Fugitiva (La monja detective 2) 6
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Ya oscurecía en la División Criminal cuando llegaron los primeros datos sobre Vega Baker: detective privada. Oficina en la calle Baker. Domicilio en las mismas señas. Sin antecedentes. Licencia en regla. Un par de intervenciones como testigo en procesos civiles. Nada relevante en el ámbito penal.

Sabrina tenía su libreta abierta sobre el escritorio y tomaba nota de los datos esenciales mientras uno de los agentes confirmaba su dirección y número de contacto.

—¿Se ha conseguido hablar con ella? —preguntó la subinspectora sin dejar de anotar.

—Su móvil no da señal ni hemos conseguido localizarlo. Imagino que se habrá deshecho de él.

—De acuerdo. Habrá que personarse en la calle Baker para comprobar si está en casa o en su oficina.

El agente asintió y salió con un compañero camino de la calle. Unos minutos más tarde, Sabrina hizo lo propio, en su caso para hacerle una visita a Laura Murdoch, la esposa de la víctima.

Cuando llegó al domicilio de los Murdoch, se encontró con un numeroso grupo de personas acompañando a la viuda.

Cuando se identificó, más de uno le quiso dejar claro que no era bienvenida.

Sabrina lo entendía. Para ellos, no era ni el momento ni el lugar adecuados, pero tenía claro que las primeras horas de una investigación pueden ser cruciales y le importaban muy poco las antipatías que pudiera estar provocando su presencia.

Cuando Laura accedió a hablar con ella en privado, la subinspectora la miró con más detenimiento y pudo detectar las pronunciadas ojeras y la palidez en el rostro que no necesitaba interpretación.

Se encerraron en la cocina y Sabrina no esperó ni un segundo para lanzar sus preguntas, sin adornos ni contemplaciones.

—Su marido había reservado una habitación en el hotel Semiramis con una mujer. ¿Tenía usted conocimiento de esa cita?

Laura negó con la cabeza.

—No sabía nada del hotel. Pero sí sospechaba que me era infiel.

—¿Por qué?

Laura tardó unos segundos en responder.

—Hubo una mujer… Me abordó por la calle hace unos días.

Me dijo que mi marido tenía una amante. Que ella lo había sido antes pero que la había dejado.

Parecía dolida… No quise creerla, pero entonces me dio un nombre, Vega Baker, y me dijo que esa persona era la única que podía dar por ciertas sus palabras.

»Cuando comprobé que esa Vega Baker era una detective privada, quise interpretar que aquella mujer me sugería contratar sus servicios para investigar a mi marido.

—Y lo hizo —constató más que preguntó Sabrina sin alterar la expresión.

Laura asintió con la cabeza. Sabrina anotó el nuevo dato en el perfil que había abierto sobre Vega y luego calló por unos segundos, tratando de procesar las implicaciones del mismo.

—Quería saber la verdad antes de tomar una decisión —añadió Laura como justificándose.

—¿Su marido sabía que lo estaban investigando?

—No… Creo que no.

—Hábleme de esa mujer. ¿Le dijo su nombre?

—Fue todo muy rápido. Se me acercó, dijo lo que tenía que decir y se fue antes de que pudiera reaccionar.

—Entiendo. ¿Al menos recuerda cómo era? ¿Algún rasgo físico destacable?

—Era rubia y vestía con colores llamativos. Sé que no es gran cosa, pero ya le digo que no me dio tiempo a mucho.

—No importa. Cualquier detalle es importante.

En ese momento Sabrina recibió en el teléfono un aviso. Eran las primeras capturas extraídas de las cámaras del vestíbulo del hotel. Se apartó ligeramente y revisó las imágenes. Murdoch entrando. Registro en recepción. Una mujer unos pasos detrás, gafas oscuras, boina, abrigo negro.

Regresó junto a Laura y le mostró la pantalla ampliando la imagen de la mujer.

—¿Reconoce a esta persona?

Laura observó la imagen con detenimiento. No respondió de inmediato, pero sus ojos anticipaban algo.

—La cara no se ve bien —dijo al fin—. Pero… sí. Creo que es ella.

—¿Ella? ¿Quién? ¿La amante?

—No. Vega Baker.

La subinspectora fue a añadir una nueva anotación casi de manera automática pero cambió de idea.

Aquello parecía encajar con tanta facilidad que no le encajaba del todo.

Enumeró rápidamente los datos: Vega Baker es contratada para confirmar la infidelidad de Bastian Murdoch y resulta ser la amante. Luego lo mata en un arranque de… ¿qué?

—¿Por qué cree que es ella? —volvió a la carga dejando sus pensamientos para más tarde.

—No es solo el físico. Es la forma de caminar. La manera en que se aparta un poco cuando espera. Ella se movía así.

Sabrina guardó el teléfono sin añadir nada.

—¿Conocía bien a la señora Baker?

—Apenas nos vimos un par de veces, pero tengo facilidad para quedarme con la gente. Además, esa forma de andar… No sé, no es que tenga nada de particular pero es de esas personas a las que se reconoce cuando las ves venir de lejos.

—¿Cuándo fue la última vez que habló con ella?

—Ayer por la tarde. Me dijo que había visto a mi marido con una mujer.

—¿Le dijo dónde?

—No.

Sabrina se levantó y le dio las gracias a Laura.

—Si recuerda cualquier detalle adicional, póngase en contacto con nosotros —le dijo dejando su tarjeta sobre la mesa de la cocina.

Laura asintió, más por inercia que por convicción.

Al salir, Sabrina recibió una llamada de los agentes desplazados al domicilio de Vega.

—La señorita Baker no está en su casa ni en la oficina. Hemos hablado con un hombre que dice vivir en el mismo edificio. Un tal Conrad Nego. Asegura que no sabe dónde está.

—¿Crees que sí podría saberlo?

—No estoy seguro. Yo diría que decía la verdad, pero tampoco es que colaborara mucho.

—Entiendo. —Sabrina anotó el nombre de aquel hombre en su libreta—. ¿Algo más?

—La oficina está cerrada. Sin señales de actividad reciente.

Sabrina dio las instrucciones pertinentes para que se dejara constancia formal del intento de localización y solicitó que se mantuviera vigilancia discreta.

De regreso a la División, pidió también las grabaciones del aparcamiento del hotel.

Las imágenes mostraban un vehículo que coincidía en hora con la llegada de Murdoch. Del asiento del conductor descendía una mujer con abrigo oscuro y la misma complexión observada en el vestíbulo. La matrícula fue ampliada para análisis.

Sabrina observó la secuencia completa sin emitir comentario.

Persona de interés.

Intentos de localización sin resultado.

Presencia confirmada en el hotel.

No había nada concluyente, pero tampoco era circunstancial.

Anotó los hechos en orden cronológico y solicitó el informe completo de las cámaras, incluidos los ascensores.

Después indicó que, si en las siguientes horas no se lograba contacto con Vega Baker, se elevaría el nivel de prioridad en su búsqueda.

No añadió calificativos.

El caso seguía siendo sencillo.

Pero la persona que podía aclararlo se encontraba de momento en paradero desconocido.

Faltaba saber por qué.