Capítulo 59
Recuperación: Volver a estar de pie tras perder el balón.
Amber
—Mira a ver quién es —dice Henry desde la cocina.
Me acerco a la pantalla y compruebo que es un repartidor. Le abro, suponiendo que Henry está esperando algún pedido.
—¿Amber Prescott? —me pregunta, sosteniendo una bolsa de cartón, y asiento.
Después de cogerlo, el repartidor se marcha.
Miro dentro de la bolsa y, por el nombre, puedo intuir lo que es. Después, veo unos vasos de cartón rellenos de un líquido naranja.
—¿Has pedido el desayuno?
—Sí. —Me dirijo a la cocina—. Me parece buena idea empezar la mañana así. —Me guiña un ojo—. Además, como ayer se acabó el zumo de naranja…
—¿Has pedido este desayuno por mí?
No sé por qué a mi cabeza le cuesta creerlo.
—Yo también tengo que desayunar, ¿no? —Saca el zumo y lo eleva, fingiendo un brindis—. Además, esto me vendrá de lujo para reponer fuerzas después de lo de anoche.
Me río, porque anoche no pasó absolutamente nada. Dormimos juntos, sí, pero cualquiera que escuche esa entonación que ha utilizado, podría pensar que habla de un tema sexual.
—Eres un fantasma, ¿eh?
Sonríe, y luego me coge de las muñecas para acercarme a él. Posa sus dedos en mi mandíbula y yo trago saliva, porque no se imagina lo que me excita ese gesto.
—Nunca pensé que diría esto, pero me da igual que no te hayas lavado los dientes porque tengo unas ganas enormes de… —Acerca la boca a la mía.
—¡No, no! —Carcajeo, mientras agito mi cuerpo para escapar de sus manos—. La boca me tiene que oler fatal.
—Sabes que me importa entre cero y nada, ¿verdad?
Sus brazos firmes siguen reteniéndome. Estoy cara a cara con él, con una sonrisa enorme.
—Henry Harrington ni se te ocurra. —Pongo un dedo entre ambos labios.
—Lo siento, pero nada me gustaría más que eso, Amber Prescott.
Acerca su boca y me muerde el dedo. Luego, me da un cachete en el culo.
—Me debes un beso.
—Después de desayunar, trato hecho.
La caja que ha pedido Henry viene completa: hay cereales, un bizcocho pequeño de chocolate, dónuts y un par de galletas.
—Te recuerdo que estamos a dieta.
—Son sin azúcar. —Ladea la cabeza—. En temporada de competición cuido completamente mi cuerpo.
—¿Eso implica menos sexo? —pregunto y me llevo una galleta a la boca.
—Eso implica que mis ganas de follar aumentan después de cada partido, entrenamiento…
—Vamos, a todas horas —le interrumpo, bromeando.
—Si se trata de ti, por supuesto.
Me guiña un ojo, y yo sonrío de lo estúpido que es. No pretendo engañar a nadie, porque a la vista está que esa estupidez, por mucho que me desquicie, me atrae.
Cojo el teléfono y decido enviar una foto del desayuno por el grupo que tengo con Alex y Sam.
Amber:
Desayuno de campeonas.
Añado también el emoticono de pintarse las uñas.
El desayuno es tranquilo.
Ambos nos tomamos el tiempo que necesitamos para comer con calma, disfrutando del momento. Él me habla sobre los cambios en su equipo, como fichajes y otros jugadores que se han ido. También conversamos sobre la situación del mercado actual, tanto en el femenino como en el masculino.
—Te está brillando la pantalla —me dice, señalando mi móvil con los ojos.
Al cogerlo, es cuando veo la locura de mis amigas.
Sam:
¡NO ME LO PUEDO CREER!
No entiendo la alarma al ver el desayuno. Continúo leyendo.
Alex:
Ahora se pensará que somos tontas.
Sam:
Tenemos PRUEBAS.
Me llevo un trozo de bizcocho a la boca y luego escribo:
Amber:
¿Qué decís?
¿Pruebas de qué?
Es ahí cuando Sam me pasa una captura de una historia de Henry en su Instagram. La misma caja. La misma encimera. El mismo todo.
Giro el teléfono y se la muestro.
—No sabía que…
—Tranquilo. Creo que es hora de que los ponga al día.
Supongo que después de que Sam viera cómo Henry venía a por mí, tras el entrenamiento, tendría la mosca detrás de la oreja.
Sin embargo, aun así, me habría gustado hablarlo con ellas en persona, con tranquilidad.
Para que sepan que no les he ocultado nada, que nunca ha sido esa mi intención y que, al final, las cosas entre Henry y yo han sido algo caóticas.
Amber:
Estamos…
No sé en qué punto estamos, la verdad.
Pero sí, estoy con él ahora mismo.
Y si queréis, podemos quedar y os lo explico todo bien.
Alex:
¿Quedada?
Sam:
Disfruta que ya habrá tiempo para hablar.
Añade un emoticono con la lengua fuera.
Vuelvo a mirar a Henry, quien sigue absorto en su café, y me siento un poco perdida en la situación. Ellas están reaccionando con tanta expectación, pero sé que, en el fondo, no estoy preparada para darles una explicación de todo lo que está pasando. Porque no lo sé ni yo.
—¿Todo bien? —pregunta, notando la forma en que dejo el teléfono sobre la mesa y no puedo evitar mirarlo.
—Sí, todo genial. —Trato de sonar convincente, aunque sé que la tensión no ha desaparecido.
Lo que no les he dicho, lo que no sé cómo decirles, es que, entre Henry y yo, todo está complicado.
Cada gesto, cada sonrisa, cada momento juntos está impregnado de algo más profundo que las palabras no pueden capturar.
A veces parece que nos estamos acercando más, pero luego hay momentos en los que no sé qué estamos construyendo.
O si siquiera estamos construyendo algo.
Henry, como siempre, parece no ser consciente del caos que me embarga. Su presencia a mi lado es reconfortante y confusa, al mismo tiempo. Él sigue aquí, esperándome, para darme una respuesta a una pregunta que no sé si quiero formular. O tal vez no sé si puedo.