Capítulo 26 — Sin reservas
—¿De verdad viniste? ¿Por qué no me dijiste nada ayer? —Valeria lo dejó entrar, todavía con una sensación de irrealidad, como si siguiera soñando.
—No estaba seguro de alcanzar a llegar. Quise confirmarlo antes de decírtelo. —Mauricio cerró la puerta a sus espaldas.
Su voz sonó tranquila, pero en sus ojos había ternura, cansancio y un toque de resignación, como si le estuviera consintiendo aquel capricho tan fuera de lo normal.
En ese instante, Valeria dejó de querer reclamarle cualquier cosa.
Fue ella quien le rodeó el cuello con los brazos y lo atrajo para que se inclinara a besarla.
Fue un beso apasionado y urgente.
Más intenso que cualquiera de los que se habían dado antes.
Valeria dejó atrás la frustración de estar enamorada sin saber si él sentía lo mismo.
Lo besó con tal intensidad que hasta el aire a su alrededor pareció calentarse.
Mauricio se quedó sorprendido un instante. Luego soltó la maleta, la abrazó y la condujo hasta la pared.
…
Por un momento, los dos perdieron un poco el control.
—¿Y ahora sí quieres que te consienta? —Mauricio se apartó apenas, mirándola con intensidad—. ¿No que me extrañabas mucho?
Valeria no respondió. Se inclinó para besarlo. Sus labios tibios le rozaron la frente, los párpados, la punta de la nariz y las mejillas, hasta que al final se quedaron sobre los de él, fundiéndose en una caricia íntima.
El beso era apasionado, lleno de ternura.
Mauricio apretó los dientes, pero terminó cediendo. La cargó hasta la cama.
Después, Valeria se quedó con la cabeza recargada en el borde de la tina, una toalla bajo el cuello y el cuerpo sumergido en el agua, sin fuerzas. Parecía una flor abierta, húmeda y suave, a merced de quien quisiera moverla.
Mauricio estaba bajo la regadera. Las gotas resbalaban sobre sus músculos lisos y le recordaron a Valeria el video de su entrenamiento.
—¿Cuándo te regresas? —preguntó, intentando distraerse.
—Mañana, en el primer vuelo.
Valeria apartó la mirada.
—¿Tan temprano?
—Sí. Al mediodía tengo una comida con un socio comercial.
—Ah… —Valeria se quedó sin palabras. De pronto no supo qué decir.
Mauricio volvió la cabeza hacia ella.
—¿Ahora sí me puedes decir por qué?
—¿Por qué qué?
—¿Por qué insististe tanto en que viniera?
Aunque durante la llamada Valeria no había explicado nada, era evidente que estaba actuando de una manera extraña.
¿Por qué?
Mauricio la miró, esperando una respuesta.
Al final, Valeria suspiró.
—Entonces… ¿puedes contestarme primero una pregunta?
—Sí.
—¿Qué somos tú y yo?