17 #3
- Desde que estoy en tu cama. Contigo y solo contigo- a la mierda, no podía más .
- Esta noche- sabía que era un cabrón por decirlo justo ahora, en el momento más vulnerable y emocional, pero necesitaba que ambos fuéramos conscientes de lo que nunca íbamos a ser.
- Lo sé- sus ojos brillaron llenos de confianza y lujuria.
Ni siquiera me merecía esta noche con ella; era un regalo que ella nos hacía a ambos y era un egoísta por aceptarlo con los brazos abiertos, aunque nunca había dicho que no lo fuera.
Me incorporé levemente, dejando las manos libres de Flora y, con movimientos rápidos y casi furiosos, me deshice de los zapatos y del pantalón. Sus ojos me recorrían, me estudiaban y yo, siendo un narciso más, mi pecho se hinchó con orgullo.
Deslicé mis manos por sus muslos, besando desde su inicio hasta la parte baja de su rodilla, donde coincidía el inicio de esas dichosas botas.
Era hora de librarse de ellas, aunque la visión de su cuerpo desnudo con tan solo esas botas de tacón había sido demoledora.
Deslicé la cremallera hasta su tobillo, antes de besar ese mismo camino con lentitud.
Las botas cayeron con un sonido sordo sobre el parqué y aproveché para deshacerme de mis calzoncillos antes de colocarme sobre ella, no sin antes estirar mi brazo y coger uno de los pocos condones que había en mi mesilla de noche.
Me coloqué a milímetros de su entrada y, sosteniéndole la mirada, entré en ella de una sola vez.
Su gemido con mi gruñido se fusionaron y ambos nos quedamos quietos durante unos segundos; su humedad había hecho que me deslizara sin fricción, aunque podía seguir sintiendo como se dilataba y se acomodaba a mí .
Dejé caer mi frente sobre la suya, intentando recuperar el control, concentrándome en el ligero dolor que me provocaban las uñas de Flora clavadas en mi espalda, aunque de poco sirvió al imaginármelas; todo en ella me excitaba.
Me deslicé fuera y volví a clavársela de nuevo, y otra vez y otra. Creando un ritmo rápido, profundo, introduciéndome cada centímetro en ella y sus quejidos y gemidos se convirtieron en gritos.
Maldecí de todas las maneras que creí posibles. Liberé sus pechos del corsé, abriendo los primeros corchetes, maravillándome al ver cómo rebotaban en cada embestida y lo dulce que sabían, excitándolos hasta contraerlos y haciendo que cada respiración se convirtiera en una tortura sobre ellos.
Pensé que la primera vez que estuviera con ella, sería dulce pero erótico, pero era todo lo contrario, era sucio y sensual, primitivo; tan solo quería enterrarme en lo más profundo de su ser.
- Efrén. Oh - gimió, arqueó la espalda mientras me clavaba las uñas en los hombros- Tenías…tenías razón- era la primera vez que me daba la razón y tenía que elegir este momento. Joder, la adoraba.
Y lo que no es adorar, capullo.
- ¿En qué, colibrí?- le mordí el labio inferior, mientras mis manos estaban por todo su cuerpo.
- En qué vas a hacer que me corra- joder, joder, joder. Iba a acabar conmigo.
Su melena estaba despeinada, sus ojos brillaban por las lágrimas y su piel brillaba por el sudor. Pasé de sus labios hasta el punto debajo de su oreja que le había hecho gemir sin parar, deslicé mi lengua, la mordisqué, la besé y le susurré:
- Ahora, córrete, déjame verte- y como si mi voz fuera su detonante, explotó con la boca abierta y un gemido que la partió en dos, apretándome en su interior.
Sostuve su cuerpo tembloroso hasta que recuperó el aliento. Una vez que lo hizo, la senté conmigo en su interior, agarrándola de su precioso pelo, enrollándolo en mi puño.
Yo no me había corrido todavía y me negaba a que fuera la única vez que ella lo fuera a hacer.
Con su pelo en mi puño, volví a penetrarla con fuerza, follándola, mientras ella se aferraba a mis hombros. La agarré del culo y la subí en mi regazo, deslizándola lentamente sobre mí, antes de que mi ritmo aumentara hasta crear un ritmo sordo que acompañaba a nuestros gemidos.
Mi agonía contenida durante meses floreció en aquel momento. Estaba siendo duro, animal, pero no comprendía ahora otra manera de tenerla.
Con una mano cogió mi rostro y volvió a deslizar su lengua sobre mis labios, como había hecho momentos antes, volviéndome loco.
Sus gemidos caían sobre mis labios, permitiéndome beberlos; sus gritos se fundían con mis maldiciones y gruñidos.
Estaba cerca y cada vez que la miraba me daba cuenta de lo perfecta que era.
Me corrí justo después de ella con un fuerte gemido, encerrado entre nuestros labios, sacudiéndome con violencia. Perdí todos los sentidos durante algunos segundos y cuando los recuperé, todo lo que me envolvía era ella .
Flora se estremeció, la levanté y la metí debajo de las sábanas limpias; tras tirar el condón, la atraje hacia mi pecho, envolviéndola por completo con mi cuerpo.
La contemplé durante unos segundos, con su pecho subiendo y bajando, su piel brillante de sudor y el cabello despeinado cubriéndole el rostro.
- ¿Estás bien, colibrí?- el cariño con el que salieron las palabras de mis labios, me sorprendió, ni siquiera sabía que podía utilizar ese tono con nadie. Supongo que solo con Flora, únicamente con ella.
Asintió y girándose para quedar frente a frente.
- Ha sido…- soltó un suspiró y yo solté una carcajada- Wow-besó mis labios con ternura y después de cobijo en mi pecho.
- Eres mi perdición, colibrí, y aún así, te elegiría mil veces más.
Debía de dar mi vida por esta mujer, pero ahora, no lo haría porque debía, si no porque era mi destino, amarla, aunque no me hubiera dado cuenta antes y aunque esta noche va a ser mi perdición, mi tumba, elegiría mil veces vivirla a tan solo imaginarla.
Escuché como se ralentizaba su respiración hasta quedarse dormida. La contemplé, siéndome imposible retirar la mirada, pensando como diablos iba a sobrevivir tras esta noche y como me enfrentaría a ella mañana, cuando tan solo quería tener el poder de alagar esta noche hasta la eternidad.
Esta noche iba ser mi ruina, y no me importaba. Por ella, hasta el todo se quedaba corto.