada rumiando las palabras de Diego. Por un segundo creía que había visto nuestro beso, que había sido espectador de él y posiblemente era un pensamiento suicida, pero me daba igual.

La importancia que tenía la figura de Lorenzo para los Stracci era clave para poder destrozar la cúpula de los Altieri, quienes se habían asociado con la banda que dirigía los bajos fondos con la simple razón de expandir su territorio, aunque estaba claro que antes o después les venderían.

Llevar en secreto la preocupación real de ver a Flora entre ellos me hacía parecer un maniático ante sus ojos, pero estaba siendo un punto clave para unir a la familia sin ni siquiera que ella lo supusiera.

Si los Altieri se enteraban del juego de Lorenzo y a quiénes les era realmente fiel, irían a por ella sin dudarlo y eso, sumado a su cabezonería de ir a cualquier sitio sin seguridad, le ponía en bandeja de plata todo por lo que se estaba forjando .

Llegué a mi posición en la entrada principal, ganándome más de una cara de recriminación por parte de la seguridad de la familia. Ni que me importara lo que podían pensar.

A unos pocos metros de la entrada, vi como Aurora Stracci agarraba bien cerca de su cuerpo a Victoria Leone; no sabía cuáles eran sus palabras exactas, pero por la tez pálida y el temblor que se había adueñado del cuerpo de Leone, no creía que fueran palabras amables.

Le sujetó la puerta del vehículo para permitirla entrar y desde lejos se viera como un gesto amable. Cuando Leone se hubo subido, Aurora cerró la puerta y, antes de girarse en mi dirección, vi cómo hacía girar entre sus dedos un cuchillo.

Levantó su mirada justo en el momento en que accionaba el mecanismo para que la cuchilla se guardara mecánicamente. Nuestras miradas se encontraron, sonriendo, vino directa hacia mi.

- Ahora ya está segura, no hace falta que vuelvas a entrar-me dijo, dirigiéndose hacia la entrada, como si nada hubiera ocurrido.

- Entraré si lo considero necesario- respondí con firmeza. Se detuvo un instante, girándose ligeramente hacia mí.

- Creía que lo habíamos dejado claro: solo nuestra seguridad.

- Y su seguridad es bastante ineficiente, señora. Por el contrario, nunca me habría colado con tanta facilidad.

Para mi sorpresa, una sonrisa suave, curvos sus labios y asintió ligeramente, provocando que su cabello rojizo se moviera con elegancia .

- Que tenga buena noche, señor Torres- dijo mientras subía las escaleras hacia la puerta principal.

- La tendré siempre y cuando sean capaces de mantener las armas guardadas- contesté, cruzándome de brazos mientras observaba a la verdadera dama de la mafia romana.

- Aunque no se lo crea, odio el dramatismo que a veces conlleva ser de esta familia- hice una pausa, girándose una vez más hacia mí- Y otra cosa, señor Torres, cuídela. No creo que encuentre otra como ella.

- Ese es mi trabajo y lo que intento, pero se empeña en no ver el peligro que implica estar a su lado- una carcajada ligera salió de su garganta.

- No me refería que la cuidara de esa manera, pero ya que tiene las agallas de hablarme así, cuando a nadie más se le ocurre, espero que tenga las mismas agallas para luchar por ella- la miré sin saber que contestar- Agallas, señor Torres-continuó, sus ojos, clavándose en los míos, con una intensidad que casi me hizo retroceder- Para querer, se necesita valor.

Esto es un juego de niños en comparación con amar.

Y con esas palabras, desapareció tras la puerta, dejándome ahí, congelado, con el eco de sus palabras retumbando en mi cabeza. Valor. Eso era lo que me faltaba. Porque sabía que, por mucho que intentará protegerla del mundo, lo que realmente tenía era ser suficiente para ella.

Flora:

Entré en la casa, colándome entre los invitados, sin levantar la cabeza, intentando que nadie viera las lágrimas que caían por mis mejillas .

Subí a la primera planta, necesitaba estar sola durante unos segundos. Al final del pasillo, encontré uno de los baños de la casa y cerré la puerta para después bloquearla con el pestillo.

El reflejo que me devolvía el espejo era desolador.

Las lágrimas trazaban un camino perfecto sobre mi rostro, marcando la huella que el maquillaje intentaba ocultar, desvelando todo lo que quería esconder de las miradas indiscretas.

Intentaba calmarme, respirar sin sentir que cada respiración me ahogaba.

Tiré de la manilla de la ventana y dejé entrar la brisa de la noche; el aire helado golpeó mi piel y dio oxígeno a mi pobre corazón.

Sentirlo me serenó poco a poco, hasta que mi respiración volvió a la normalidad.

Estaba than enfadada, ta herida, que solo quería gritar.