Fuera de contrato Capítulo 50
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Capítulo 50

El toque de primera: Tomar la decisión sin pensar demasiado, confiando en el instinto.

Henry

Me subo a la moto y muevo la cabeza, indicándole que es su turno. Lo primero que he hecho al salir de la calle ha sido ponerme el casco. No quiero que nos reconozcan, y menos después de la reunión que hemos tenido.

Ante el peso de ambos, noto cómo la moto baja de manera sutil.

—Cógete a mí y recuerda el tubo de escape.

Amber apoya sus manos en mis hombros. Frunzo el ceño y me giro, mirándola.

—¿Qué haces?

—Cogerme.

Apoyo el pie en el suelo para no caernos y coloco de una en una sus manos en mi cintura. No sé cómo lo hace, pero parece que su tacto sea capaz de transmitir corriente.

Estos días que he estado fuera me han sentado genial. Un poco cortos, para lo que suelen durar mis vacaciones, pero es cierto que también tenía ganas de volver. Y uno de los motivos era ella.

Cuando acaba de ajustarse las manos y noto que ejerce presión en mi cuerpo, arranco la moto.

El trayecto hasta el embarcadero se me hace corto y sé que gran parte de culpa la tiene Amber. Estoy cómodo con su cuerpo tan encima de mí, porque necesitaba volver a estar así.

—No me vuelvo a subir en eso —dice nada más quitarse el casco.

Sonrío y yo también me lo quito.

—Pues hay que volver. ¿Tan mal ha sido estar tan cerca de mí?

Veo cómo mueve sus labios, dudando si contestar o no. Al final, su boca no emite ninguna palabra.

—Es este de aquí. Ven.

Pongo el candado a la moto y caminamos por el muelle hasta el yate de Mark. Sin duda, la relación más larga que ha tenido ha sido con este medio de transporte.

—Antes de que digas algo, no es mío, y tampoco he avisado a nadie porque, como sabes, Mark tiene llaves de mi casa, y yo de las de él.

Bueno, pues también tengo de su yate, que es este.

—Le ofrezco la mano para que suba, y luego quito todo lo necesario para que el barco sea libre—. Aquí nadie nos molestará.

Miro el panel del yate, intentando recordar las indicaciones que Mark me ha dicho en millones de ocasiones. Por suerte, me acuerdo de que me envió varias fotografías, por si me ocurría exactamente esto.

Cuando escucho el motor, sé que estoy siguiendo bien las instrucciones.

—¿Qué tal las vacaciones? —Me giro y la veo acomodada en uno de los asientos.

—Cortas. —Sonrío, cogiendo todavía el timón—. Fui a Tailandia.

A pesar de que no me pregunte, le cuento qué vi, el hotel en el que estuve y la comida. Sobre todo, la comida, porque adoré cada uno de sus platos.

—¿Qué te pasaba, antes?

Sé que se refiere a la reunión, porque he intentado evitar el contacto visual en todas las ocasiones.

—Solo me tengo que acostumbrar a estar aquí de nuevo.

No soy una persona mentirosa por naturaleza, pero sí, le acabo de mentir. La verdad es que no sabía cómo íbamos a reaccionar ninguno de los dos después de estas semanas sin saber nada el uno del otro. Bueno, yo ahí también he hecho un poco de trampas, porque le he preguntado a Asher por ella.

Cuando consigo alcanzar la distancia adecuada, paro el yate y tiro el ancla.

Al girarme, veo que está con las piernas encima del asiento —Mark tardaría dos segundos en matarla—, y mirando hacia la infinidad del mar.

Me apoyo contra el timón y me cruzo de brazos.

—Y tú, ¿qué has hecho?

—Descansar, tareas de persona adulta, ir al gimnasio, quedar con amigas y… No lo sabes. ¡Es verdad! —exclama, y me mira—. Hemos visto la nueva equipación y es ¡preciosa!

—¿Voy a tener que esperar a verla en redes o en la tele, o tienes por ahí alguna foto?

Amber parece refunfuñar, pero saca el teléfono y empieza a buscar en su galería. Luego, lo gira y veo la foto que el equipo se ha hecho dentro del vestuario.

—Creo que este año nos ganáis. El diseño es… Es preciosa, sí. —No lo digo solo por la equipación.

De pronto, el silencio se adueña de ambos. Mis oídos solo perciben el poco aire y el movimiento de las olas, junto con alguna que otra gaviota.

—¿Has recibido el mensaje de John?

—No tengo nada todavía. Supongo que ya no tendremos que fingir, ¿no? Quiero decir…, por fin se acaba. —Sonríe.

Ando hasta donde está ella y me siento a su lado.

—Nunca he fingido, Amber.

—Sé que lo estás diciendo por…

—Porque es la verdad. Esa que a ti tanto te cuesta decir —replico—. Nunca he tenido la necesidad de fingir, porque siempre me has parecido una chica atractiva. Y ahora no me vengas a decir que no lo sabías.

—Lo sabía —eleva el dedo índice para que me calle—, como que también sé que te ponen la mayoría de las mujeres.

Me río.

—Eso no es nada cierto.

—Paso de discutir qué chica te pone y cuál no, la verdad.

—Quizás la lista es más corta de lo que piensas.

La conversación se interrumpe porque ambos escuchamos la notificación de nuestros móviles y, con solo una mirada, sabemos lo que es. Cada uno mira su mensaje y luego comparamos que sea igual. Y sí, abajo aparece el nombre de ambos.

Comunicado Oficial

Después de un tiempo compartido, hemos decidido finalizar nuestra relación de manera amistosa. Ha sido una etapa importante para ambos, llena de momentos de crecimiento y aprendizaje, y nos quedamos con el cariño y respeto mutuo que siempre nos ha unido.

Aunque seguimos caminos separados, queremos desearnos lo mejor en el futuro y seguir apoyándonos en nuestras respectivas trayectorias profesionales. Agradecemos el cariño recibido durante todo este tiempo y pedimos respeto a nuestra privacidad en esta nueva etapa.

Gracias por vuestro apoyo siempre.

Atentamente,

Amber y Harrington.

—Parece que ya volvemos a la normalidad.

— ¿Esto te parece normalidad? —pregunto, señalándonos a ambos, y luego el mar.

—Digo que después de esto , pues cada uno volverá a su vida. A su rutina.

El pensamiento de que todo esto , lo que sea que tenemos ahora, pueda desvanecerse en la rutina, me deja un extraño nudo en el pecho.

—¿Te puedo hacer una pregunta? Eso sí, dime la verdad, Prescott.

—Dispara.

—¿Creías que íbamos a tener que besarnos más?

No sé por qué lo digo. Tal vez, porque el silencio entre nosotros se siente demasiado cargado, o tal vez porque llevo demasiado tiempo evitando esa pregunta. Incluso en mi propia cabeza.

Amber me mira, y juro que el tiempo se ralentiza. Juro que intento no mirarle los labios. Hago un esfuerzo consciente por mantener mi mirada en sus ojos, pero estar tan cerca de ella y no hacerlo me parece una falta de respeto.

—Supongo. No sé. Es lo que hacen las parejas.

Me mira tan fijamente, que no puedo controlar que mi mano no empiece a deslizarse por su mandíbula. Por un instante, la veo cerrar los ojos, quedando sus labios entreabiertos.

—Dime qué quieres, Prescott.

—No deberíamos…

«¿Besarnos?».

«¿Mirarnos así?».

—Tenemos que publicar el fin de la relación, Henry.

—El fin de algo que nunca ha existido.

—Así es. —Aparto mis dedos de su rostro y ella se gira.

Siento la tensión apoderarse de mí, mientras cojo el móvil con rabia y copio el mensaje, tal cual me lo ha enviado Tony. Cada palabra me parece una mentira dolorosa, pero lo publico en todas las redes sociales, como si fuera solo un trámite más.

—Hecho.

—Yo también lo he puesto —afirma con seriedad, pero hay algo en su voz que me hace apretar los dientes.

—¿Cuándo vas a decir una puñetera verdad, Amber?

—Lo he publicado. ¿Quieres verlo o qué?

Resoplo con frustración.

—Mírame, joder. —Lo hace y me asombra. Parte de mí pensaba que me ignoraría, pero aquí está, frente a mí, con los ojos fijos en los míos, vulnerables y desafiantes a la vez—.

No deberíamos, claro que no. Porque te aseguro que en mi cabeza tengo a tu hermano cada dos por tres.

No soy tan tonto como para saber que esto, justo era lo que no quería.

Y ahora, si eres capaz, me niegas que querías besarme hace unos segundos.

—Sabes que, si nos besamos, contradecimos lo que acabamos de publicar, ¿no?

—Mírame y niégalo. —Mi voz baja casi en un susurro. La urgencia en mi tono crece—. Si lo niegas, no vuelvo a sacar el tema y admitiré que todo han sido imaginaciones mías.

Mi mirada viaja de sus ojos a sus labios y ella hace lo mismo.

Un silencio denso nos envuelve, cargado de lo que ninguno de los dos se atreve a decir en voz alta. Ya nos hemos besado antes, pero este momento… Esto es distinto. Hay más en juego. Más deseo y más miedo.

—A la mierda todo —suelta.

Sus manos suben hasta mi nuca y, antes de que pueda procesarlo, nuestros labios se encuentran.

El primer contacto es como una explosión.

Algo contenido durante demasiado tiempo, que finalmente se libera.

Su boca es suave y firme a la vez, y cada segundo que pasa parece borrar el mundo a nuestro alrededor.

Mi mano se desliza por su espalda, acercándola más a mí, mientras sus dedos se enredan en mi cabello, con esa mezcla de urgencia y necesidad que no podemos seguir ignorando.

Y entonces, el beso se vuelve más intenso. Nos movemos al unísono, con una pasión que no necesita ser contenida.

Mis manos, casi por instinto, empiezan a deslizarse por su cuerpo. Primero por su cintura, sintiendo el calor de su piel a través de la tela, y luego más abajo, apretando ligeramente sus caderas, como si necesitara confirmarle —y confirmarme— que está aquí, conmigo, y que esto es real.

La necesidad de sentirla más cerca me abruma.

La atraigo hacia mí, pegando su cuerpo contra el mío, y, en ese momento, no hay nada más que ella.

El tacto de su piel bajo mis dedos, su respiración agitada entre beso y beso, el latido acelerado que siento cuando mis manos suben por su espalda y la acaricio con la misma desesperación con la que la estoy besando.