Capítulo 58
El árbitro asistente: A menudo en la sombra, pero esencial para mantener el equilibrio.
Henry
—¿Te apetece ir fuera? Creo que será mejor hablarlo si…
—Claro —dice antes de que acabe la frase.
Me molesta hablar de mi padre. El principal motivo es porque me avergüenzo de que no sea un referente para mí, ya que, en todo lo que hago, intento huir de cómo era y es él.
Amber se sienta en una de las hamacas, pero, con un gesto de la mano y poniendo ojitos, le suplico que venga a la que estoy yo. Al principio, expresa pesadez con su rostro, pero enseguida se mueve y apoya la cabeza en mi pecho. Enredo las piernas con las suyas.
—¿Asher te ha dicho algo?
—No, ¿por qué?
«Porque le debo mucho a tu hermano».
—Todo lo que te dije de cuando vine a España, esos momentos en Cuba… Todo era verdad. Solo es que no añadí a una persona. Mi padre también vino con nosotros.
—¿Tu padre está aquí?
—Sí, lleva el mismo tiempo que nosotros aquí.
—Miro el oscuro cielo—. A los pocos años, mis padres se divorciaron y no fue nada agradable.
O sea, sé que tú viviste lo mismo, pero fue diferente.
En mi caso, la situación de mis padres llegó a ser insostenible.
Discutían casi las veinticuatro horas, y luego, en el proceso de divorcio, mi padre solicitó quedarse con mi custodia.
—Siento que hayas tenido que vivir esa situación. —Sé que se refiere al divorcio conflictivo.
—Al final, estuve un par de años con mi padre.
En plena adolescencia, ¿sabes? —Una risa ahogada sale de mí—.
Lo bueno es que él me exigía mucho en el fútbol.
Por supuesto que me llevaba y me recogía de los entrenamientos.
No tenía nada que reprocharle, porque, ¿qué adolescente no sueña con ser futbolista? Sin embargo, en casa era… diferente.
—Henry, sabes que puedes no contármelo, ¿verdad? Quiero que lo hagas, solo si lo deseas.
Inclino la cabeza y observo sus ojos azules.
—Quiero, Amber —digo con firmeza—. Mi padre en casa era bastante dejado.
Vamos, que no hacía nada de las tareas del hogar y me tocaba encargarme de todo.
Al principio, se lo reprochaba. Luego, ya pasaba.
El problema no era ese, ¿sabes? Porque, bueno, hacía todo y se callaba.
El problema era que siempre hablaba mal de mi madre.
Me taladraba la cabeza a casi todas horas.
Me metió tanta presión, que hasta llegué a creer algunas cosas que decía, e incluso…
se las dije a mi madre. —Trago saliva—. No sabes cuánto me arrepiento de eso.
—Deberías perdonarte, Henry. No tienes la culpa de eso.
—Ahora lo sé. —Suspiro, mientras empiezo a jugar con su pelo—. Al final, le conté la situación a mi madre, y esta solicitó la modificación de la custodia. Total, me quedaban cuatro años para ser mayor de edad.
—¿Se la dieron?
—Sí, por suerte. Cuando tenía dieciocho, entré en un equipo importante y, al poco tiempo, ya me pude independizar. Luego, pasé por otro equipo, y el resto ya lo sabes, ¿no? —Sonrío.
—Algo me suena, sí —bromea, y lo agradezco.
—Uno de los errores que cometí, por no tener experiencia, ni idea de nada, fue convertir a mi padre en mi representante. Por lo que, aunque estuviera fuera de casa, debía tener relación con él, sí o sí. Cuando vine a los Galácticos… Casi no firmo ni el contrato, Amber.
—¿Cómo?
—Resulta que mi padre llevaba años desviando el dinero de contratos y patrocinios míos para sus propios gastos.
Vamos, que me dejaba con cero euros. No quiero saber ni si desvió a otros asuntos, porque, la verdad, es que me da igual.
No quiero saber nada de ese tema ya. Me enteré de ello porque mi padre se vio envuelto en un escándalo mediático, y fue justo antes de firmar con los Galácticos.
Como sabrás, el equipo no quería comprometerse con alguien joven, y que encima su representante llevara esos problemas no ayudaba.
—No me puedo creer que tu padre…
—Pues sí, y es que no le he pedido explicaciones, porque, en serio, prefiero que se ahorre el decirme que invirtió en cosas ilegales, que se lo gastó en prostitución o a saber en qué.
—Haces bien. A veces es mejor el desconocimiento.
—Al final, acabé firmando con los Galácticos por tu hermano.
—Aquí es cuando Asher entra en juego, ¿no?
—Así es. —Sonrío de forma inconsciente—.
Él me consiguió mi actual representante.
Se encargó de limpiar mi imagen para que los Galácticos no se echaran para atrás.
Además, evitó que esta movida mediática saliera a la luz.
Cuando se enteró de todo, enseguida me escribió para presentarse en mi casa, y luego empezó a mover contactos para que eliminaran cualquier rastro.
O, al menos, que no lo relacionaran conmigo.
—¿Os conocíais de antes?
—Nos llevábamos bien, sí. Habíamos tenido varios encuentros en eventos, fiestas…
Se podría decir que es como esos amigos que tienes en la distancia, con los que no hablas, pero que, a pesar de que pase el tiempo y que no estéis en el mismo lugar, cuando os encontráis, todo es como si nada.
Cuando en el mercado se rumoreaba de que podría ir a los Galácticos, enseguida me habló, ¿sabes?
—Vaya… Yo no sabía…
—Es algo de lo que no hablamos, por razones obvias, Amber. Estoy seguro de que, en otra circunstancia, tu hermano te lo habría contado.
—Lo dudo. A ver, al final cada uno toma su camino, y llega un momento en el que ya no conozco a todos los amigos de mi hermano. Supongo que a él le pasará igual. Además, en su mundo, su círculo es todo mucho más grande. Sabes a lo que me refiero, ¿no? —Asiento.
—Por eso me daba rollo empezar todo esto contigo. Con la oportunidad que me dio Asher, no quería que pensara que yo…
—No lo hace, Henry. Te tiene aprecio.
Soy consciente de ello, porque, pese a todo, ha estado a mi lado. Además de que, durante las vacaciones, me permitió preguntar por Amber y me informaba siempre que podía. Es por lo que sé que, aunque le ha costado asimilarlo, está de acuerdo con lo que siento.
—En parte pienso que mi madre toma distancia de todo mi mundo justo por esto. Por mi padre y todo lo que hizo este.
—Tu madre es una mujer lista. Así que estoy segura de que sabe lo que hace.
—Al que parece que le cuesta entender las cosas es mi padre.
Tiene prohibido estar cerca de mí. Después de todo lo sucedido, rompí contacto con él, y lo veo muy de vez en cuando.
Vamos, cuando se acerca a mí. Pero tanto el equipo, mi representante, como personas como Asher, tienen indicaciones concretas por si ven cerca a mi padre.
Eso fue lo que pasó cuando gané el premio al mejor jugador joven de la temporada.
—¿Por eso me echasteis?
—Sí, mi padre había venido a verme y lo dejaron en esa sala.
—Me siento ahora mismo…
—¿Con el corazón en un puño? —Asiente—. Yo también, pero supongo que, dentro de lo que cabe, podría ser peor. ¿Te puedo pedir una cosa?
—Por supuesto. —La veo sonreír.
—Quédate a dormir. —Pongo un brazo detrás de la nuca—. Y no me pongas la excusa de que no llevas pijama, porque tienes todo mi armario disponible.
—Está bien. —Me mira—. Me quedaré.
—¿En mi cama? —Elevo una ceja.
—Has dicho quedarse, pero no dónde.
—Amber Prescott —le advierto—, como no compartas cama conmigo esta noche, me voy a presentar en cada uno de tus partidos. —Se empieza a reír.
Cambia de postura y apoya los hombros en mi pecho, lo que permite que su cara esté delante de la mía.
—¿Cómo si fueras mi novio? —susurra a pocos centímetros de mi boca.
—Como lo que tú quieras, Prescott, pero de mi cama no te mueves hoy.