Capítulo 53
El segundo palo: Ese punto casi olvidado que puede cambiar el desenlace del partido.
Amber
Henry:
Dentro de dos semanas tenemos el primer partido de pretemporada.
¿Y vosotras?
Al mirar la pantalla y tener el reconocimiento facial activado, el teléfono se desbloquea. Decido responderle.
Amber:
Dentro de una semana.
El sonido de risas y quejas llena el vestuario mientras las chicas se desploman en los bancos.
Algunas sueltan comentarios sobre el calor o el cansancio, y otras buscan una toalla para secarse el sudor.
Yo me dejo caer en uno de los bancos, todavía respirando con dificultad por el entrenamiento y con la mente distraída en otra cosa: Henry.
Apoyo el teléfono a mi lado y, aunque intento enfocarme en los chistes de mis compañeras y en el alivio de haber terminado otro entrenamiento, mi mente vuelve, casi sin querer, a lo que pasó con él.
No sé en qué punto estamos. No sé si eso fue solo un error o si, en el fondo, ambos estábamos esperando que eso sucediera.
Por una parte, quiero pensar que no significó nada, que fue un momento de debilidad en medio de la confusión.
Pero otra parte, una que no puedo ignorar, me dice que fue real, que lo que sentí no fue algo que simplemente se pueda dejar atrás.
—¡Amber, vuelve a la Tierra! —me dice Jessica desde el otro lado del vestuario, tirándome una toalla.
Me río entre dientes y la atrapo, antes de que me dé en la cara.
—Parece que alguien está pensando en… —dice Alison, intentando enlazar una broma que no continúa.
—Chicas, un poco de empatía, ¿no? —interviene Mia, con tono protector—. Que Amber acaba de cortar con Harrington. ¿Qué tal si dejáis de hacer bromas?
El silencio dura solo un segundo, pero siento que el estómago me da un vuelco.
Todas se miran entre sí. Yo bajo la cabeza, fingiendo revisar el teléfono, intentando que no noten el desorden que me han causado esas palabras.
La realidad es que nadie sabe lo que realmente pasó, ni el lío que tengo dentro.
Pensé en contárselo a Sam y a Alex, ya que, al final, ellas saben que todo esto era mentira, pero no me sale.
No puedo decirlo, porque es que no sé ni cómo.
¿Cómo les explico que me he acostado con él y que estamos bien?
¡Cuando no sé ni cómo estamos! Por no hablar de que emitimos el comunicado de la ruptura, estando juntos. ¡Estando juntos!
Respiro hondo, intentando contener el torbellino de emociones que me consume. Me limito a sonreír débilmente, a hacerme la fuerte, y decido no decir nada.
—¿Estás bien? —me pregunta Sam, sentándose a mi lado.
—Sí, sí. Solo me falta… volver a la rutina de los entrenamientos, ya sabes.
—No me refiero a eso, Amber.
—Te vale como respuesta un… ¿No lo sé? —inquiero, con mi cabeza hecha un lío.
En vez de seguir preguntándome, Sam pasa el brazo sobre mis hombros, para rodear parte de mi tronco superior.
—Vamos a darlo todo esta temporada, ¿sí?
—No lo sabes bien, amiga.
Sé que, pase lo que pase fuera del campo, aquí tengo a mis compañeras, a mi equipo.
Estar a una semana del primer partido real de la pretemporada solo puede significar una cosa: es el momento del auténtico desmadre.
El vestuario se acabó convirtiendo en lanzar pelotas al aire, gritos, toallas en el suelo, grabar vídeos tontos…
Antes de la intensidad de esta temporada —que sabemos que vendrá—, aprovechamos estos momentos de libertad.
Estos momentos de despedida, o de bienvenida, según se mire.
Si le preguntara a Sam, sería de despedida, pero, si me preguntan a mí, de bienvenida.
¿El motivo? Porque empezamos la dieta estricta, la rutina real y una temporada para demostrar lo bien que se nos da lo que hacemos.
Aunque es cierto que se acaban las pizzas , las sesiones de series hasta la madrugada o, simplemente, beber alguna que otra copa.
Y, por eso mismo, antes de que empiece todo esto y podamos hacer ese break mental de que «esto empieza», solemos salir una última noche.
Una noche en la que estamos el equipo al completo.
—¿No vas a beber más? —me pregunta Sam, acercándome su copa a la cara.
—Déjala y vente a bailar. —Alex le hace pucheros con la mirada.
—¡Cómo subas eso, te mato! —Escucho a Alison de fondo.
—Id, yo me quedaré por aquí —digo, haciendo un gesto con la cabeza para que vayan al centro de la discoteca.
Miro alrededor para, simplemente, observar a mis compañeras.
Alison y Mia están juntas y, al parecer, Mia sigue bromeando con ella, diciéndole que va a subir el reel donde Alison se ha echado toda la bebida por encima del vestido.
Luego, hay otro grupo que está con los vapers en la boca.
Otras compañeras, no sé ni dónde están. Y es que esto, ahora mismo, es un puzle donde faltan piezas.
Le había dicho a Alex de reservar un sitio concreto, solo para nosotras, pero no ha sido así.
Al parecer, este año querían estar rodeadas de más personas.
Eso sí, al menos han elegido un sitio más VIP, en el sentido de que aquí solo entran personas famosas, relevantes o importantes.
Supongo que siempre viene bien sentirse, de vez en cuando así, ¿no?
Ya que, en la mayoría de las ocasiones, nos sentimos invisibles.
De pronto, veo correr a Alex y a Sam hacia mí, y temo que esta última se tropiece y caiga en cualquier momento. Ambas me cogen de la muñeca, y, al pensar que me van a sacar a bailar, niego con la cabeza. Estoy bien donde estoy. Sin embargo, sus miradas se dirigen hacia un grupo de chicos.
Mierda.
Mierda.
Y más mierda.
De todos los sitios VIP a los que pueden ir, a todos los clubes nocturnos a los que tienen acceso, han elegido el mismo que nosotras. Enseguida localizo a Mark y, cómo no, a su lado está Henry. Ambos están riendo, cuando Mark le da un golpe en el hombro a su amigo.
—Podemos irnos fuera —me indica Alex.
Niego con la cabeza.
No hemos planeado esto. No sé si debemos saludarnos, mirarnos, darnos dos besos… ¿Qué coño hacemos? Veo que mi hermano me saluda con la mano y yo imito su gesto.
El resto del equipo no tarda en darse cuenta, ya que siento mil miradas pendientes de mí, pero me importa una mierda. Lo que no me importa tan poco es que se ponga a ligar con alguna delante de mí. A menos de cuarenta y ocho horas de haber cortado —y de haber hecho otras cosas, claro.
Dudo de si se pondrá a ligar con alguien, por mí, por lo que hemos hecho, y es ahí cuando mi parte más racional se ríe, porque por supuesto que va a hacer algo. Es Henry.
Sin embargo, lo que no voy a hacer es quedarme aquí quieta, mirándolo, como si fuera la novia cadáver. Más bien, exnovia cadáver.