Capítulo 40
Tiempo añadido: Es el tiempo extra donde cada segundo cuenta.
Amber
Cuando admiras a alguien, y más si esa persona es famosa, tiendes a pensar que su vida y la tuya no se parecen en nada.
No obstante, si te paras a meditarlo: todos hacemos lo mismo, independientemente del dinero que cada persona tenga y su rango social.
Todos nos duchamos, compramos, nos cepillamos los dientes…
Me gusta pensar que esa otra persona estaría una tarde entera en el sofá, como yo, ahora mismo.
—Son tan adorables, tía.
—Creo que si pudiese vivir en una serie, sería esta.
Desde que se emitió Heartstopper , es tradición ver los nuevos episodios con Alex y Sam.
—¡Y mira los pájaros! —comenta Sam, muriéndose de amor—. La química que tienen… ¿Esto es normal, chicas?
—Esa química es porque son actores, tía. En la vida real, no pasa eso.
Tras decir eso, noto la presión de sus miradas en mí.
—¿Qué? —Miro primero a Alex y luego a Sam.
—Vale, para la serie ahora mismo —comenta Sam mientras hace gestos con la mano indicándole que le dé a la pausa.
—No puedes haber dicho eso en serio.
—¿Por? Es cierto. Eso igual dura unos segundos, minutos o, como mucho, semanas. Esa química se va.
—Tú llevas semanas fingiendo —afirma Alex.
—¿Y qué tiene que ver eso?
—Que la química no se ha ido.
Suspiro y me paso una mano por el pelo, intentando encontrar una salida.
Henry y yo no tenemos química. No de verdad.
—Entre él y yo no había nada. —Observo la televisión, para no cruzarme con sus miradas—. Ahora lo veo atractivo, sí. Pero ya está. Somos como unos actores, ¿me entendéis?
—Sí, sí… Claro —ironiza Sam, mientras me da un codazo.
—¿Mañana irás?
—¡Por Dios! —Suspiro, porque parece que no exista nada más que no sea Henry —. ¿Dónde? ¿A la gala?
—No, a su casa. —Mi amiga vuelve a ser irónica.
—Tengo más de cinco mensajes de John sin leer y, por ahora, no le voy a contestar.
—¿Por? Es capaz de presentarse en tu casa, ¿eh?
—Deberías ir. —Por el tono de voz de Alex, parece una advertencia, más que un consejo.
—No se me ha perdido nada ahí.
—Quizás se te ha olvidado, pero es tu novio falso, ¿te acuerdas? —Sam refunfuña—. Vas a quedar como una mala novia delante de todas las personas y después de ese vídeo…
—La gente ya ha olvidado el vídeo —digo, queriendo pensar que pasó al olvido.
—Vino cuando estuviste mala, te defendió delante de personas que ni siquiera conocía en redes sociales, y este día, que es importante para él, no vas a ir.
—Sam, ¿se te ha olvidado que es todo una mentira? —Me giro hacia ella.
—Un 4-2-0, Sam —suelta Alex.
¿Un qué? No tengo ni idea de qué está hablando.
Miro a ambos lados con confusión, tratando de entender si se refieren a un sistema de juego o es un término que me he perdido en medio de esta conversación. Es entonces cuando veo que Alex agarra su teléfono y se lo pasa a Sam.
—¿En serio? —Resoplo, sabiendo que he perdido.
—¿Qué prefieres? ¿Contesto a John o le envío un mensaje a Henry?
—¿Ninguna de las dos? Además, sé que, responda lo que responda, vais a hacer lo que os dé la gana.
—Cierto —indica Sam, mientras la veo navegar por mi teléfono.
Suspiro, sabiendo que he perdido la batalla antes siquiera de que comenzara. Mi amiga no iba a dejar que me escapara con facilidad, y Alex siempre es cómplice de sus planes. Así que esta encerrona no me sorprende para nada.
—Ya está —dice, pasándome el teléfono con esa sonrisita de satisfacción.
La miro con recelo y luego bajo la vista a la pantalla, temiendo lo peor.
El chat con Henry está abierto y ahí, en letras claras, está lo que Sam ha escrito.
Amber:
Mañana, sobre las 18:00, estaré en tu casa para la gala.
Me cambiaré allí.
Mucha suerte.
Besos.
«¿Besos? ¿Desde cuándo yo mando ese tipo de mensajes a Henry?».
—¿Besos, tía? —pregunto incrédula, mirándola.
Sam se encoge de hombros, divertida.
—Podría haber sido mucho peor —dice con una sonrisa maliciosa—. No te quejes, te he hecho un favor.
—Venga ya, Amber —añade Alex—. Es lo mínimo que puedes hacer después de ignorar a Henry durante días. Además, los «besos» son inocentes…, en comparación a lo que podríamos haber puesto.
—Sé sincera contigo misma, tía, ¿hace cuánto que no sientes esa atracción por alguien?
Mis relaciones anteriores… Bueno, ¿qué decir?
Entre los entrenamientos, las competiciones y la presión de mantener una imagen pública como futbolista, nunca había habido demasiado espacio para nada más.
Tuve un par de intentos, y no como cree Henry, porque no existe ningún exfutbolista.
Siempre me he alejado de ese mundo, porque supongo que, al ser el mismo que el mío, sé lo que hay.
Los que no están en este mundillo lo idealizan, pero la verdad es que la mayoría de las relaciones que he visto a mi alrededor han fracasado.
Demasiado enfoque en la carrera y poco en la persona.
Así que, me alejé de eso y busqué fuera, con gente normal, o al menos eso intenté.
Lo irónico es que, aunque me alejaba de los futbolistas, tampoco me iba mucho mejor.
Con Daniel, por ejemplo, al principio pensé que la cosa iba bien. Él trabajaba como preparador físico en un gimnasio local, fuera de los focos. Era alguien que no tenía relación con mi entorno profesional.
Pero, con el tiempo, las diferencias empezaron a pesar.
Mientras yo vivía con la presión constante de las competiciones y las expectativas de un equipo que luchaba por hacerse un hueco en un deporte dominado por hombres, Daniel no lo entendía.
No era el glamour o la fama lo que nos separaba, sino la incomprensión de lo que significaba estar siempre un paso por detrás, siempre teniendo que justificarme, y no solo por ser futbolista, sino por ser mujer en este mundo.
Después de Daniel, intenté de nuevo con Jorge.
Era diseñador gráfico y me gustaba que estuviera completamente fuera de mi mundo.
Pero, aunque fuera diferente, la realidad era la misma.
Mis ausencias, las diferencias en nuestras rutinas y, sobre todo, el hecho de que el fútbol para él no era algo importante.
Eso hacía que nuestras conversaciones se sintieran vacías.
—Siempre he estado demasiado ocupada como para realmente involucrarme con alguien —murmuro, intentando justificarme.
—Sé sincera, y te recuerdo que no estás enfrente de tus compañeras de equipo, que también. —Sam se ríe—. Si fuera otro contexto u otra circunstancia, ¿habrías tenido algo con Henry? ¿Te habrías fijado físicamente en él?
Aunque me muera de ganas por responder que no, sé que estaría mintiendo. Y, con esa negativa, tengo claro que tampoco engañaría a mis amigas.
—El problema es que es futbolista, ¿no? —pregunta Alex.
—¡Tía! Déjala que conteste.
—La verdad… —comienzo, sintiendo que tengo que ser honesta, aunque temo lo que mis palabras podrán desencadenar—, no es solo que sea futbolista. Atraerme alguien que vive en el mismo mundo que yo es complicado.
—Pero también es un chico normal, ¿no? —indica Sam, intentando hacerme ver las cosas desde otro ángulo—. Al final, no solo es un futbolista. También es una persona con sus propias inseguridades y problemas.
—¿Podemos continuar viendo Heartstopper , por favor? —Ambas asienten—. Gracias.