Fuera de contrato Capítulo 60
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Capítulo 60

Falta estratégica: Cuando detener el avance del rival es más importante que seguir las reglas al pie de la letra.

Henry

—¿Sensaciones? —pregunta Mark, a mi lado, aún con la lengua fuera.

—Horribles.

Los entrenamientos de después de vacaciones son los peores. Más que nada, porque, aunque no abandonamos nunca el ejercicio, no tenemos el mismo nivel de exigencia, y volver a la rutina se nota.

—¿Os pesan los huevos o qué? —La voz de Asher se cuela entre ambos.

—Me pesa el alma —le corrige Mark—, aunque los huevos también —bromea.

Los tres nos reímos.

Después de un buen rato de esprints y ejercicios que parecen diseñados por mi peor enemigo, el entrenador nos ha dado un minidescanso. Mark se sienta en el suelo, a mi lado, apoyando las manos detrás de él.

—Espero que la próxima vez chutéis más fuerte —se queja, mirándome más concretamente a mí—. ¿O has perdido fuerza estos meses?

—¿Quieres que chute más fuerte, Asher? —lo desafío de broma.

—Si yo estuviera en tu lugar, te reventaría —asegura, poniéndose los guantes de portero—, y más teniendo en cuenta que te estás tirando a mi hermana.

—Vale… ¿Eso ha sido una verdad en mitad de una broma? —Mark se nos queda mirando a ambos.

De pronto, Asher sonríe y vuelve el clima de comodidad.

—¿Ahora no puedo bromear con nada o qué? —Resopla—. Lo tengo más que asumido, chicos. De hecho, hasta me alegra.

Frunzo el ceño, mirando hacia los lados, para ver si hay alguna cámara oculta. Luego, observo a Mark, desconcertado.

«¿Está contento de que tenga lo que sea con su hermana?».

—¿Perdón?

—Perdonado, ya lo sabes. —Se ríe—. Estoy contento porque, de todos estos bobos, creo que eres perfecto para ella.

—Pues sí que parece que nos ha afectado el entrenamiento, sí —añade Mark, riéndose.

El equipo está disperso, por lo que el entrenador tiene que llamarnos con el silbato para retomar el entrenamiento.

Mark se levanta del suelo y presiona mi hombro para que baje mi cuerpo, mientras él da un salto. Después, como si lo hubieran pactado, Mark y Asher colocan sus brazos sobre mis hombros.

—¿Vais a juntar manitas o qué? —digo, intentando mirar la espalda y sus manos.

—Para tocarte el culo, si quieres —contesta Mark.

Conforme nos acercamos, vemos que el resto del equipo también nos observa. Entre ellos, Jack. Desde la situación con Amber, no he vuelto a hablar con él. Sé que no es mala persona, pero prefiero alejarme ahora mismo y dejar distancia.

Cuando llegamos, mis dos amigos deciden soltarme, al fin.

—Por cierto, no quiero que me cuentes nada sobre ella, ¿entendido?

Asiento con la cabeza y Asher da un par de palmadas con los guantes, para irse hacia la portería, a continuación.

No he vuelto a hablar de Amber con él desde…

Para empezar, nunca lo he hecho. Durante las vacaciones le preguntaba, es cierto, pero no le hablaba de nada nuestro.

El único momento fue en la discoteca, por el tema de Jack.

De todas formas, supongo que habrá hablado con Mark y que, bueno, quizás Amber también le haya dicho cómo está la situación entre ambos. Al final, es bastante evidente.

—Coge aire con los pulmones por mí, colega, que lo necesito —guasea Mark.

Me seco un poco el pelo con la toalla, y luego me pongo la primera camiseta de deporte que he encontrado en mi armario esta mañana.

—Bonitos calzoncillos —bromea Ramírez, pasando por mi lado.

Yo sonrío, y le envío un beso con la mano.

El vestuario es así siempre. De hecho, con solo echar un vistazo, se nota que cada uno está en sus movidas, y a sus tiempos, porque sí, hay jugadores que todavía están desnudos y sin ducharse.

Me pongo el chándal y cojo la bolsa de deporte.

—¿Vas a casa? —me pregunta Mark, cuando me ve.

—¿A la tuya o a la mía? —Le guiño un ojo.

—A la tuya, imbécil.

—No, voy a hacer una parada antes.

—ASHER —grita en mitad del vestuario. Por suerte, entre tanto jaleo, a nadie le extraña. Intento callarle la boca, pero es demasiado tarde—. ¿Has escuchado eso? Dice que tiene que hacer una parada antes de ir a casa —enfatiza la última palabra.

—Recuérdame que te quite la puta llave de mi casa.

—¡NO QUIERO SABER NADA! —vocifera el hermano de Amber, desde el otro lado.

Mensaje recibido. Alto y claro.

La verdad es que ni siquiera sé si Amber está en casa.

Al igual que tampoco veo normal las ganas que tengo de verla.

Joder, ¿qué ha pasado? ¿Veinticuatro horas?

¿Menos? Nunca he tenido esta necesidad de…

no separarme de alguien. Y es que es justo eso.

Quiero estar con ella desde que me levanto hasta que me acuesto.

Joder, creo que este entrenamiento nos ha sentado fatal a todos.

«Mejor mentir que afrontar la verdad, ¿no?».

Dejo la bolsa con la ropa en la parte de atrás del coche. Por raro que suene, hoy no me he traído la Ducati.

Cuando entro al coche, lo primero que hago después de arrancar es llamarla.

—¿Amber?

—Sí, dime. —Oigo unos ruidos de fondo—. Me pillas un poco liada, pero dime.

—¿Estás en casa?

—Sí, ¿por?

—Estoy de camino.

No dice nada y siento que la he cagado. ¿Por qué mi mente creía que ir después de mi entrenamiento a su casa era buena idea? ¿Por qué iba a querer pasar ella más tiempo conmigo? ¿Acaso somos algo como para eso?

—Te espero.

Esas dos palabras hacen que mi cuerpo y mi mente se relajen.