Fuera de contrato Capítulo 46
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Capítulo 46

Desmarque: El arte de alejarse del caos para crear espacio propio.

Henry

Hay mil maneras de empezar mal una mañana. Esto me recuerda bastante al programa ese que hacían, de mil maneras de morir, pero espero que mi final no sea hoy. Aunque, por la cara de Asher, tengo bastantes papeletas.

—No deberías haberlo hecho —me dice, tras cruzar la puerta de mi casa.

—¿Abrirte la puerta? Ya veo.

—¿Por qué te fuiste ayer con ella?

—Porque quería tomarse un helado. En el reservado no había y, bueno, se dio la coincidencia de que conozco una de las mejores heladerías.

—Amber quería un helado y te lo pide a ti, ¿no?

Acabo de comprobar que, como hermanos, se conocen demasiado bien, sí. Porque, conociendo a Amber, no hay quien se crea lo que acabo de decir.

—¿Quieres beber algo? —pregunto, dirigiéndome hacia la cocina y obligando a Asher a seguirme.

—Ey, ¿qué pasa? —saluda Mark desde el sofá.

Lleva en mi casa un par de horas, porque, según él, llevábamos demasiados días sin estar juntos. Literalmente.

—Bueno, ¿queréis que avise a alguien más del equipo y entrenamos, o qué? —refunfuño—. Flipo.

—Yo sí que flipo de que te llevaras a Amber.

—¿Sobro?

—No.

—Sí.

Mark se queda de pie, sin saber si sentarse de nuevo o irse del comedor.

—Estás en mi casa. Así que, quédate donde estabas.

Asiente.

—Pues mira, me viene genial que estemos aquí, los que sabemos la verdad, porque creo que esta farsa ya no está siéndolo tanto.

—¿Qué dices? —Me pongo un poco de agua fría y, con un gesto, le pregunto si quiere.

Asher niega.

—Adelanta tus vacaciones.

—¿Se ha vuelto loco? —pregunta Mark, interrumpiéndonos.

—Pese a ser mentira o no, quiero que te quede una cosa clara: nunca haría daño a tu hermana. ¡Ni tampoco a ti, joder! —Bebo enseguida del vaso.

—No es que no me fíe de ti, Henry…

—Lo sé. Es mi familia, ¿no?

—Es solo que no quiero que mi hermana se vea en algún lío mediático…

—Con mi padre, sí. Asher, lo entendí el primer puto día. Al igual que comprenda que te joda que nos besemos —añado enseguida—, de manera falsa delante de la prensa.

—Es solo que… —Suspira, y, por un momento, veo la debilidad en sus ojos—.

No puedo más, Henry. Estoy todo el rato en alerta por si le ocurre algo.

Estoy hasta los cojones de leer comentarios sobre que mi hermana es…

—No lo verbaliza, pero me puedo imaginar qué insultos recibe—…

en redes sociales. No sabes lo mucho que tardé en que me viera como su hermano, y no como un futbolista capullo, para que ahora vaya y tenga que fingir con un futbolista.

—Resopla—. Aunque se dedique a esto, ella no nos odia.

Odia la imagen que damos, de todo lo que estamos rodeados.

—Creo que odia la desigualdad que existe, pero no somos culpables de ello, Asher. Ella lo sabe.

—Pero sí que sois favorecedores de ello —indica Mark.

Asher y yo nos quedamos mirándolo, como si acabara de decir la mayor estupidez del mundo. Pero este, en vez de callarse, añade:

—¿Qué? Estamos en un sitio privilegiado y no hacemos nada para ayudarlas.

—¿Me vas a decir que no hago nada por mi hermana?

—¿Podemos pensar un momento con la cabeza, por favor?

—pregunta de manera irónica—. Me refiero a que no hacemos nada por las jugadoras.

El entrenador nos muestra cómo juegan para que aprendamos, pero eso no lo decimos en rueda de prensa, ni en ningún sitio.

Solo lo sabemos nosotros. Tampoco hablamos de ellas en las redes.

O acaso, ¿el año pasado felicitasteis al Estrella Negra por ganar la Liga?

Tú no contestes. —Señala a Asher—. Ellas sí que lo han hecho, aunque sea en redes.

—Supongo que…

—No supongamos nada, porque nunca hemos estado donde ellas están. ¿No lo veis?

Asher y yo nos miramos, para luego establecer contacto visual con Mark, otra vez. En ese breve segundo, en el que nos hemos mirado, creo que los dos hemos comprendido lo que quiere decir nuestro amigo.

—Somos idiotas.

—Damos asco.

—Oye, que no se trata de echaros mierda —sonríe—, pero un poco tontos sí que somos.

—Tu hermana flipó cuando vio mi casa, ¿sabes? Y eso que daba por hecho que estaría acostumbrada a estar en la tuya, pero…

—No quiere entrar. Me hizo alquilar una casa más pequeña y todo…

—Su casa es…

—Tan normal, sí. Y eso que le he dicho de dejarle dinero, para ya sabes… Permitirle algo más grande, más…

—Como lo que se merece.

—Exacto. Se lo merecen igual que nosotros, pero no lo tienen, chicos.

Haré todo lo que esté en mi mano para que la gente vea que juegan a lo mismo, para que tengan lo que se merecen. Sin embargo, sé que la vida no es justa, y que, aun haciendo algo, no serviría de mucho.

—Creo que necesitamos hablar con el entrenador antes de que empiece la temporada. Tengo una idea.

—Vale, está genial, pero antes necesito que lo digas en voz alta para comprobar que no sea una idiotez —responde Mark, sonriendo.

Cuando lo comento en voz alta, por la sonrisa de ambos, sé que no es una idiotez, y que es algo que está en nuestras manos poder hacer. Estoy casi seguro de que, en caso de que el entrenador se negara, haríamos piña para llevarlo a cabo. Así que se podría decir que es un plan perfecto.

—Ahora necesito hablar de tus vacaciones.

—Asher, ¿qué cojones te pasa con mis vacaciones? —recalco el «mis».

—Necesito que las adelantes.

—Mis vacaciones están programadas para cuando acabe el contrato con Football For All.

—Sabes que me lo debes.

Solo me ha hecho falta esa frase, para recapacitar.

Porque por supuesto que se lo debo.

Asher nunca me ha pedido nada, y esta es la primera vez que parece que necesite algo con urgencia.

—Veré qué puedo hacer, ¿vale?