Capítulo 47
Dorsal: Número que te obliga a dar lo mejor de ti.
Amber
Caminamos hacia el vestuario y, aunque intento mantener la calma, la emoción me revolotea en el pecho.
Mis compañeras no paran de hablar sobre cómo será la nueva equipación.
Nadie ha visto ni un adelanto, ya que lo han querido mantener todo en secreto.
Supongo que será por temor a una posible filtración.
La puerta del vestuario se abre y el olor a nuevo lo llena todo. Ahí están, colgadas en perchas, una por una, con nuestros nombres bordados en la parte trasera.
Me acerco al mío, sintiendo un nudo en el estómago, cuando veo mi nombre en la camiseta. La combinación de colores es perfecta y el diseño parece salido de una revista. No es solo una camiseta; es lo que somos.
—Esto es demasiado PEC —grita Mia, centrocampista.
—Son brutales —respondo, pasando los dedos por el escudo, que reluce como nunca.
El tejido es ligero, suave, pero tiene esa sensación de que podría resistir cualquier jugada, cualquier caída. Es extraño cómo una prenda puede hacerte sentir tan poderosa, tan lista para lo que venga.
Alrededor, mis compañeras empiezan a moverse con más rapidez.
Se prueban la equipación y se miran unas a otras, girando frente al espejo, haciendo bromas sobre quién se ve mejor o quién necesitará un retoque para las fotos oficiales.
El vestuario está lleno de risas y energía.
Siento el ambiente cargado de esa emoción que solo se tiene antes de una gran batalla, antes de algo grande.
Porque eso es lo que somos: guerreras. Y este uniforme es nuestra armadura.
Me quedo unos segundos más observando la camiseta colgada frente a mí. La miro, como si fuera algo más que una simple prenda, como si llevarla significara algo mucho más grande.
Finalmente, me decido. Cojo la camiseta con cuidado, como si fuera frágil, aunque sé que no lo es.
La paso por encima de mi cabeza y siento cómo se desliza por mi cuerpo, ajustándose a la perfección.
Me miro en el espejo y, por un segundo, veo algo diferente en mí misma.
No soy solo Amber. Soy parte de algo más grande, algo que va más allá de un simple equipo.
La camiseta es impresionante. El color principal es un azul oscuro intenso, casi negro, que contrasta perfectamente con las finas rayas blancas que recorren los laterales, dándole un aire elegante y moderno.
Las mangas tienen un ribete sutil en color plata, lo justo para destacar sin ser llamativo.
En el centro del pecho, el escudo del equipo brilla con orgullo, bordado con precisión.
Cada hilo refleja la luz con un leve brillo metálico.
Justo debajo del escudo, el patrocinador está estampado en blanco, un color que resalta sin robarle protagonismo a la camiseta en sí.
El cuello es redondo, sencillo, pero con un pequeño detalle en la parte trasera: una franja vertical de color plateado que baja justo hasta los omóplatos. Es discreta, pero lo suficientemente llamativa para darle un toque único.
—¡Amber! —grita Sam desde el otro lado del vestuario, ya con la equipación completa puesta. Incluidas las medias y los pantalones. Está sonriendo de oreja a oreja—. ¿Nos hacemos una foto todas juntas?
Me giro hacia ella, viendo cómo el conjunto entero le queda perfecto. Los pantalones cortos son del mismo azul oscuro que la parte de arriba, con una ligera línea blanca en los laterales, que conecta visualmente con las rayas de la camiseta.
Camino descalza hasta donde está el resto del grupo, para colocarnos para una foto.
—¡Venga, chicas! —dice Sam, ajustando las mangas de su camiseta—. Esto tiene que quedar bien, que es la primera foto con la nueva equipación.
Justo cuando Alison deja el teléfono apoyado con temporizador, llaman a la puerta.
—¿Chicas?
—Entrenador, puedes pasar —grita Sam para que lo escuche desde fuera.
Por normativa, al ser un hombre, el míster está obligado a llamar y quedarse fuera hasta que le demos la señal de entrar.
—¿Nos haces una foto, míster? —le pregunta Alison, nada más ver que entra.
—Por supuesto —responde, acercándose a nosotras y cogiendo el móvil—. Decid: ¡ganadoras!
—¡Ganadoras! —gritamos al unísono, con una mezcla de euforia y risas.
No importa si será de la Europa League, de la Champions o de la Liga, porque, en este momento, ya no es un sueño lejano en la televisión; con este escudo en el pecho, se siente como una cita pendiente. Y esa sensación, la de estar juntas y ser invencibles, es lo que nos define.
El flash se apaga, inmortalizando el momento. Nos quedamos sonriendo. Algunas saltan por la emoción, mientras el entrenador revisa la foto en el teléfono.
—Chicas, estáis perfectas —dice con una sonrisa llena de orgullo—. Acabaos de vestir —me mira los pies—, y así os hacéis las fotos del equipo fuera.
Asiento, observando mis pies descalzos. No soy la única. A varias de nosotras nos faltan las botas o las medias bien colocadas.
Voy con rapidez a mi taquilla y cojo las botas. El sonido de las cremalleras y risas llena el vestuario, mientras cada una termina de prepararse.
—¿Preparadas? —pregunta Mia desde la puerta, ya totalmente lista—. ¡Vamos a romperla!
Sabemos que las fotos son importantes, pero hay algo en nosotras que no deja de pensar en lo que viene después: los partidos, las jugadas y las victorias. Salimos del vestuario en fila, las botas golpeando el suelo con ese sonido fuerte y familiar, como un eco que resuena de lo que está por venir.
Al salir, el estadio nos recibe con su inmensidad. El césped verde bajo nuestros pies, las gradas vacías y el cielo despejado. Es aquí donde nos prepararemos para dejarlo todo en cada partido.
—¿Todo listo, chicas? —pregunta el fotógrafo con una sonrisa amable, porque ve que todas estamos dispersas por el campo.
Nos miramos unas a otras y nos acercamos al círculo central con las gradas de fondo. El fotógrafo nos va dirigiendo para que formemos una fila perfecta.
—¿Preparadas? —pregunta el fotógrafo mientras se agacha un poco para encontrar el ángulo perfecto—. ¡A la de tres, equipo! ¡Una, dos, tres…!
El sonido del obturador se escucha varias veces, capturando el momento desde diferentes ángulos.
Hoy, con esta camiseta nueva, siento que estamos más unidas que nunca. Somos más fuertes. Y, aunque no sé qué nos espera en la temporada que viene, una cosa es segura: lo enfrentaremos juntas, como lo hemos hecho siempre.