Capítulo 23 #3
La doncella dejó de prestar atención al vestido y buscó la mirada de Joyce a través del espejo.
—Si realmente quiere comenzar esa nueva etapa, que supongo será una etapa al lado de Lord Kinloss, quizá debería empezar por confiar en él.
La observación tocó una fibra que Joyce no esperaba.
—¡Confío en él!
—Entonces dígale adónde va.
Joyce guardó silencio.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque es mejor que no lo sepa. Es mejor que Brett permanezca al margen de esto. Hay otras cuestiones que podrían verse afectadas y no quiero que suceda.
—¿Qué cuestiones, milady?
Joyce cerró los ojos un instante.
—Dios santo, no vas a dejarme en paz, ¿verdad?
—No, milady. Para eso me pagan.
—¡No se te paga para eso!
—Considérelo un extra que aporto personalmente a mi labor.
—Un extra que nadie te ha pedido.
—Soy muy comprometida con mi trabajo, milady.
Joyce la miró fijamente. Alice sostuvo su mirada y, esta vez, Joyce no encontró en ella ni picardía ni curiosidad.
Había seriedad y un deje de preocupación que la hizo sentirse culpable.
Quizá, después de todo, le vendría bien hablar con alguien sobre esa pequeña espina que llevaba clavada desde hacía días y que ahora, cuando tenía motivos para ser feliz, le impedía disfrutar de esa felicidad por completo.
—Se trata del duque —confesó finalmente Joyce.
La expresión de Alice cambió.
—¿Va a ver al duque de Strathcairn?
—Sí.
—¿Sola?
—Sí, Alice. Sola.
La doncella la contempló durante un instante.
—¿Quiere que le traiga café en lugar de té?
Joyce frunció el ceño.
—¿Para qué quiero café?
—Quizá una infusión un poco más fuerte consiga acomodarle las ideas, milady. ¿Acaso ha olvidado que abandonó a ese hombre en el altar? Lo recuerda toda la sociedad londinense.
—¡Precisamente por eso! Si todavía lo recuerda toda la sociedad londinense, imagina cuánto debe de recordarlo el duque.
—Comprendo eso, milady. Lo que no comprendo es por qué tiene que ir a verlo sola. Con mayor razón debería acompañarla su marido.
Joyce exhaló y se dejó caer, ya vestida, en el banco frente al tocador.
—Ese es el punto conflictivo aquí, Alice. Brett tiene negocios con él. Negocios importantes. Y no permitiré que se vean perjudicados por algo que hice yo. Si existe algún resentimiento entre el duque y nosotros, comenzó conmigo. Yo fui quien huyó. Brett solo estuvo allí cuando lo necesité.
—¿Y piensa solucionar el asunto pidiéndole disculpas? ¿De esa manera pretende cerrar esa vieja etapa?
—Si eso es lo que necesita, sí. Debí hacerlo hace mucho tiempo. Quizá necesite gritarme. Quizá quiera escucharme reconocer que lo que hice estuvo mal. No lo sé. Pero, sea lo que sea, quiero terminar con este asunto antes de que afecte a Brett.
Alice negó lentamente con la cabeza.
—Sigo pensando que debería contárselo a su esposo. Imagine que se entera mientras usted no está. Dudo mucho que eso vaya a ponerlo de buen humor.
—Por eso intenté no contarte nada, pero tú te has empeñado en arrancarme cada palabra. La idea es que Brett no descubra nada hasta que yo haya regresado. ¿De acuerdo?
Alice no pareció demasiado convencida.
—¿Puedes comprometerte, como parte de esa labor que dices desempeñar con tanta dedicación, a mantener la boca cerrada, Alice?
—Puedo intentarlo.
—No quiero que lo intentes. Quiero que lo hagas. Cuando mi esposo se despierte, le dirás que tenía que hacer algunos recados en Londres. Nada más. Te das media vuelta y te marchas.
—¿Qué clase de recados? Necesitaría algo más de contexto para que mi interpretación resulte convincente.
—Invéntalos, Alice. Los que quieras.
—¿Quiere que le mienta a Lord Kinloss?
—Dile lo que quieras, lo primero que se te cruce por la cabeza —Joyce hizo un gesto impaciente—. Solo no le digas que he ido a ver al duque. ¿Entendido? No le hables de mi visita a Hamish, ni de lo que pienso hacer, ni de las cartas que he recibido de él.
Alice frunció el ceño.
—¿Cartas?
Joyce se quedó inmóvil.
¡Maldición! Se le había escapado precisamente el detalle que pretendía mantener en el más absoluto secreto.
—¿Qué cartas, milady?
—Ninguna.
—Ha dicho cartas.
—Me he equivocado.
—En plural.
—Alice...
—¿El duque le ha enviado varias cartas?
Joyce cerró los ojos. Había conseguido enredarse en sus propias palabras.
—Olvídate de las cartas. Haz de cuenta que no he dicho nada. Ve a decirle al cochero que prepare el carruaje. Ahora... Cuanto antes me marche, antes estaré de regreso.
Alice permaneció unos segundos donde estaba, dividida entre obedecer la orden y continuar con el interrogatorio.
—¡Alice!
—Ya voy, milady.
Finalmente se encaminó hacia la puerta.
—Y recuerda lo que te he dicho.
La doncella volvió la cabeza.
—Lo recuerdo todo, milady.
Solo necesitaba que Alice mantuviera la boca cerrada durante unas horas. Iría a Londres, hablaría con Hamish, pondría fin a aquel asunto y regresaría a Kinloss antes de que Brett tuviera siquiera tiempo de preocuparse.
Después podría volver junto a él. Besarlo. Sentir sus brazos alrededor de su cuerpo y comenzar, por fin, esa nueva etapa que tanto deseaba.