Fuera de contrato Capítulo 54
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Capítulo 54

El despeje: Cuando la única opción es alejar el peligro lo más lejos posible.

Henry

Se le ha ido la cabeza. Es lo primero que pienso cuando veo que Jack lleva su mano a la cintura de Amber. Sin embargo, el hecho de que ella no le aparte y le sonría, hace que no entienda nada. ¿Me he perdido algo?

—Deja de presionar la mandíbula como un mandril.

—¿Qué dices, Asher? —intento desviar su comentario, pero sigo sin apartar la mirada de ellos—. ¿No lo dejé claro en aquella barbacoa o qué? —resoplo. Mi tono de voz es completamente de enfado.

Recuerdo a la perfección que dije que tenían prohibido tener lo que sea con Amber, aunque cortásemos.

—Te lo avisé y voy a ser sincero: preferiría que mi hermana estuviera bailando contigo, antes que con él.

—¿Ya no me odias por eso?

«Lo haría, si supiera que te has acostado con su hermana, Henry».

—¿Se te ha subido el poco alcohol que has bebido o qué? —Ladea sus labios—. Lo que deberías hacer es ser sincero contigo mismo, ¿sabes?

—En Tailandia…

—¿Por qué crees que necesitaba que te fueras? Quería que tomarais distancia los dos, para veros, Henry. Ahí fue cuando me di cuenta de que estabas pillado por mi hermana y que yo… era un incordio.

No me atrevo a negarle nada, porque… ¿Estoy pillado por Amber?

En este instante, lo único que tengo ganas es de que exista espacio personal entre ella y Jack.

—Parece que la cosa está calentita —dice Mark, al acercarse a ambos.

—Cállate —decimos al unísono, Asher y yo.

—¿Igual es mejor que me vaya?

—Igual es mejor que te quedes para sujetarme, porque tengo unas ganas enormes de partirle la cara.

—Es Jack —intenta justificarse.

—Como si es el Papa.

—Creo que ahora me entiendes un poco, ¿no? —Asher sonríe de manera irónica.

—Un poco.

La mano de Jack desaparece entre el pelo suelto de Amber. Puedo sentir hasta cómo estará deslizando los dedos por su nuca y cómo intentará llevar su boca hasta…

—Tengo que pararlo.

—¡No, no! —grita Mark.

—¡Es que no puedo, Mark! ¡No puedo! —Me giro hacia él, alzando las manos.

—Te acompaño. Encárgate de Amber, porque no quiero peleas en mi puto equipo. —Asher golpea mi hombro.

Tan cerca como estamos de ellos, Asher pone una mano entre los dos, haciendo que Amber vuelva a la realidad y se separe un poco.

Aprovecho ese espacio para cogerla del brazo e indicarle con un gesto que venga conmigo.

En ese momento, Jack abre la boca.

—¡Venga ya! Nos lo estábamos pasando bien.

Es ahí cuando me vuelvo hacia él. No debería haber venido a separarlos. No debería comportarme como un tóxico subnormal. No debería haberme girado.

—¿No recuerdas lo que dije en la puta barbacoa o qué? ¡Está prohibido, Jack!

—Tú por un lado, y tú conmigo —eleva la voz Asher—. Qué panda de gilipollas tengo —refunfuña.

Cojo a Amber de la mano y me la llevo hasta la barra. Hablo con el camarero, que nos conoce por las veces que mi equipo ha estado en este local, y me hace el favor de darnos una sala para estar solo nosotros.

Durante todo este show , Amber no ha hecho intento de nada. Simplemente, se ha dejado llevar por mí.

—¿Qué ha sido lo de ahí fuera? —No sé ni cómo etiquetarlo.

Se cruza de brazos y se sienta en el sofá que hay en la habitación.

—¿Por qué tengo la sensación de que te estás pareciendo a Asher?

—¿Me estás comparando con tu hermano, Amber? ¿En serio?

—¡Estaba bailando, Henry!

—Estabas a cinco centímetros de la boca de Jack, después de…

—¿Después de qué? ¡Dilo! —me exige.

Camino por la sala, mientras me llevo las manos a la cara, desesperado.

—De haber follado, Amber.

—Has entrado y ni siquiera me has mirado. ¡Ni siquiera nos hemos saludado!

—No sabía cómo actuar, joder. ¿O tú sí?

Su silencio me confirma que ella tampoco.

—Se nos está yendo de las manos. Yo… —me siento a su lado—, no soy así. No me comporto como un onvre o señoro . —Escucho su risa—. ¿Qué pasa?

—Nada, es solo que me ha hecho gracia cómo has dicho onvre .

Sonrío.

—Creo que la farsa, lo del otro día, y vernos hoy… ha sido todo tan caótico. O sea, no estábamos preparados para tanto, ¿no?

—No, no lo estábamos —se sincera—. ¿Qué es eso que le has dicho a Jack, antes? No sé a qué te referías con una barbacoa o no sé qué.

—Mencioné algo que no debería decir, porque me volví a comportar como un celoso, y que Jack no ha cumplido.

—¿Qué dijiste exactamente?

—Que cualquier jugador del equipo tenía prohibido acercarse a ti, incluso si cortábamos —lo suelto todo de seguido porque, si tuve huevos de decir eso, también los tengo para repetírselo a ella.

—¿Qué soy? ¿Tuya o qué? —Me mira fijamente.

—No… No lo tenía que haber dicho, Amber. Y me disculpo, en serio. Porque creo que eres tú quien se merece esa disculpa. —Resoplo—. Por supuesto que puedes hacer lo que quieras y con quien quieras. Yo no soy nada ni nadie.

—Todo esto nos ha venido demasiado grande —afirma, mientras posa la mano en mi pierna.

Ese gesto es como un soplo de aire— y creo que ha sacado lo peor de nosotros mismos.

Yo tampoco soy de… ¿Bailar con futbolistas?

Joder, es que no quiero nada con ninguno.

—Se ríe, y pienso si eso me incluye a mí también—.

Me he comportado como una niña de quince años bailando con Jack.

—Bueno, si querías solo bailar, podrías habérmelo dicho. —Le guiño un ojo y sonríe.

—¿Quedaba mal que, después de anunciar que «hemos cortado», nos saludemos con dos besos?

—Creo que habríamos actuado como dos personas adultas. El problema es que no «hemos cortado», porque nunca hemos salido, Amber.

—Pero sí que nos hemos acostado.

—No se lo recuerdes a mi polla, por favor, que necesito toda la sangre en mi cerebro ahora mismo.

Se ríe y me entran unas ganas enormes de besarla.

—Tengo un problema, Henry —dice, susurrando.

—Dime, Prescott.

—Respecto a que prohibiste…

—Ya estoy lo suficientemente arrepentido —la interrumpo.

—En una cosa sí tenías razón —frunzo el ceño, mirándola— y es que esta noche sí quiero ser tuya.

«¿Acaba de decir lo que creo que acaba de decir?».

A mi cerebro no le da tiempo de elaborar una respuesta, porque las piernas de Amber ya rodean mi cintura. Coge mis manos y las lleva a su culo. Ahora mismo, estoy agradeciendo que lleve un vestido tan corto y que se pueda levantar con tanta facilidad.

—Joder, Amber —gruño, palpando sus nalgas.

—Eso sí, como vuelvas a decir algo… —indica, con su dedo índice apoyado en mis labios.

—Te prometo que no me voy a portar como un capullo.

—Bien, porque yo tampoco lo haré.

Se inclina y me besa. El contraste entre sus labios tiernos y su lengua traviesa es adictivo. Mientras mantengo una de mis manos en su nalga, con la otra presiono su nuca para atraerla más hacia mí. Es como si el poco espacio que queda entre ambos se me hiciera un abismo.