Fuimos Roma 11
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Hands down

Efrén y Flora

Efrén:

Apenas dormí un par de horas antes de salir a correr. No había sacado nada en claro; todo era una suma de información sospechosamente banal. Había leído y releído el informe tantas veces como había podido antes de que mis ojos comenzaran a picarme por la falta de sueño.

Cada pequeño detalle, aunque pareciera insignificante, lo había investigado, llevándome directamente a la más pura frustración.

No había nada más allá del barrio en el que se había criado, donde la mafia, las drogas y las familias desestructuradas eran lo normal, pero incluso ese detalle había conseguido darle la vuelta.

Un chico criado en un barrio peligroso había conseguido reconducir su vida; era tan cliché que insultaba a mi inteligencia.

Cada zancada que daba en el suelo adoquinado de la ciudad era un dato que volvía a repasar mi mente.

El sudor caía por mi frente y mi respiración algo superficial; comenzaban a decirme que mis pulmones iban a empezar a sufrir si continuaba con ese ritmo, pero carecía de importancia, necesitaba centrarme y el ejercicio normalmente me ayudaba a ello.

Carlo D’Angelo se había criado en el barrio Esquilino , al sur de la estación de Termini . Los edificios abandonados, las vías del tren junto a las pintadas de las paredes distaban mucho de los ambientes que frecuentaba ahora .

Era uno de los barrios más peligrosos de la ciudad; la mafia de los bajos fondos llevaba la voz cantante y se movía cualquier tipo de mercancía que te pudieras imaginar.

Además, las carreras ilegales y las peleas no estaban exentas de aquellas calles tan pegadas a unas cúpulas totalmente opuestas, aunque también reinara la mafia.

Sus padres, a diferencias de sus hermanos, tenían trabajos honrados en lugar de vender opioides, crack, heroína, éxtasis o cualquier mierda que les pusieran delante.

Los tatuajes que lucían orgullosos en sus brazos, dejaban más que claro que estaban dentro del clan Fiore, aunque no fueran más que unos remplazables camellos.

Los tentáculos de Caterina Fiore, llegaban desde unos negocios supuestamente lícitos, que no eran más que una tapadera cutre para el blanqueo de dinero hasta la prostitución de lujo y drogas que distribuía a través de personas como los hermanos de Carlo.

Hasta el silencio por ser testigo de cada acción que hacia aquella mujer te hacía cómplice.

El miedo es libre y no hay nada más poderosos que controlar el de los demás.

A parte de eso, no había nada más. Lo siguiente que aparecía era su inicio en la seguridad de la familia Hidalgo, hacía cuatro años.

El segundo archivo que había mandado Joel era una investigación propia; ni siquiera sabía cómo lo había hecho, pero tampoco iba a ponerme a preguntar.

Los extractos bancarios de gastos comunes y las transferencias a sus padres, hacían de él un hijo ejemplar, además de los gastos en los bares que le gustaba frecuentar .

Algunos de ellos se encontraban en la parte alta de la ciudad; no había cargos extraños ni tampoco información comprometida de ninguno de ellos.

El resto eran más cuestionables, pero nada de lo que se pudiera acusar; incluso, yo mismo había acudido con él a uno de ellos, meses atrás.

No sabía de dónde podía tirar, pero sé que lo haría, solo necesitaba tiempo.

Después de más de una hora corriendo, volví a la embajada, con los pulmones quemándome. El silencio sepulcral reinaba en toda la casa, haciéndome conocedor de que Flora continuaba durmiendo; apenas habían pasado unos minutos de las siete de la mañana.

Antes de entrar a mi habitación y ducharme, no pude contener mi impulso y abrí con cuidado la puerta de su habitación y allí, acurrucada, debajo de las sábanas estaba ella, durmiendo plácidamente.

Sus pestañas descansaban sobre sus mejillas y sus labios entreabiertos dejaba salir pequeños ruidos.

Su cabello rosa estaba desparramado por su almohada y sábanas, otorgándoles color.

Con esa imagen en mi cabeza y un pellizco en el alma, me fui a la ducha para después llamar a mi madre.

Le debía una llamada. Los días siguientes hasta la llegada del embajador fueron fugaces, dominados por miradas profundas y caricias furtivas, fue un constante baile entre lo que debíamos de ser y lo que queríamos, el equilibrio cada vez más difícil de mantener.

Descubrí a una Flora más desinhibida, sentimental y pura.

Sus ojos aguados después de ver series o películas ante cualquier escena que rozaba el drama eran la definición de sentimiento.

Sus mejillas sonrojadas cuando mis palabras traspasaban los límites y mis ojos las recorrían como deseaba que lo hicieran mis manos.

Los suspiros que se escapaban de sus labios, cuando se quedaba dormida junto a mí en el sofá.

Su capacidad para vivirlo todo con intensidad y sentimiento, dejando atrás cualquier tipo de estigma y absorbiendo cada emoción que pudiera entrar en su cuerpo.

Pero todo ello, debíamos de atesorarlo como un secreto, ser nuestro y de nadie más.

Esa mañana, entré en el despacho de Lorenzo para la reunión semanal que manteníamos para mantenernos informados de cada detalle que pudiera comprometer su seguridad.

Allí estaba Diego, que se encontraba mucho más taciturno y malhumorado de lo normal desde que había vuelto de su viaje a Nápoles, y Carlo, quien me devolvió la mirada con desafío.

Todavía no sabía por qué coño permitía que siguiera aquí y por qué no había terminado con todos los problemas aquella misma noche.

Me ponía enfermo el pensar que iba a estar cerca de ella, que podía volver a ocurrir lo de aquella noche, mientras que yo podría haberlo evitado desde un principio.

Su labio, ahora curado, eran el recordatorio vívido de lo que era capaz de hacer.

Pero necesitaba tiempo, sabía que ese cabrón escondía algo, me lo decían mis tripas, y cuanto más tiempo le mantuviera a mi lado, mejor podría investigarle.

Solo me quedaba convertirme en la sombra de Flora, lo que iba a ser difícil debido a su constante necesidad de ir por libre y su falta de autocuidado.

- Por favor, sentaros- intercambié una mirada significativa con Diego, quien apretó la mandíbula antes de tomar asiento-Bien, las cosas han cambiado.

El contexto social y político y por ende, también económico esta dividiendo cada vez más rápido a la sociedad romana.

La familia Stracci ha ganado mucho poder en los últimos años y más teniendo en cuenta las últimas elecciones, pero no todo les pertenece a ellos.

La rivalidad con la familia Altieri cada vez es más palpable; los contratos de las grandes multinacionales se dan al mejor postor y las relaciones internacionales con el resto de países europeos y, evidentemente, con España, se están viendo seriamente afectadas- Lorenzo suspiró, desabrochándose el botón de la americana con gesto frustrado- Mi relación con Alessandro nunca ha sido una relación secreta a nivel de negocios; controla todo lo que entra y lo que sale de esta ciudad y tiene mucho poder en el resto de las ciudades italianas.

Pero nunca se había presentado como una posición en contra de nada, hasta que la familia Altieri se ha ido extendiendo.

La cena benéfica fue para ellos como una representación de qué lado me posiciono, tanto en la política como en las relaciones con los altos cargos y eso, a ciertas personalidades, no les ha sentado bien- desvió un segundo su mirada a la fotografía que tenía con su hija sobre la mesa, el único efecto personal que había en el despacho- Soy plenamente consciente de las verdades que se dicen de ellos y los enfrentamientos que están habiendo en las calles entre un bando y otro.

Antes o después esos enfrentamientos acaban en muertes; se acabarán matando entre ellos.

Normalmente esto no debería salpicarme demasiado, pero el ansia de poder de los Altieri está llegando a puntos demasiado peligrosos; quieren amansar un imperio, ser más poderosos que los Stracci y así tener la ciudad bajo su yugo.

Tanto es así que están expandiendo negocios más que cuestionables y uno de esos países es España.

La situación no es buena y me preocupa la seguridad de mi hija, por lo que he tomado la decisión de que Efrén, vas a ser el encargado de su seguridad.

Te quiero pegado a ella las veinticuatro horas del día, me da igual lo que diga y lo que discuta, no me importa.

- Así será, embajador, ¿se lo ha comunicado a ella?

- No, no quiero preocuparla y tampoco quiero que se revele. Sé que mi hija puede ser algo caprichosa con sus ideas y no quiero darle un motivo mayor para revelarse e ir por libre.

- Pero, Lorenzo, yo era el encargado de la seguridad de Flora y jamás le ha ocurrido nada. ¿Puedo saber a qué viene este cambio?- intervino Carlo.

- D’Angelo, la seguridad de mi hija no es objeto de discusión.

Esto no es una democracia en la que tengas voz y voto.

Además, estás demasiado implicado emocionalmente con ella y necesito a alguien que se mantenga frío en cuanto a las decisiones a tomar- Lorenzo, ajeno a la mirada que le lanzaba Carlo desde el otro lado de la mesa, sacó tres carpetas del cajón de debajo de la mesa, pero antes de que ni siquiera pudiera continuar hablando, Carlo volvió a abrir la boca.

- Le aconsejo, embajador, que guarde sus espaldas; cualquiera pudiera sorprenderle y no quisiera que hicieran daño a lo que más quiere en este mundo.

- ¿Me estás amenazando, hijo?- clavó sus furibundos ojos celestes en Carlo, quien, lejos de recular, se cuadró y le devolvió la mirada a Lorenzo.

- Yo solo digo, señor, que debería de saber en quién confiar, sobre todo si de ello depende la vida de su hija.

- Por esa misma razón, D’Angelo, le confió la vida de mi hija a Efrén, porque se interpondrá entre ella y cualquiera que ose provocarle cualquier dolor. ¿Harías tú lo mismo?

- Creía que mi tiempo aquí y mi lealtad hacia usted, hablaban por sí solos.

- D’Angelo, te recomiendo fervientemente que cierres esa bocaza que tienes en la mitad de la cara, antes de que te saque de este despacho y te pongas de patitas en la calle.

No me toques los cojones- le amenazó Diego, con tono calmado, aunque sus brazos cruzados sobre su pecho, decían lo contrario a su voz.

- En otro orden de cosas, en estos dossiers tenéis toda la información necesaria sobre las personalidades confirmadas, además de los trabajadores, que asistirán tanto a las reuniones como a los actos sociales a los que acudiremos en Bruselas.

Flora:

Mis días a solas con Efrén solo habían hecho más que aumentar las mariposas que empezaban a danzar libres por mi estómago. Su mirada me ponía nerviosa, su presencia me trastocaba y sus caricias furtivas calentaban mi cuerpo por horas.

Durante unos días, tuvimos la posibilidad de traspasar aún más el límite, dejar de asomarnos al precipicio y tirarnos de una vez por todas, pero no fue así. Nos contuvimos, con dificultad y cuando creía que nuestras ganas ganarían, uno de los dos daba un paso hacia atrás.

Había destruido cada una de las ideas que tenía acerca de él, convirtiéndose en un hombre atento, detallista e incluso en algunos momentos romántico.

Era consciente de cosas que hacía que ni siquiera yo misma lo era, se adelantaba un paso a cada una de mis acciones y me miraba de aquella manera que tan solo podía estar imaginándome.

Quedarme dormida sobre su pecho escuchando el latir rítmico de su corazón, mientras sus dedos se perdían entre los mechones de mi pelo, habían abierto ante mí la puerta a un lugar desconocido, al cual tenia tantas ganas como miedo.

El temor y la adrenalina que sentía en mis venas era una mezcla de emociones que me mantenía en lo alto de la montaña rusa, esperando la próxima bajada con la ilusión de volver a subir y sentirme en la cima del mundo.

Todas estas emociones se mezclaban con el miedo que todavía atizaba a mi corazón cuando recordaba el anónimo. Lo había enterrado en mi pequeña caja de música y cada noche la abría, a escondidas, buscando respuestas, las cuales no estaba muy segura de querer tener.

Estaba confundida, enfadada y asustada hasta la médula, pero aun así, una parte de mí se negaba a simplemente ir corriendo a mis guardaespaldas y decirles que algún loco me había mandado aquella fotografía con un panfleto informativo por alguna macabra razón.

No quería que la vulnerabilidad que sentía en este momento la solucionaran otros; debía de descubrir algo, lo que fuera.

O a lo mejor solo fue un anónimo, para asustarme y no se volverá a repetir.

Me agarraba a esa idea como un clavo ardiendo, pero ahora mismo era lo único que tenía.

No iría a Diego y a Efrén a menos que fuera completamente necesario. Si se enteraban de esto, entonces ya me podría olvidar de salir de casa con un chip. No iba a renunciar a mi libertad tan fácilmente; iban a ser necesarios más de un anónimo para ello.

De momento, necesitaba una tarde con mi mejor amiga, necesitaba poder hablarle de toda la situación con Efrén y volver a mi lugar seguro, igual tomar un par de copas de vino y sentir que la noche iba a ser eterna y que nada más importa.