17 Niko
niko
—No hay ningún problema —digo, sujetando el móvil entre la oreja y el hombro mientras meto un jersey y unos calcetines en la bolsa—. Haré el pago de los próximos dos meses. Sí, necesita rescindir el alquiler. Vale, gracias por su comprensión. Transferiré los fondos. Cuídese.
Termino la llamada, abro la app del banco y hago la transferencia. Luego me cuelgo la bolsa al hombro.
Al salir del apartamento, inhalo el aire fresco de la tarde mientras camino hacia el garaje. El equipo se reúne esta noche para revisar vídeos y después me ducharé y me cambiaré antes de ir a cenar con Stavros, Jorgen y, con suerte, algunos otros compañeros.
Una vez me siento al volante de mi Mercedes, le mando un mensaje rápido a Luca.
Niko
El apartamento está solucionado. Gracias por avisar.
Cuando no pude contactar con Bianca antes, entré en pánico y recurrí a su hermano, que me había escrito su número y el de Carla poco después de la cena en su apartamento.
Luca fue más comprensivo de lo que esperaba y, una vez nos pusimos a hablar, admitió que Bianca se siente sobrepasada.
Le pedí detalles y, cuando mencionó lo de rescindir el alquiler de la ciudad, me ofrecí a ayudar.
Creo que Luca se sorprendió, pero me dio las gracias y me pasó la información del casero de Bianca.
Desde hace cinco minutos, el contrato está rescindido, los fondos transferidos, sus muebles y pertenencias personales van camino de un trastero y Bianca tiene una cosa menos por la que estresarse.
Dejo el móvil en el portavasos de la consola central y saco el coche con cuidado del garaje hacia la calle.
Ojalá Bianca me hubiera confiado que se sentía sobrepasada, pero no puedo culparla por guardarse sus sentimientos.
No nos conocemos bien y la vida nos ha arrojado juntos a una situación difícil.
Sé que necesitamos comunicarnos y trabajar juntos para superar esto, para darle a nuestro bebé una vida buena y estable, pero es complicado.
Nunca he estado en una situación así y no tengo ni idea de cómo navegarla. Sigo intentando aparecer, estar presente y tenderle la mano, pero creo que Bianca encuentra mis llamadas y mensajes más irritantes que considerados.
Obviamente, no puedo recurrir a su hermano cada vez que no me coge el teléfono. Pero el puto pánico que me atravesó cuando no pude contactar con ella no se parece a nada que haya experimentado antes.
Siento como si mi vida se hubiera puesto patas arriba el día que supe que Bianca estaba embarazada.
Y es difícil no tener ningún control en la situación.
Por mucho que crea que ella siente resentimiento hacia mí porque yo sigo viviendo la carrera de mis sueños mientras ella desarraiga su vida, odio que ella tenga el control de todas las decisiones y elecciones mientras yo estoy en la banda, esperando que me ponga al tanto.
Pero no puedo decirle eso. No ahora, cuando nuestra confianza sigue siendo frágil. No ahora, cuando está sobrepasada y estresada y ni siquiera ha cerrado todavía una cita médica.
Lo único que puedo hacer ahora es demostrarle que me importa, que estoy implicado, que no voy a abandonarla ni a ella ni al bebé.
Y solucionar lo de su alquiler en Nueva York me pareció la mejor forma de hacerlo, aunque nunca llegue a saber que fui yo.
Le dije a Luca que se atribuyera el mérito porque no necesito ese reconocimiento tanto como necesito que ella tenga un poco de paz mental.
Entro en el estadio y aparco en la zona designada. Luego cojo la bolsa, me apresuro hacia la arena y me reúno con el equipo para ver vídeos.
—¿Qué pasa, Karas? —grita Stavros cuando entro.
—Eh, tío. —Le doy una palmada en la espalda y me siento a su lado.
Unos cuantos compañeros me saludan. Algunos me ignoran por completo.
Me acomodo en el asiento y fijo la atención en la pantalla.
La sala está casi en silencio, salvo por pequeños focos de conversación en voz baja. Odio lo solo, lo asfixiado que me siento aquí. Estoy acostumbrado a una energía ruidosa y desbordante. A un equipo con la moral alta y espíritu grande. A mi familia.
Y con cada día que paso en Alemania, echo de menos mi vida en Chicago más de lo que jamás creí posible.
—No tenías que pagar para rescindir mi alquiler —dice Bianca, con un hilo de acusación en la voz, cuando hacemos FaceTime la noche siguiente.
—Tu hermano no tenía que decirte que fui yo —respondo, pellizcándome el puente de la nariz ante la frustración de su tono. Se me está formando una cefalea tensional que me rodea las sienes con fuerza.
—¿Qué te pasa? —pregunta Bianca.
—Nada. —Niego con la cabeza—. Solo dolor de cabeza. ¿Cómo te sien…?
—Bien —salta, cortándome. Y luego—: Perdona. Es que odio sentirme como una inválida todo el tiempo.
—Lo entiendo.
—Hoy he dejado mi trabajo —comparte Bianca.
Mi mirada salta a la suya en la pantalla.
—¿Cómo ha ido?
—Bien.
—Venga, Bianca. ¿De verdad?
Suspira.
—Ha sido jodidamente horrible. He llorado.
El corazón se me retuerce y me paso los dientes por el labio inferior. Aliviado de que por fin esté compartiendo algo real conmigo, no digo nada, esperando que siga hablando.
La suerte está de mi lado, porque lo hace.
—Chris fue muy comprensivo. Su empatía me hizo sentir aún peor. Y solloce como un bebé, joder —admite Bianca.
—Chris es un gran tío.
—Lo sé. Voy a echar de menos tenerlo como mentor.
—Estoy seguro de que siempre estará de tu lado, Honeybee, si alguna vez necesitas su consejo o quieres usarlo como referencia.
Asiente.
—Supongo que volveré a mis plataformas sociales y a comentar streetwear.
—¿A qué te refieres? —Ladeo la cabeza.
—Así fue más o menos como empecé —dice, lanzándose a una explicación sobre cómo sus plataformas en redes y su interacción la ayudaron a conseguir las prácticas en URBN Move que acabaron convirtiéndose en su puesto a tiempo completo—.
Quizá pueda conseguir algunas colaboraciones con marcas aquí.
Voy a escribirle a Joe, mi antiguo jefe en Corcho, un pub deportivo, a ver si puedo pillar algunos turnos de camarera —añade—.
Me gustaría encontrar mi propio sitio y dejar que Luca y Carla disfruten de su etapa de recién casados y luna de miel.
Frunzo el ceño.
—No necesitas trabajar, Bianca.
Ante eso, se le agrandan los ojos y se le afinan los labios.
Mierda. Retrocedo. Rápido.
—Quiero decir, entiendo que quieras trabajar, pero si estás intentando ahorrar dinero para un apartamento, no tienes por qué. Yo podría…
—Ya pagaste para rescindir mi alquiler. —Me corta.
—¿Y?
—¡Y! —Alza las cejas—. No puedes financiarme la vida, Niko. No eres mi novio. Joder, si no estuviera embarazada de tu bebé, ¿seríamos siquiera amigos?
Joder. Me recuesto en la silla como si me hubiera empujado físicamente.
En pantalla, Bianca hace una mueca.
—Lo siento. No quería… Siento que estoy cediendo todo el control sobre mi vida y eso me está haciendo entrar en espiral.
—Interesante —ofrezco, con el tono más duro—. Porque yo siento que tú tienes todo el control en este escenario y yo tengo que quedarme sentado y depender de ti, confiar en ti, para que compartas cualquier información. O la retengas, si te apetece.
Resopla, entrecerrando los ojos.
—Te cuento todo lo del bebé.
Suelto una risa. Pero no tiene nada de humor. Es áspera y está atravesada de frustración.
—Claro. Como me contaste que estabas embarazada.
Bianca palidece y lanza una mano al aire.
Al instante me siento fatal por echárselo en cara. Sé que estaba procesándolo y no es que me debiera a mí, un desconocido, sus sentimientos en tiempo real.
—Lo siento —murmuro.
—No —suspira—. Lo siento yo. Estoy… poniéndotelo difícil cuando intentaste hacer algo bonito por mí. Es que odio sentirme indefensa.
—Lo entiendo —digo, y lo digo de verdad—. Pero tenemos que trabajar juntos, tenemos que comunicarnos, si queremos que esto funcione. No quiero que mi hijo crezca pensando que no me importabais una mierda. Me importáis, Bianca. Y estoy intentando demostrártelo.
—Lo sé.
—Después del susto que tuviste, no quiero que vuelves a esforzarte de más. No tienes que trabajar en dos sitios. Y no es porque no seas capaz, sino porque ya estás haciendo el trabajo más difícil. Estás creando a nuestro bebé, manteniéndolo a salvo.
Se le corta la respiración cuando llamo al bebé «nuestro» y mentiría si dijera que darme cuenta no me tira de algo en el pecho.
—Lo mejor que puedo hacer por ti ahora mismo, desde Alemania, es estar pendiente, escucharte y aportar recursos económicos. Por favor, no me pelees eso. Nada más parece estar bajo mi control y entiendo lo debilitante que es sentir que no llevas las riendas de tu vida.
Bianca inhala hondo y lo suelta despacio. Luego asiente.
—De acuerdo. Vale.
Contengo la sonrisa.
—¿Pediste cita con la ginecóloga?
—Sí. Es dentro de dos semanas y media. —Me dice la fecha.
—Estaré allí.
—Pero si no puedes…
—Estaré allí —confirmo. No tengo ni idea de cómo voy a conseguirlo, pero moveré montañas para estar en esa cita—. Y ya que estaré en la ciudad, ¿por qué no miramos algunos pisos para ti?
La expresión de Bianca se suaviza.
—¿De verdad?
—Sí.
—Vale —exhala, y luego, más bajo—: Gracias, Niko.
Asiento, bostezando.
—Voy a caer redondo, pero mañana te llamo.
—Prometo contestar.
Resoplo.
—Eso es todo lo que pido, Honeybee.
Cuando terminamos la llamada, me pongo un chándal y me derrumbo en la cama, aliviado de que el agotamiento me golpee antes de que mi mente pueda empezar a girar.
Mañana trazaré una estrategia para conseguir permiso para la cita de Bianca.
Mañana.