Fuera de contrato Capítulo 56
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Capítulo 56

Cobertura: Proteger a un compañero que está expuesto.

Henry

La equipación del Estrella Negra ha sido un éxito. Desde que esta mañana han presentado ese vídeo en sus redes sociales, las personas han empezado a preguntar si ya estaba disponible en la tienda.

Sé que nuestra equipación no va a tener tanta expectación. Más que nada, porque vuelve a ser la misma de todos los años, pero con el patrocinador un poco más grande. Vamos, lo que les gusta a los aficionados —nótese la ironía.

Sin embargo, estoy alegre por ellas, porque una atención así les viene genial para conseguir patrocinadores, campañas, o lo que sea.

Desde el sofá de mi casa, he entrado varias veces a su página web para simplemente mirar. He añadido una de las camisetas al carrito, para comprobar que el sitio funcionaba bien y luego, cuando la he pedido serigrafiada, me ha dado error.

—¿Te deja pedir camiseta serigrafiada?

—¿El qué?

Giro el teléfono hacia Mark, para que vea de qué le hablo.

—Ahora te digo. —Lo veo teclear y mover sus dedos—. Intuyo que quieres…

—¿De quién cojones la voy a querer, Mark?

Se ríe.

—No hay stock .

—Acaban de salir hace cuatro horas.

—Pero no hay.

—¿Me lo estás diciendo en serio? —Asiente—. Joder, es la mejor.

—Voy a pedir la mía, que si no…

—¿A quién has elegido?

—A Sam, es defensa como yo. —Me guiña un ojo.

Necesitamos estas camisetas para mi idea. Sí, aquella que tuve y que verbalicé delante de Mark y Asher, y que el entrenador aprobó, luego.

—Me va a tocar robarle una puñetera camiseta a Amber.

—O esperar a que repongan.

—Esa opción es más sencilla. No me gusta. —Le doy una colleja suave.

—¡Eh!

No presto atención a su queja porque mis dedos están ocupados escribiendo a Amber.

Henry:

Son imaginaciones mías o… ¿Se ha agotado la camiseta con TU nombre?

Debe de tener el teléfono entre las manos, porque enseguida veo tres puntos, que me indican que está escribiendo.

Amber:

¡SE HA ACABADO, HENRY!

No me lo creo, te lo juro.

Dime que no has pedido tú todas.

Henry:

¿Yo? Creía que me ibas a dar una.

¿No te doy pena?

Es broma.

Se han acabado porque eres increíblemente buena.

En vez de responderme con un mensaje de texto, me envía un sticker de una niña que levanta su mano y empieza a chasquear los dedos.

Me río porque es que podía haber sido ella de pequeña a la perfección.

—Y bueno, ¿qué se supone que… tenéis?

—¿Quién?

—¿Me tomas por tonto? ¡Si estás hablando con ella, Henry! —Sonríe, mientras hace un gesto con sus dedos señalándose la cabeza.

—Nos hemos acostado.

Veo cómo su garganta tarda en tragar saliva.

—Eres el único que lo sabe, Mark. Así que, boca cerrada.

—Entiendo que…

—No, Asher tampoco. Y si me estás preguntando qué somos, pues… no lo sé. —Resoplo—. Se nos desvió un poco el asunto…

—¿A qué te refieres? —Se gira hacia mí—. Espera, ¿tengo que ir a por palomitas o algo?

—Como no te tomes esto en serio, te retiro la llave de mi casa.

—Vaya, vaya… Pues sí que es seria la cosa.

—El día que cogí tu yate era para ir con ella.

—¡Lo sabía, lo sabía!

—Bueno, pues si sabes todo, ¡no me preguntes!

—Me callo. —Hace un movimiento con sus dedos, como si se cosiera la boca.

—Ese día lo hicimos, y no. —Elevo la mano para que no hable—. No fue en tu yate, tranquilo. —Lo oigo resoplar—. Fuimos a mi casa, y eso. Y luego el otro día en la discoteca esa…

—A ver, fue bastante sospechoso que los dos os fuerais… Aunque admito que poca gente iba sobria, por lo que no se enteraron de casi nada.

—Hicimos cosas allí.

—¡¿Allí?!

—Ahora no me vengas diciendo que eres un santo y que lo haces todo en la cama.

—Obvio que no.

—Estábamos en una sala solos y el camarero me dio la llave, por lo que cerré la puerta por dentro y tal.

—Mucho mejor, claro —ironiza—. O sea que, justo cuando tenéis que acabar el contrato de noviazgo falso, vais y folláis. Magnífico.

—Lo sé. —Suspiro, sin saber hacia dónde va esta conversación—. Por cierto, un segundo, que voy a llamar.

Busco entre los contactos a mi asistente, que me coge el teléfono enseguida. Habitualmente, le pido cosas normales, así que, no sé cómo se las va a apañar para esto, pero bueno, sé que lo va a lograr.

—Necesito, antes de que se pongan otra vez a la venta, una camiseta de Amber Prescott.

—¿De la nueva equipación? —pregunta desde el otro lado de la línea.

—Sí, se han agotado hoy.

—Hecho.

No me pregunta nada, pese al comunicado en el que anunciamos que habíamos cortado; y es que es justo por eso, que sé que es de fiar. Se limita al trabajo, sin averiguar, ni preguntar en exceso nada.

—No has hecho eso —me dice Mark, dejando el teléfono a su lado.

—Sí, ¿no lo has oído o qué? He estado a centímetros de ti. —Escucho su risa.

—¿Y cuándo dices que es la boda?

—Eres muuuuuy tonto, ¿eh? —Cojo el cojín del sofá.

—Un respeto, que soy más mayor que tú —bromea y, antes de que pueda lanzarle el cojín que tengo en la mano, se me adelanta, tirándome otro al pecho.

—¡Tienes toda la casa para empezar a correr! —le grito, riéndome, al ver cómo intenta mantener el equilibrio mientras sube las escaleras. En cuestión de segundos, desaparece de mi vista.

Todo lo que ha pasado entre Amber y yo, esa mezcla de intensidad y complicidad, me tiene en un punto que ni siquiera entiendo del todo. La mayoría de las personas que he tenido cerca no han llegado a significar tanto como ella. Ni por asomo.

He intentado convencerme siempre de que era parte del juego, pero sé que no es así.

Hemos cruzado la línea que no debíamos tantas veces, que me resulta difícil no pensar en el sonido de su risa, las bromas o cuando me echa las cosas en cara.

Es que, hasta en ese justo momento, me entran ganas de besarla.

Sin embargo, no sé cómo decirle todo sin arruinar lo poco que tenemos. Y es que, a veces, cuando una persona te importa tanto, es complicado buscar las palabras correctas.