Capítulo 49
Tarjeta roja: El límite ha sido cruzado. La acción tiene consecuencias y, aunque la expulsión sea inmediata, las repercusiones pueden durar mucho más allá del campo.
Amber
Diez días han tardado en saltar todas las alarmas, desde que Henry se fue de vacaciones. Diez días han sido lo que han durado, este verano, sus días de descanso, porque no sabemos cómo ni qué ha ocurrido, como para que todo se haya torcido tanto.
—¿Y decir la verdad? —propongo.
—Ni se te ocurra decir eso delante de Football For All. Tenemos que ofrecerles propuestas válidas y que nos cubra a todos las espaldas —me dice mi representante, que mira al de Henry con firmeza.
—Opino igual.
—Podemos decir que hemos roto —indica con voz ruda—. Sé que, por contrato, no corresponde ahora, pero tampoco esperábamos que la gente de repente empezara a cuestionar esto.
No debería dolerme, pero lo hace. He estado días sin saber nada de él y lo primero que acaba de soltar por su boca es que cortemos.
Que sí, que sé que no hay nada que cortar porque es mentira, pero durante estos días…
lo he echado de menos. Quizás me había acostumbrado a estar con él, a que me preguntara qué prefiero, o a que me escuchara despotricar.
Al fin y al cabo, habíamos creado una especie de amistad.
—Es bueno que hablen. El problema es que están acusando a Football For All y a vosotros de mentirosos. ¿Cómo vas a explicar esas noticias que han salido de esa chica que afirma haberse acostado contigo estando con Amber, Henry?
—Lo que dice esa chica es mentira.
Su mirada se queda fija en la mía. Cuando ha entrado por la puerta con su representante, solo nos hemos saludado de manera cordial. Ni siquiera me ha dado tiempo a preguntarle por lo que ha visto y dónde ha estado.
—¡Es que me da igual que lo sea! La situación es que la gente ya se lo ha creído —responde Tony.
—Vale, vais a decir que… ¿Cuándo dice la chica esa que os acostasteis?
—No lo sé, porque no ha pasado, John —vuelve a afirmar.
—Mírate las fechas que dice, ¿estamos? Y vamos a decir, aprovechando que tú has estado de vacaciones, que habíais roto antes. Y que, por eso, te fuiste, para despejar tu mente. Porque estabas dolido.
—¿Cómo lo comunicamos?
—Primero se lo diremos a Football For All y, en caso de que estén de acuerdo, emitiréis un comunicado en vuestras redes sociales. Supongo que ellos, por el bien del proyecto, harán lo mismo.
—Así da gusto volver de las vacaciones —ironiza.
—Si hubieras…
—¡No he hecho nada, Tony! —eleva la voz mientras le mira—. ¿Y sabes qué? Que ahora sí que me importa todo una mierda, porque pronto ya no habrá contrato en vigor. Así que empiezo a desempolvar la Ducati.
Su representante resopla. Enseguida me percato de las pocas ganas que tiene de responderle. Henry se pasa la mano por encima de sus vaqueros negros.
—Bueno, pues, ya está todo, ¿no? —intento dar por finalizada la reunión.
—Recibiréis indicaciones por nuestra parte —responde John, mirándome y asiento.
Tony se levanta a la vez que lo hace Henry.
Mi representante y yo también nos incorporamos. Él lo hace para acompañarlos a la puerta y yo, en cambio, por intentar tener un mínimo de contacto con Henry.
—Por favor, estad atentos al teléfono —suplica Tony.
Él y mi representante se quedan conversando un poco más. Parece una despedida extensa. Pienso en acercarme a Henry, pero su postura corporal, no me invita a ello. Tiene los ojos mirando el teléfono y parece no estar prestando atención a nada más.
Al final, ambos se marchan por la puerta y yo todavía sigo con ese dolor punzante de no haberle dicho nada.
Si me preguntaran cuál es la tarea del hogar que menos me gusta, diría que fregar los azulejos. Odio cuando cada cierto tiempo hay que limpiar esas baldosas de la cocina. O sea, ¿por qué parece que adquieran toda la suciedad?
Mi teléfono suena y tardo entre poco y nada en quitarme el guante derecho para que me detecte la huella, por si es un mensaje de John.
Han pasado tres horas desde la reunión, y lo cierto es que creía que íbamos a tener una respuesta mucho más rápida.
Vamos, que hoy mismo se solucionaría el problema o, al menos, tendríamos el visto bueno para comunicar el fin de nuestra relación farsa en redes.
Justo cuando estoy a punto de volver a colocarme el guante, llaman a la puerta. Resoplo y voy hasta ahí. Cuando la abro, mi cerebro es incapaz de reaccionar.
—¿Qué haces con un guante solo?
—Estaba… Da igual. Henry, ¿qué haces aquí?
Va vestido todo de negro. Los mismos vaqueros que antes, pero con una camiseta que solo tiene unas letras de colores en la parte superior.
—¿Quieres dar una vuelta? —me pregunta, elevando el casco rojo que tiene en su mano derecha.
Me miro de arriba abajo, porque sé que me tengo que cambiar. Me he puesto lo más cómodo posible, a pesar de que no combinaba, para limpiar.
—¿Me dejas cinco minutos para cambiarme? —Asiente.
Dejo la puerta abierta, por si quiere quedarse ahí o entrar, y voy directa a mi habitación. Me pongo un body y unos vaqueros rotos, cortos. Cuando vuelvo al comedor, veo cómo Henry solo ha avanzado un poco y, en este instante, parece analizar todo mi outfit .
—¿Has subido alguna vez en moto? —me pregunta.
—Mmm… Una vez, cuando Asher y yo éramos pequeños. Teníamos…
—Una moto de juguete no cuenta, Amber. —Sonríe, y algo en mi interior parece liberarse—. Es solo que… Ten cuidado con el tubo de escape, ¿vale? Pégate a mí y ya está.
Lo acaba de decir como si fuera fácil. Como si el hecho de pegarme a él no me alterase; como si rodear su cuerpo con mis manos no hiciera que mi corazón temblase. Intento no darle más importancia. Al final, es un ser humano en moto.
Cuando Henry sale de mi casa, lo sigo y cierro la puerta tras de mí. Aprovecha ese momento y acerca el casco a mi rostro.
—El mío está abajo —dice, mientras el casco entra en mi cabeza. Luego, parece que cierre un enganche por la parte de mi mandíbula.
—Es todo cerrado por…
—¿Seguridad? —pregunto.
—Iba a decir privacidad, pero sí, también por seguridad. —Sonríe.