Capítulo 67
El remate: El último toque que decide todo.
Amber
Al bajar las escaleras, veo a Henry en calzoncillos andando por el comedor. Es como si el hecho de que ayer nos volviéramos a acostar, y de que hayamos dormido juntos, sea… ¿Tan normal? Me da igual el número de veces que pase, porque en mi cabeza sigue sonando raro.
—Ya creía que te iba a tener que despertar —dice, cuando bajo las escaleras—, y, para ser sincero, no se me da muy bien. A Mark le eché un cubo de agua en la cara, directamente.
—¿Un cubo de agua? —Carcajeo.
—Tendrías que ver el sueño profundo que tiene.
Al pasar por delante de mí, mis ojos van enseguida a su culo.
«Amber, te acabas de levantar».
—Voy a darme un chapuzón para despejarme. —Lo veo salir por la puerta de cristal, para meterse de una en la piscina.
Se sumerge varias veces en el agua, y luego sale para secarse con una toalla que hay encima de la tumbona.
—Tendríamos que… —Percibo que un par de gotas de su pelo caen al suelo.
—¿Lo de ayer? Fue increíble. —Se queda pensativo—. Espera, dime que no te estás arrepintiendo. Dime que esa cabeza tuya no ha barajado miles de teorías estúpidas.
Se sacude el pelo y continúo fijándome en las gotas.
—Mi cabeza está bien. —Me sorprende hasta a mí que mi cabeza esté tan silenciada—. Y no me arrepiento. O sea, somos dos personas adultas, ¿cierto?
—¿Me lo estás preguntando?
—Olvídalo, no sé ni por qué ha sonado como pregunta.
—Amber, ¿qué pasa?
—No quiero ser una WAG.
Conforme esa palabra sale por mi boca, me arrepiento de inmediato. Dios, ¿por qué tengo que ser tan brusca en estos momentos?
Henry me mira y frunce el ceño. Veo cómo el cabreo se va adueñando de su rostro.
—¿Una WAG? —Mira hacia el suelo—. Voy a serte lo más claro que pueda, para intentar hacer esto bien, porque, como te dije —me observa—, no voy a comportarme como un capullo.
No quiero que seas WAG de nadie y, como alguien se atreva alguna vez a llamarte así, no sé si podré controlarme.
—Cierra la mano derecha con fuerza—. Y, a sabiendas de que puedas irte por esa puerta, tengo que decirte que no puedo tener solo esto contigo.
No esperaba ni este nivel de sinceridad, ni esa última frase.
—¿No quieres nada conmigo?
—No he dicho eso, Amber. —Resopla, llevándose la mano a la nuca—.
Me he puesto tu nombre a mi espalda delante de miles de personas, aun sabiendo que las redes arderán por ello.
De cara al público, parecemos dos títeres.
Estamos juntos, cortamos… Un sinsentido.
Así que, por primera vez, quiero que tomemos las riendas de esto.
—Yo tampoco he mirado las redes.
—Mejor —indica—. Lo que estoy intentando decir es que…
Joder, Amber, me he acostumbrado demasiado a ti.
Se me hace raro que no estés aquí, no escuchar tu risa o tus contestaciones.
Al igual que no tener ese zumo de naranja en mi nevera y que el motivo no seas tú.
Si hasta veo el color de tu pelo en las puñeteras luces.
—Señala las de la entrada—. Necesito que cruces la línea conmigo, Amber.
Y eso implica decir verdades. —Me mira, esperando una respuesta.
Siento que el suelo se tambalea bajo mis pies y, al mismo tiempo, una parte de mí se llena de una calma que no había sentido antes. Es como si, después de tantas idas y venidas, estuviéramos intentando hacer las cosas bien.
Que me diga que hay cosas que le recuerdan a mí es algo que jamás pensé escuchar de alguien como él. En alguna parte de mi cabeza, todavía está ese Henry ligón y que no se compromete con nadie. Una parte que he intentado que persistiera en mi cabeza, solo para alejarme.
Lo miro a los ojos y veo la sinceridad en su expresión. Quiero estar con él, de verdad, sin el miedo a lo que otros digan o piensen.
—Si todo fuera diferente…
—Podemos hacerlo diferente. Solo somos dos personas tratando de hacer que algo funcione, ya está.
—¿Y qué vamos a decir?
—Por primera vez, la verdad. De hecho, es que no tenemos ni por qué dar explicaciones.
Me siento en el taburete de la cocina y se acomoda a mi lado.
En cierta manera, tiene razón. La gente ya cree que hemos vuelto, por lo que, ¿para qué hacer algo más? Sé que la que se llevará la peor parte, siempre, seré yo. Tal y como está ocurriendo ahora.
—Lo único que hay que aclarar es lo que queremos entre nosotros —nos señala a ambos—, y después de eso, te invito a pasar toda la mañana sin teléfono en la piscina. —Me guiña un ojo, y sonrío—. No quiero presionarte, en serio. Si quieres que esto sea sexo, genial.
No estoy dispuesta a que moldes mentales, opiniones o creencias decidan mi vida. Siempre he demostrado lo válida que era. Siempre me he esforzado más para estar al mismo nivel que otras personas.
Me merezco elegir lo que yo quiera.
—No quiero solo sexo.
—Estaba deseando escuchar eso —admite—. Aunque hubiera sido mejor: «Henry, quiero ser tu novia».
—Oh, perdón por decepcionarte, Harrington. —Mi tono es de burla—. Espero no escuchar a ninguna chica en televisión, redes o…
—Te soy fiel, Amber Prescott. —Gira mi silla y acerca su rostro—. Quiero absolutamente todo contigo. —Pensaba que nunca diría esto, pero confío en él—. ¿Piscina?
Asiento con la cabeza.
Henry me coge de la mano, hasta que llegamos a la terraza.
—El bikini —menciono, recordando que no llevo nada.
—No había planteado la opción de bañarnos desnudos, pero ya que lo propones… —Veo cómo sus dedos van hacia el calzoncillo.
—No he dicho eso.
—Lo has insinuado, que es lo mismo.
Sonrío, porque esto va a ser ahora nuestra rutina.
Le miro, mientras mi mano eleva la camiseta larga, para empezar a bajarme el pantalón de chándal. Uno que él mismo me dejó, de uno de sus anteriores equipos.
Ambos nos mantenemos la mirada, desafiándonos.
El contacto visual se rompe cuando me quito la camiseta.
—Las damas, primero —me dice, quitándose los calzoncillos.
—¿Para verme el culo? —Elevo la ceja—. Prefiero ver el tuyo.
—Hacemos una cosa. —Se acerca y coloca la mano en mi nuca. Siento que mi cuerpo se excita de inmediato. Ni siquiera soy capaz de bajar la mirada a su pene—. Yo primero. Luego te voy a demostrar que el sofá y esta piscina solo tienen sentido si tú estás en ellos.
—Me parece un buen trato. —Pellizco su culo con mis uñas.
Henry sonríe, y luego se da la vuelta, yendo directo al agua. Eso sí, lo hace con un andar lento, porque es que hasta él mismo adora su puto cuerpo. Y no me extraña.
Aprovecho que su figura está hundida en el agua para lanzarme.
Cuando mi cabeza emerge, lo primero que noto es la mano de Henry en mi teta.
—Esto no estaba en el trato.
—Vaya, creo que no has leído la letra pequeña.
Me río, llevando la cabeza hacia atrás.
Henry me agarra de la cintura para acercar ambos cuerpos. Con su fuerza y el movimiento del agua, acabo rodeándolo con mis piernas.
—Esta postura es una muy mala idea, Prescott.
—Como acerques eso a…
—¿Acabas de llamar eso a mi polla? —Rueda los ojos—. Si me hubiera puesto un condón, probablemente sí que hubiese entrado ya dentro de ti. —Sonríe, mientras mueve la mano a mi vagina—. Ahora, prefiero esto.