Fuera de contrato Capítulo 41
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Capítulo 41

Finta: Un movimiento engañoso, diseñado para desorientar al rival y abrirse paso.

Henry

Me miro en el espejo, ajustando la corbata con un gesto de desdén.

El traje azul marino resalta mis rasgos y crea un contraste llamativo con mi piel, que brilla bajo la luz de la habitación.

Cada vez que me visto así, sé que atraigo miradas, y esta noche no será diferente.

Me echo un rápido vistazo; la tela de alta calidad se adapta a mi figura como un guante y el ligero brillo del tejido refleja el esfuerzo que he puesto en mi imagen.

Al mirar mi reloj, un modelo de acero inoxidable, con una esfera negra y detalles dorados, me doy cuenta de que llevo más de hora y media arreglándome. Justo cuando estoy a punto de salir de la habitación, el timbre suena.

Con un último vistazo a mi reflejo, me dirijo hacia la puerta, sintiendo el pulso acelerado en mis venas. Bajo las escaleras. Cada paso resuena en el silencio de la casa. Me acerco a la puerta y miro por la cámara.

Ahí está ella.

Con un ligero toque de nerviosismo, abro la puerta y la dejo entrar, sintiendo que la atmósfera se vuelve electrizante.

—Me he maquillado ya, porque si no, no me daba tiempo.

Cuando nuestros ojos se encuentran, lo primero que me fijo es el delineado sutil que acentúa su mirada, lo largas que tiene las pestañas y esas sombras doradas que dan profundidad a sus ojos.

—¿Dónde puedo…? —pregunta, elevando una bolsa de prenda con su percha incluida.

—Te recuerdo que tienes una habitación. —Sonrío, sin realmente saber el motivo.

—¿Un finde aquí y ya tengo parte de esta casa? Si es así, voy a venir más a menudo, pero lo próximo que espero es la piscina. —Con esa broma, se marcha hacia la escalera.

La forma en que se mueve me hace sentir un cosquilleo de anticipación.

A mitad de camino, se detiene y se gira, apoyándose en el pasamanos con una sonrisa cómplice.

—Por cierto, el traje te queda muy bien —indica, y su mirada recorre mi figura con aprobación.

—Amber Prescott, ¿está diciendo una verdad?

Ella presiona sus labios, como si le estuviera costando aceptar que estoy atractivo y que este traje me queda genial.

Los labios, pintados de un tono nude , con matices rosados, contrastan con su cabello rubio, que cae alrededor de su rostro.

Luego, con una sonrisa traviesa, continúa subiendo las escaleras, dejando que mi mirada la siga mientras se aleja.

Una vez que desaparece de mi vista, decido matar como sea el tiempo.

Me paseo por la casa, sin rumbo alguno, hasta que me detengo frente al espejo que tengo en el vestíbulo. Me hago varias fotos hasta quedarme con algunas que me gusten. En ese momento, entre las notificaciones que tengo en el teléfono sin abrir, aparece el nombre de mi madre.

Mamá:

Espero que disfrutes mucho de esta noche.

Yo estaré viéndote desde el sofá.

Te desearía lo mejor, pero sé que no te hace falta.

Estoy muy orgullosa de ti, cariño. Te quiero.

Una oleada de calidez me envuelve al leer sus palabras. La conexión que tengo con mi madre es difícil de explicar porque, por temas familiares, siempre hemos estado unidos. Además de que nunca se me va a olvidar todo lo que ha hecho por mí, y porque me ha dado la mejor vida que ha podido.

Sonrío, pensando en cómo se sentirá al verme esta noche y en lo mucho que me gustaría que estuviera aquí, en persona.

En ese momento, escucho el sonido de unos tacones resonando en la escalera.

Me giro y, al instante, mi aliento se corta. Amber aparece bajando y el vestido que lleva puesto me deja sin palabras. Es un vestido largo, de un color verde esmeralda, que realza su figura de manera espectacular.

El brillo de su piel contrasta con el color del vestido y su cabello rubio está perfectamente peinado. La imagen es hipnotizante. Cada movimiento que hace parece cautivar el aire a su alrededor.

Cuanto más la observo, más ganas tengo de quitarle el vestido y explorar cada centímetro de su piel. Sin embargo, una voz en mi cabeza me recuerda que todo esto es una farsa y que estamos jugando un papel.

Pero eso no quita que esté preciosa.

—Vaya —murmuro, incapaz de contenerme ante su belleza.

—¿Vaya?

Su tono juega entre la sorpresa y la diversión, y me doy cuenta de que está disfrutando de la reacción que provoca en mí.

—Estás… impresionante. Aunque hay un pequeño problema.

—Sorpréndeme.

—Las cámaras van a ir hacia ti, en vez de a mí, ya sabes. Yo soy el nominado —bromeo para intentar reducir las ganas que tengo de besarla, aunque sea fingido.

Amber se ríe y el sonido me envuelve, aliviando un poco la carga de deseo que me aprieta el pecho.

—Si recibo el premio…

—¿Tocará besarnos? Lo sé —afirma, acercándose a donde estoy.

Me quedo hipnotizado por la confianza en su mirada y porque cada vez siento que está más cerca. ¿Me lo estoy imaginando? ¿Me estoy acercando yo sin darme cuenta? La idea de imaginarme ese beso, me hace desearlo con más intensidad.

—Vas a ganarlo, Henry.

—¿Tú eres la misma que no me aguantaba o es que tienes una hermana gemela amable?

En respuesta, me da un golpe suave con su bolso. Un gesto juguetón que me hace sonreír.

—¡Encima que estoy intentando calmarte!

—No estoy nervioso por el premio. Es otra cosa.

—¿El qué? —pregunta. Su tono inquisitivo hace que me sienta aún más expuesto.

«Eres tú, Amber».

La verdad se asoma en mi mente, pero, antes de que pueda dejarla escapar, una parte de mí, duda.

—Déjalo. —Carraspeo—. Me imagino que querrás ir en coche, ¿no?

La pregunta flota en el aire y, aunque el cambio de tema es evidente, hay un momento de silencio en el que nuestros ojos se mantienen conectados.

—Sí, claro. El coche —responde, mirándome con curiosidad, como si supiera que hay algo más tras mis palabras.

Amber se mueve un poco, ajustando el bolso en su hombro y ese pequeño gesto provoca un estremecimiento en mí.

—Supongo que deberíamos ir saliendo. —Le indico la salida con un gesto de la mano.

—Ya sé por dónde es.

—¿Qué, quieres conducir también? —le comento en tono burlón.

—No, porque llevo tacones —replica, con una sonrisa traviesa en su rostro.

Me echo a reír, imaginándola frente al volante de mi automóvil. Esa imagen no debería hacerme gracia, más que nada, porque nadie toca mis vehículos. Ni el coche ni la moto. Sin embargo, creo que a ella se los dejaría.

—Si algún día vas en deportivas y quieres, bueno, ya sabes…

—Te tomo la palabra.