Fuera de ruta Capítulo 23 — Poner distancia
58%

Capítulo 23 — Poner distancia

Esa noche, los representantes de la empresa cliente se reunieron con Valeria y Emiliano. Revisaron los puntos centrales de la negociación y dejaron claros los términos mínimos y los asuntos que debían tratar con especial cuidado.

Al día siguiente, antes de la reunión, Emiliano se arregló con esmero para no estorbar. Llevaba traje y corbata y se veía bastante bien, aunque el nudo… de algún modo se veía raro.

—¿Qué nudo hiciste? —le preguntó Valeria.

—No sé. Lo encontré en internet. Creo que se llama nudo cruzado.

—¿Seguro que no te confundiste? —Valeria hizo una mueca.

—¿Sí? —Emiliano bajó la vista y lo examinó un rato. También le pareció que algo estaba mal, así que se deshizo el nudo y volvió a intentarlo.

Le daba vueltas a la corbata, pero no conseguía acomodarla. Valeria perdió la paciencia, se puso frente a él y se la quitó de las manos.

Con los dedos dobló la tela de un lado y del otro, y en poco tiempo hizo un nudo clásico y elegante.

Emiliano bajó la cabeza y trató de aprenderse los pasos, aunque le parecieron demasiado complicados. Al final se quedó sonriendo al ver la corbata bien puesta y se tomó una foto para subirla a sus estados de WhatsApp.

La primera ronda de negociaciones fue bastante bien.

Al terminar, Valeria llevó a Emiliano de vuelta al hotel y le enseñó a redactar la minuta.

Emiliano se dio maña con eso. En poco tiempo terminó el informe como Valeria le había indicado y luego se puso a contestar los comentarios de sus estados, donde había subido la foto de la mañana.

Tenía WhatsApp abierto también en la computadora, así que le resultaba más fácil escribir.

Por momentos contestaba comentarios; luego abría una conversación privada y hasta inició una videollamada para mostrarle a alguien su ropa de oficina.

Valeria volvió del balcón después de atender una llamada y alcanzó a ver a una mujer en la pantalla. Parecía tener más o menos su edad, era muy guapa y, por alguna razón, le resultaba conocida.

—Ya volvió, licenciada Ríos —dijo Emiliano. Luego se dirigió a la mujer de la pantalla—. Fernanda, te dejo. Tengo que trabajar.

—Hablamos luego —se despidió ella con una sonrisa.

Valeria también reconoció algo en su voz.

—¿Es amiga tuya? —preguntó cuando Emiliano cerró la videollamada. No sabía si ya la había visto antes.

—¿Fernanda? —Emiliano volvió al documento de la minuta—. Se podría decir que sí, aunque, para ser más precisos, es la exnovia de mi tío.

Lo dijo en voz baja, pero Valeria lo oyó.

De pronto recordó dónde había visto a aquella mujer. Era la misma que encontró por casualidad en Grupo Altavista una vez, cuando le decía a Mauricio que quería terminar con él.

Durante la cena, Valeria vio el estado de Emiliano.

No había escrito nada. Solo había subido una selfie con ropa de oficina.

Le dio «Me gusta» delante de él y luego preguntó con un tono fingidamente casual:

—La mujer guapa con la que hablabas hace rato… ¿dijiste que era exnovia de tu tío?

—Sí. Aunque terminaron, Fernanda es muy buena onda y seguimos en contacto.

—Ah. —Valeria asintió y continuó, como si solo estuviera chismeando—: La exnovia de tu tío es muy guapa. Se veían bien juntos. ¿Por qué terminaron?

—No sé. Según parece, ella fue quien terminó con él. Pero después mi abuela quiso que volvieran y mi tío no se mostró muy interesado.

—¿Tu abuela quería que regresaran? —La mirada de Valeria se ensombreció—. Entonces, ¿ya la había presentado con la familia?

—No sé cómo decirlo. Fernanda es doctora.

Mi abuela la conoció primero y luego se la presentó a mi tío.

No sé si eso cuenta como presentarla a la familia, pero todos en la casa ya la conocían, menos mi abuelo…

—Emiliano hizo memoria y de pronto suspiró—.

La verdad, Fernanda es muy buena persona.

Antes de morir, mi abuela todavía decía que esperaba que ella y mi tío volvieran.

Pero nunca alcanzó a verlo. Sí da un poco de tristeza.

—Ya… —Valeria bajó la mirada y estuvo de acuerdo—. Sí, es una lástima.

Pero hasta ella notó que su tono no sonaba sincero.

De vuelta en su habitación después de cenar, Valeria terminó el trabajo pendiente. Cuando se quedó con la mente en blanco, volvió a pensar en la tal Fernanda.

Solo la había visto un par de veces, pero de verdad era muy guapa.

Tenía la piel clara y facciones delicadas. Al hablar, alzaba un poco la barbilla, con una seguridad orgullosa pero natural. Parecía alguien que había crecido muy consentida y estaba convencida de que merecía todo lo mejor del mundo.

Sin saber por qué, Valeria también pensó en Claudia Serrano, igualmente guapa pero más reservada, y en aquella compañera que llegó a mitad de la preparatoria y le pidió ayuda para escribirle una carta de amor a alguien…

En realidad, salvo por ser bonitas, no tenían casi nada en común.

¿Qué tipo de mujer le gustaba a Mauricio?

Probablemente él no iba a contestarle esa pregunta.

Antes, tanto si ella le preguntaba con indirectas si recordaba a cierta compañera de la preparatoria como si le preguntaba sin rodeos cómo había cortejado a Claudia Serrano, Mauricio respondía con ligereza y cambiaba de tema, como si no quisiera hablar de eso.

A veces Valeria se preguntaba si algún día él también hablaría de ella con esa misma indiferencia. O quizá ni siquiera tendría derecho a aparecer en sus historias, porque nadie conocía el secreto entre ambos y nadie preguntaría por ella.

Los últimos días de coqueteo le habían hecho creer que su relación con Mauricio era distinta.

Pero, si lo pensaba bien, él no había dicho nada ni le había prometido nada.

Seguían siendo amigos con derechos. Habían compartido momentos más íntimos, pero él nunca le había dado un lugar único.

Ella seguía sin tener derecho a preguntarle por su pasado ni a vincularse con él abiertamente.

Pensarlo le apretó el corazón y le dejó una tristeza agria y opresiva.

Cuando Mauricio le escribió para preguntarle cómo había ido la negociación, Valeria estaba acostada y no tuvo ganas de responderle.