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Enzo pasó por mi lado yendo a la barra para pedir otra ronda y yo terminé yéndome a una de las mesas de billar posteriores a donde se encontraba la nueva partida.
Las canciones internacionales se filtraron entre las italianas y me encontré cantándolas sin emitir sonido.
Sentada sobre la mesa, observé a Efrén, quien había resultado ser muy bueno en el billar.
Estaba hablando y de vez en cuando riendo con el resto; todo parecía tan normal, que era perfecto.
Pero sabía que tan solo era una falsa ilusión; a la mañana siguiente todo esto se devanaría como la niebla.
Oli vino directa a mí y se subió a la mesa sin esfuerzo.
- Me gusta- dijo dando un sorbo a su cerveza.
- ¿Dante o Nico?- le pregunté con una sonrisa en mis labios.
- Muy graciosa- sus ojos fueron de uno a otro, pero se detuvo unos segundos más de la cuenta sobre el segundo.
En ese momento empezó a sonar una antigua canción de Maroon 5 y, como si supieran la escena que tenía ante mí, la voz de Adam Levine dijo aquello de: oh, kept playing love like it was just a game, pretending to feel the same.
Jugaban a su particular juego en el que el primero en caer, provocaría que todas las fichas cayeran una tras otra, sin haber la posibilidad de una marcha atrás.
Todo o nada. El amor o el miedo a sentir.
- Me refería a Efrén. Me gusta para ti, tendrías que ver cómo te mira- agaché la mirada y la centré en los restos de vino que quedaban en la copa.
- No puede ser Oli, trabaja para papá.
- ¿Y?
- ¿Cómo que y?
- Sí, no te estoy diciendo que te cases con él, sino que disfrutes con él.
¡Ten una noche loca, amore ! Deja de pensar en los demás y piensa en ti-iba a añadir algo más cuando su teléfono comenzó a vibrar en su mano; frunció el ceño para después enseñarme el nombre de su padre, al cual tenía guardado como: Progenitor Ros.
Eso era raro, no solo por cómo guardaba a su padre sino porque su padre, nunca, jamás, en la vida, la llamaba- Supongo que ya se habrá enterado-dijo antes de llevarse el teléfono a la oreja- Stefano- escuchó lo que tuviera que decirle, no sabía qué era, pero conocía la sonrisa ladeada que empezaba a formarse en sus gruesos labios y eso significaba, que estaba a punto de atacar- No sé en qué momento te has creído que iba a contarte nada.
Hago las prácticas en tu mierda de bufete porque ese era el trato para que me pagaras la carrera, pero no se habló nada de los casos que iba a representar, así que voy a seguir con ese caso-contigo escuchando lo que dijera su padre- Voy a continuar con el caso pro bono, voy a sacar a ese chico de la cárcel y voy a demostrar que todo el mundo se equivocó al juzgarlo por su clase social.
¡Ah! Y papá, deberías estar orgulloso, el caso está en primera plana en el periódico al ser el primer caso pro bono del bufete Ros.
Disfruta de la fama y de la publicidad gratuita-dicho esto le colgó.
- ¡¿Un pro bono?! Tiene que estar dándole un ataque al gran Stefano Ros.
- Que le den. Y ahora- saltó de la mesa y tiró de mi mano- ¡Vamos a bailar !
Me arrastró hasta el centro del bar y, soltando una profunda carcajada, intenté seguir los pasos perfectamente acompasados de mi amiga.
Rápidamente se unieron Chiara, Lia y Nicole.
Saltamos, bailamos al ritmo de viejas canciones y entre ellas se coló una canción que disfruté mirando a los ojos de mi mejor amiga.
Fue uno de esos momentos que se te quedan grabados en la retina y pasan a ser de los momentos especiales dentro del imaginario de una relación, esos que te provocan cosquillas en el estómago cuando los recuerdas y te sacan una sonrisa que tiene pinta de quedarse ahí toda una vida.
La voz de la cantante expresaba todo lo que este momento, la rebeldía que burbujeaba en mi interior y las palabras que quería gritar.
Me acerqué a la barra para pedir una copa de vino y uno de los camareros, que debía de tener mi edad, vino hacia mí con un par de botellas de alcohol entre las manos.
Los mechones rubios le caían sobre la frente y un brillo divertido asomaba en su iris de un color que no podía descifrar debido a la poca iluminación del lugar.
Aparte del color de su pelo lo único que distinguía era un aro que llevaba en la oreja, sobre el que incidían las luces cálidas, resplandeciendo sobre el metal.
- ¿Lo mismo que antes?- me preguntó, apoyando ambas manos sobre la barra después de dejar las botellas tras él. Me sorprendió un poco que supiera que estaba bebiendo, teniendo en cuenta que la primera y única copa que había bebido, la había pedido Efrén y no yo.
- ¿Cómo sabes lo que estaba bebiendo?
- Eres de las pocas personas que no he visto beber cerveza.
- Touché - sacó una copa y me sirvió una más que considerable cantidad de vino, con la que me retiraría para el resto de la noche- Gracias.
- Dean- me tendió la mano y fui a estrechársela, pero aprovechó para agarrarme y acercarme a él y darme un beso en la mejilla a modo de saludo.
- Flora- le dije a la vez que cogía mi copa y daba un paso atrás para volver con mis amigos.
- ¡Espera! ¿Has dicho Flora?- salió de detrás de la barra y se plantó delante de mí. Debía de medir más de uno ochenta; para mirarle tenía que levantar mi cabeza, pero no tanto como cuando hablaba con Efrén.
- Si- dije algo extrañada.
- Me han dejado una cosa para ti- su mano fue a la parte trasera de su vaquero negro y me tendió un sobre cuidado de papel, le di la vuelta buscando alguna pista, pero no había nada.
- ¿Quién te lo ha dado?
- Ni idea, se ha largado antes de que pudiera preguntar. Tan solo me ha dicho tu nombre- escuchamos como le llamaba uno de sus compañeros; me guiñó un ojo antes de meterse detrás de la barra de nuevo- Invita la casa- creo que se lo agradecí, pero no escuché mi voz.