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- Sé quién es Oli- hizo hincapié en la forma en la que me había referido a ella- Olivia Ros, tu mejor amiga desde que llegaste aquí.
Es hija del abogado Stefano Ros, conocido por su mala reputación y su clasismo y la falta de escrúpulos a la hora de ganar cada juicio de sus representados.
Le da igual si es un asesinato o una desviación de dinero a algún paraíso fiscal; él siempre gana y siempre cobra. Su matrimonio co n
Valentina Coppola es una farsa y apenas tiene relación con su hija.
Ha sido relacionado con múltiples desfalcos de dinero y tramas que jamás se han llegado a investigar o a imputar; supongo que es por eso por lo que Olivia no le aguanta, ¿no?
No parece que los talleres feministas en los que participa activamente tu amiga sean un lugar donde tienen un momento padre e hija- no se me había escapado el comentario ácido del final, pero no pude evitar mirarle con los ojos abiertos como platos.
- Eh- carraspeé y di un trago a mi copa- Sí, así es. Pero tal y como habrás leído en el informe del que has sacado toda esta información sabrás, que Olivia no tiene nada que ver con su padre.
- De momento está limpia, solo alguna fiesta de más que no ha acabado muy bien, pero quitando eso, es bastante buena, teniendo en cuenta en los mundos que está envuelta- me tensé en la silla y le miré a los ojos; si antes estaba cabreada, ahora mismo estaba que echaba humo.
- Olivia es mi mejor amiga y punto; no la tienes que psicoanalizar y mucho menos tener en tu punto de mira.
Déjala en paz, está fuera de todos los límites, ¿ capito ?
- era una chica muy tranquila, al menos que tocaran a las personas que amaba; entonces, dejaba de ser tan dulce.
Podía no ser muchas cosas, pero si algo era en esta vida, era leal.
- ¿Estás segura de que sabes todo de ella? Se mueve en entornos poco recomendables, con personas poco recomendables. Sería mejor que supieras toda la verdad antes de poner la mano por alguien, colibrí. O podrías perderla.
- Está fuera de los límites, Torres. Déjala al margen y no vuelvas a investigar sobre ella.
- Es mi trabajo, tengo que estar alerta y saber de quién te rodeas, colibrí, así que puedes enfadarte todo lo que te dé la gana, patalear o montar un espectáculo, pero mientras esté en esa casa, se acabaron los límites, ¿capito?
- se encogió de hombros y dio también un trago largo de cerveza, sujetando el tercio con tan solo dos dedos.
- Trabajas para mi padre, no para mí; protege a mi padre y olvídate de mí- no me gustaba cómo me hacía sentir el hecho de que se me viera por encima de alguien. Para mí, era completamente absurdo.
Mi padre estaba obligado a llevar seguridad por razones obvias y, por ende, yo también.
Lo acepté; la verdad era que no tenía otra opción.
Pero igualmente, me gustaba sentirme independiente y sentir a estas personas prácticamente mi familia.
Pensar fríamente en la relación real que había detrás de todos estos años despertaba en mí un sentimiento de soledad enorme, imposible de frenar, que se instalaba en todo mi ser y corría por mis venas hasta llegar a mi corazón.
- Es lo mismo- me rebatió, dejando el botellín en la mesa.
- Para mí, no lo es.
La conversación volvió a verse interrumpida cuando Nico, desde la otra mesa, me tiró una bola de papel.
No sé si lo hizo queriendo o fue suerte, pero coló directamente la pelotilla en el escote de mi vestido.
Le atravesé con la mirada y por el rabillo del ojo vi, cómo los ojos de Efrén seguían peligrosamente a mis dedos para recuperar el papel y cómo fulminaban a Nico a continuación. Interesante.
- ¿He oído que viene la bruja de tu amiga? - puse los ojos en blanco y dejé la bola en el cenicero que tenía delante con colillas de los cigarrillos de Carlo.
La relación de Oli y Nico era nefasta. Cada vez que se veían, se esforzaban por ver quién quedaba por encima y mi amiga está muy lejos de ser una persona sumisa; si no todo lo contrario, era guerrera, cabezota y muy testaruda.
Y Nico, que disfrutaba molestándola, tenía siempre una sonrisa, la cual me recordaba a un niño pequeño cuando le pillabas haciendo una trastada.
Ambos venían de familias ricas de Roma, pero no tenían absolutamente nada que ver y esa dualidad chocaba cada vez que se veían.
- Sí, ¿qué tal si probáis a ser algo más, no sé, normales? - se disponía a contestarme con cualquier comentario divertido que le exculpara, pero mi teléfono tenía otros planes.
- Hay media Roma aquí dentro, ¿dónde coño estáis? - me preguntó Oli, gritando por encima de la música.
- En la terraza. La del fondo.
- Va a empezar a tocar el grupo, meter vuestro culo aquí, que me hago un hueco- antes de colgar, escuché cómo discutía con un chico- Mira tío, llevo un día de mierda, pégate hacia ese lado y déjame un hueco- volví a poner los ojos en blanco y colgué la llamada.
- Oli dice que empieza el grupo a tocar ya, que vayamos dentro, que ha cogido hueco- todos asintieron y se levantaron cogiendo sus bebidas correspondientes, menos Leo y Emma, que ya estaban muy ocupados metiéndose la lengua hasta la garganta.
Qué relación más rara. Un día sí y otros tres no, no había quien les siguiera el ritmo.
Carlo cogió mis cosas y, junto a Efrén, recogí los botellines de cerveza y mi vaso de chupito, pues mi copa la había cogido ya Carlo. Él era así, siempre pendiente de mí y de mis cosas, de que no me dejara nada desperdigado y de que siempre que necesitara cualquier cosa, él ya se había adelantado.
Dejamos la mesa recogida y nos deshicimos de los botellines y del vaso, al inicio de la barra. Busqué a Oli con la mirada hasta que la divisé en el centro de la barra, justo en frente del grupo que empezaba en ese momento su presentación.
Fuimos en su búsqueda y, en cuanto llegué a su altura, me dio un abrazo fuerte.
Sus ojos verdes brillaban bajo la capa de máscara de pestañas y el delineado negro que llevaba.
Llevaba un top de encaje negro sin nada más debajo, siendo el pelo quien ocultaba sus pezones, junto a unos pantalones negros vaqueros llenos de cristales que reflejaban la luz, envolviéndola en un haz de luz.
Sus botas negras de Balenciaga de tacón, lo que provocaba que tuviera que abrazarla por la cintura.
- No sabía que aquí dejaban entrar a los figlio di papá , esto está lejos de la zona rica, ¿te has perdido?
- me di la vuelta para encontrarme con Nico apoyado en la barra, pidiendo más botellines de cerveza.
Echó la cabeza atrás y se rió con una profunda carcajada.
Los rizos dorados le caían por la frente y sus ojos azules como el océano centelleaban por la diversión.
- La hija de una de las familias más importantes del país y la hija del embajador de España en Roma están aquí.
De hecho, las tengo delante, ¿os habéis perdido vosotras también?
¿O es que te gusta verme, principessa ? - sin poder evitarlo, solté una carcajada, la cual tapé con mi copa de Rossini, pero Oli ya me estaba fulminando con la mirada- Al final voy a terminar pensando que te gusto, Ros.
- Ni me gustas ni me gustarás jamás, De Luca.
Antes me meto a monja- se dio la vuelta y dio un trago largo a su cerveza, para después agarrarme de la mano y meternos de lleno entre las personas que se agolpaban a los pies del pequeño escenario donde empezaron a tocaron unos acordes que todos los presentes reconocimos al instante.
La banda comenzó a interpretar su versión de Z itti e Buoni , cantamos a pleno pulmón con rebeldía y reímos cuando acabamos.
Continuamos cantando, bailando y riendo cada una de las canciones que interpretaban y me sentía tan libre, entre todas aquellas personas, que mi mente se quedó en blanco y solo me centré en el aquí y en el ahora.
Se reunieron con nosotras Carlo y Nico. Carlo me agarró por detrás; con sus brazos sobre sus hombros, le miré sobre mis hombros a lo que él respondió con un guiño.
Oli estaba completamente centrada en el batería de la banda; tanto era así que no se dio cuenta de cómo la miraba Nico, aunque tenía a otra chica entre sus brazos. Estaba deseando ver cómo acababa esta historia.
La banda acabó y la música comenzó a sonar por los altavoces; las luces se apagaron por completo y tan solo quedaron los led para iluminar un mínimo la sala.
Me fijé en que todos los miembros de la banda fueron directos a la barra, menos el batería que se quedó con Olivia.
Tatuado y con cara de destrozarte la vida con la cantidad de traumas que ha recolectado a lo largo de su vida, así eran los que le gustaban a mi amiga y ella era un imán para ellos.
A los pocos minutos perdí a Oli y continué bailando con el grupo enorme que se había formado entre los amigos de Carlo y quienes conocía de la universidad.
Carlo no se despegó de mí ni un minuto; bailamos juntos, muy pegados, sin hacerse raro.
Así era nuestra relación y, mientras que estuvo conmigo, no se acercó a ninguna chica, sino que rió de una forma tan despreocupada que pocas veces le veía y me protegía de cada pequeña cosa que podía pasarme.
Con calor y sed, me acerqué a la barra y miré a ambos lados para ver dónde se encontraba Efrén.
Me fastidiaba reconocerlo, pero había estado pendiente de él.
Había visto por el rabillo del ojo como tonteaba con Bianca apoyado en la barra y como se había divertido con ella, con una cerveza entre sus manos.
Le prestaba toda su atención y ella estaba más que encantada y yo sin poder apartar la vista.
Presencié cómo poco a poco se iban acercando un poco más el uno al otro, hasta que alguna parte de su cuerpo entraba en contacto con la del otro, pero de esto hacía bastante tiempo.
Pedí la bebida de Carlo y la mía; mientras las preparaban, decidí ir a buscar el baño y, cuando estaba por cruzar la puerta, encontré a Efrén. Y a Bianca. A Efrén con Bianca.
La puerta del almacén, entreabierta, enmarcaba la escena a la perfección ante mis ojos indiscretos.
Bianca estaba apoyada contra la pared, siendo devorada con ganas por los labios de Efrén.
Sus ojos se mantenían cerrados, entregados a la intensidad del momento, mientras las manos de él, recorrían sus largas piernas desnudas, cubiertas solo por un diminuto short negro.
Se separaron durante un instante, mientras que la manos de Efrén se deslizaban más allá del límite del pantalón de ella escurriéndose por debajo del tejido y posando sus labios sobre su cuello.
Su lengua volvió a asaltar sin control la boca de ella mientras que su otra mano pasaba peligrosamente sobre su monte de Venus.
Sentí cómo mi corazón se desbocaba, cada latido amplificando la sensación de calor que se instalaba en mi cuerpo. No me tocaba a mí, pero cada roce sobre ella parecía reverberar en mi piel. No me besaba a mí, peor mis labios ardían con el deseo de sentir los suyos.
Con decisión di otro paso hacia el baño, pero antes, como si una energía me atrajera sin razón, me giré una vez más.
Entonces, sus ojos. Oscuros, profundos, excitados, me atraparon.
Efrén me miraba, sin dejar de besarla. Sus ojos clavados en los míos, me desafiaban descaradamente, una llama consumía todo mi torrente sanguíneo instalando un cosquilleo en mi interior.
Y su sonrisa, lenta, peligrosa, me desarmó por completo.
El cosquilleo recorrió mi columna, mezclando la excitación y la rabia, atrapándome, dándole un poder que jamás debería de haber tenido. Haciéndole conocedor que me excitaba desde la distancia, siendo el ganador de esta partida.
Poco tiempo después, abandoné el establecimiento, con la mano de Carlo sobre la parte baja de mi espalda.
Mandé un mensaje a Oli para avisarle de que me llevaba Carlo a casa, quien había dejado de beber para poder llevarme en coche.
Su respuesta fue una foto con el batería y con muchos chupitos de por medio; mañana se arrepentiría, de los chupitos, no del batería.
Antes de salir por la puerta, me giré para poder escuchar bien algo que me estaba susurrando Carlo al oído y mi mirada se volvió a encontrar con la de Efrén.
Me mantuve firme mientras la suya se desvió a la mano de Carlo; parecía no gustarle lo que veía.
Bueno, pues, por mucho que me pesara, ya éramos dos.