Capítulo 39
El marcaje férreo: Estar siempre cerca, impidiendo cualquier avance.
Henry
El humo de la barbacoa se alza en el aire, mezclándose con las risas y el bullicio de mis compañeros de equipo.
Mark está al mando de la parrilla, con una sonrisa satisfecha, mientras gira hamburguesas y costillas. A su lado, Jack está haciendo algún tipo de apuesta ridícula sobre quién podrá comer más carne en menos tiempo.
El ambiente está relajado, más de lo que ha estado en semanas. Todos parecen haberse quitado un peso de encima, al menos por hoy.
—¿Estás seguro de que no vas a quemar la carne? —pregunta Jack, mirando al defensa del equipo.
—Por favor, si de algo sé, es de hacer una buena barbacoa —responde Mark, con la misma confianza de siempre, agitando las pinzas en el aire como si fueran una extensión de su mano.
—Ahora mismo parece Eduardo Manostijeras —bromeo.
—No te emociones demasiado con esas pinzas o nos quedamos sin cena —añade Rafa, que suele sustituir a Asher.
Mark suelta una carcajada, sin dejar de mover las hamburguesas.
—Si alguien se queda sin comer, es porque no tenéis paciencia. La perfección toma tiempo, chavales —responde, girando las costillas con una habilidad que parece innata en él.
La verdad es que la escena parece sacada de uno de esos anuncios de verano: risas, comida a la parrilla y todos disfrutando de una tarde sin la presión de los entrenamientos o los partidos.
Sin embargo, el tema de conversación pronto se deriva a ligues.
Me mantengo callado porque tengo poco que decir y el motivo principal es el contrato que firmé.
—Es todo más fácil, ¿o no?
—Buah, deberías haber visto…
Mis oídos paran de escuchar. Me interesa poco con quién se hayan acostado, su última relación sexual o lo que estén a punto de soltar por esa boca. Mi capacidad auditiva vuelve a conectar cuando escucho un nombre.
—Es que Amber…
—¿Qué? —pregunto de repente.
—Nada, solo estamos hablando de chicas inaccesibles —comenta un compañero.
—Mi hermana está vetada para todos vosotros, chavales —dice Asher, guiñando un ojo.
—Parece que Henry se ha saltado esa norma —bromea Jack.
Si las miradas matasen, ahora mismo estaría mutilado, porque conforme Jack ha hecho esa broma, Asher se ha girado hacia mí de manera intimidante.
—Yo… Lo que creo… —intento hilar una frase en mi cabeza—… es que Amber puede elegir con quién estar. Es libre, ¿no?
—Ah, ¿sí? —cuestiona su hermano—. Entonces, si en algún momento cortáis —trago saliva—, ¿no tendrías problema con que saliera, no sé… con algún compañero?
No sé qué narices contestar a eso, porque no sería un problema. Sería un problemón. No me imagino a Amber estando con alguno de mis compañeros de equipo. No me imagino que hablen de ella en estas típicas reuniones como un objeto. No me imagino…
—No vamos a cortar. —Intento esquivar la respuesta que quiere escuchar Asher, porque sería darle la razón.
—Bueno, bueno… Eso es porque todavía no ha probado esto de aquí —comenta Jack, elevándose un poco la camiseta por abajo.
Asher resopla y yo ruedo los ojos.
—Quizás debería de…
Antes de que esa voz masculina continúe, digo:
—Vosotros lo habéis querido. —Miro a su hermano—. Tenéis prohibido estar con Amber, aunque cortemos. —Escucho algunas risas—. Estoy hablando en serio —hago hincapié en la última palabra y las sonrisas se desvanecen.
—¿Ahora me entiendes? —me susurra Asher.
No asiento, ni digo nada. Simplemente, me quedo mirando la cara de mi amigo Mark, porque hasta él mismo se ha asombrado de escuchar esas palabras de mi boca. Si Amber se entera de esto, sé que soy hombre muerto.
—¿Mañana irá a la gala? —pregunta Robert, lateral del equipo.
—Eso, ¿no estás nervioso, tío? —interpela Ramírez.
Para empezar, es un tema que ni siquiera hemos hablado. Desde que fui a su casa, han pasado un par de días y, en ese tiempo, no hemos intercambiado ninguna palabra.
—Si digo que no estoy nervioso, ¿vas a creerme?
—Por supuesto que no —responde Ramírez, riéndose.
A lo largo de la temporada suelen nominar a diferentes futbolistas, dividiéndolos en categorías.
En mi caso, estoy nominado como mejor jugador joven de la temporada.
Mañana voy a cumplir uno de esos sueños que siempre se te pasan por la cabeza, de esos que crees imposibles.
Por aquel entonces, imaginaba ir a la gala del brazo de mi madre.
Por desgracia, sé que eso no va a ocurrir.
Ya tengo asumido que esta no quiere ser el centro de los focos y que desea pasar lo más desapercibida posible, por lo que esa opción queda descartada.
—Nuestro pollito nominado y con papeletas de llevarse el trofeo —después de decirlo, Jack se acerca a mí y golpea mi hombro.
—¿Cuándo tenga cuarenta años, seguirás llamándome pollito?
—Siempre vas a ser más pequeño que yo, Harrington —señala y, antes de que me dé cuenta, me atrapa la cabeza con rapidez y me la lleva bajo su axila como si fuera una especie de llave.
Libero uno de mis brazos y consigo atrapar su mano, girándola de manera brusca.
—Comportaros mañana, por favor —comenta Asher con un tono entre exasperado y divertido, mientras nos observa pelear como si fuéramos un par de niños grandes.
Mientras trato de zafarme, no puedo evitar que un pensamiento se cuele en mi mente.
Mañana será un gran día, pero no sé si estoy listo para vivirlo.
No es solo por la gala o la posibilidad de ganar el premio, sino por lo que significa.
Toda la atención, las miradas, las expectativas…
Por más que intente no darle vueltas, sé que este tipo de momentos no se olvidan, para bien o para mal.