Capítulo 48
Cambio de ritmo: Alterar la velocidad para descolocar al rival.
Amber
Toco el timbre por tercera vez, porque sé que está en casa. Por mucho que lo intente disimular, no lo va a conseguir.
—Ahora te abro. —Escucho su voz por el micrófono que tiene instalado. Si no recuerdo mal, tiene toda la casa domotizada.
Espero paciente. O, al menos, eso intento.
Cuando escucho que la puerta se abre, empujo para entrar.
—¿Asher?
—Ya bajo —grita desde el piso de arriba.
Ando hasta el comedor para sentarme en el sofá. La casa de mi hermano es enorme. Cuando se la compró, siempre me pareció excesiva. Quiero decir…, solo vive él, ¿para qué quiere tantas habitaciones?
La realidad es que llevaba bastante tiempo sin pisar este suelo, sin ver esta televisión o sin sentarme en este sofá. De hecho, cuando él y yo quedamos, solemos vernos en otra casa que alquiló. Casa que solo utiliza por mí. Así que, por eso, he venido directamente a esta.
—¡Qué sorpresa verte por aquí! —dice, mientras se pasa la toalla por la cabeza.
—Con tu hermana te puedes poner una camiseta, que esos abdominales no funcionan.
Asher se ríe. Se seca algunas gotas de agua de su pecho y se sienta a mi lado.
—John está cabreado y no sé por qué, pero tienes algo que ver.
—¿Yo?
—Es por Henry. —No le quito la mirada, para ver cualquier movimiento facial—. Cuando firmamos, el trato era irse de vacaciones, después de acabar la farsa. No mientras tanto. Y, adivina, lleva un par de días de vacaciones ya.
—No sé qué tengo que ver yo en todo esto. Quizás necesitaba un descanso ahora.
—Asher Smith, no me mientas, que soy tu hermana y puedo ver cómo mueves esa ceja.
—Vale, quizás sí que tengo algo que ver. Pero nada. Solo le comenté la posibilidad de adelantar sus vacaciones.
—¡Lo sabía! ¡Lo sabía! —Vuelve a tocarse el pelo—. ¿Para qué, Asher? ¿Por qué querías que se fuera antes? —Me levanto, nerviosa.
—Te voy a hacer una pregunta. Solo una. Y te recuerdo, Amber Prescott, que yo también sé cuándo mientes. —Eleva el dedo índice—. ¿Sientes algo por Henry?
—¿Otra vez igual? ¡Es todo mentira!
—No te he preguntado eso. Quiero saber si, tras esto, sientes algo por él.
Trago saliva. No puedo afirmar algo que ni siquiera mi cabeza desconoce. Intento que en mi mente la imagen de Henry sea siempre la que tenía antes de conocerlo. Trato de alejarme de él. Intento no sentir nada por él y ceñirme a la mentira. Pero, joder, no lo pone fácil.
—Me atrae, sí.
—Eso ya se veía, hermanita. Veo que los dos os atraéis. Tengo ojos. —Me observa—. Mira, no quiero ser más pesado con este tema. Sé que eres adulta y que, elijas lo que elijas, es tu decisión. Solo quiero que… No sé, me pareció buena idea que se fuera para que ambos os aclararais.
—¿Aclararnos? A él se le da de lujo fingir.
—Fingir, ya… —ironiza—. Como quieras verlo, hermanita. ¿Cuánto os queda para seguir «fingiendo»? —Entrecomilla con los dedos.
—Cuando vuelva, tenemos un evento de cierre de proyecto, y luego ya supongo que la reunión típica para dar por finalizado el contrato.
—Genial.
Una vez que el ambiente vuelve a estar calmado, me siento a su lado. Asher me coloca el brazo por el cuello y noto su piel fría.
—Nunca creí que… No sé, Henry es futbolista.
—No me gusta, Asher —intento sonar convincente—. O sea, físicamente, sí, pero ya está.
—A pesar de todo lo que te he dicho de él, es un buen chico, Amber. Lo da todo por su familia, aunque él mismo tenga que caer.
—¿Te refieres a su madre?
—Sí, bueno… —Carraspea su garganta—. Sabes que su padre también está aquí, ¿no?
Intento hacer memoria, pero no me suena que Henry haya mencionado a su padre nunca. De hecho, cuando hablamos sobre cuándo vino a España, solo mencionó a su madre y a él. ¿Por qué no me dijo nada?
Asher suelta una pequeña risa.
—Te lo contará, hermanita. A su debido tiempo.
Me quedo callada, mirando un punto fijo de la pared.
Las palabras de Asher resuenan en mi cabeza, y no puedo evitar sentir una punzada de incomodidad.
¿A su debido tiempo? ¿Qué significa eso?
Es extraño, pero también me da rabia. No entiendo por qué me molesta tanto que Henry no me haya hablado de su padre.
No debería importarme, ¿verdad? No es como si tuviéramos una relación real donde compartimos todo.
Pero, de alguna forma, siento que me ha ocultado algo importante, como si esa parte de su vida completara un puzle que aún no termino de entender.
—Amber —la voz de Asher me saca de mis pensamientos. Me mira con una ceja arqueada—, ¿qué estás pensando ahora?
—Nada. —Intento sonar indiferente, pero sé que mi hermano me conoce demasiado bien.
—Por favor, hermanita. Sé que esa cabecita tuya está dando vueltas, por lo que te acabo de decir.
Suelto un resoplido y me dejo caer de espaldas contra el sofá.
—No sé, Asher. Es raro, ¿vale? Es como si todo lo que creía saber sobre Henry estuviera lleno de huecos. Cada vez que pienso que entiendo algo de él, aparece otra cosa que me hace cuestionarme todo.
—Eso es porque te importa más de lo que quieres admitir.
—No sé qué siento, ¿vale? Es complicado.
—No te preocupes tanto, Amber. A veces, lo complicado no necesita solución inmediata. Solo tienes que vivirlo.
Lo miro de reojo y, aunque suene sencillo, sé que no lo es.
Vivir algo implica aceptar lo que sea que esté pasando entre Henry y yo, y eso es lo que me aterra.
Porque, si lo acepto, entonces tengo que enfrentar todo lo que he estado evitando: que me importa más de lo que debería, que no quiero que todo esto termine cuando finalice el contrato y que lo que siento no tiene nada que ver con el acuerdo que firmamos.
—Eres un pesado, ¿lo sabías? —le digo, intentando romper la tensión con una sonrisa.
—Sí, lo sé. Pero también soy el mejor hermano que podrías tener.
Ruedo los ojos mientras él se ríe.
Me recuesto, mirando el techo, y dejo que mi mente divague durante un momento. Pienso en Henry, en las cosas que me ha contado y en las que no; en cómo me siento cuando estoy con él y en lo difícil que se me hace definir lo que estamos viviendo.
Lo que más me asusta no es lo que pueda pasar entre nosotros, sino lo que ya está pasando. Porque, aunque no quiera admitirlo, Henry ya ocupa un espacio en mi vida.