Fuera de contrato Capítulo 38
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Capítulo 38

El saque en corto: Cuando lo importante no es la distancia, sino la precisión. No siempre se necesita un gran movimiento para avanzar

Amber

Me despierto de forma lenta, con la cabeza pesada y el cuerpo adolorido, como si hubiera corrido una maratón.

Al principio, no estoy segura de dónde me encuentro; mi mente está envuelta en una neblina que dificulta separar lo real de lo que podría haber sido solo un sueño.

Lo primero que noto es el calor, una calidez que no proviene solo de la manta que me cubre, sino de algo más cercano, algo firme y constante.

Abro los ojos con esfuerzo y lo primero que veo es una tela oscura, suave al tacto, justo frente a mi rostro. Me doy cuenta de que estoy apoyada en el pecho de alguien. El corazón me golpea las costillas mientras mi cerebro, aún en huelga, trata de encajar las piezas de la noche anterior.

Parpadeo, tratando de aclarar mis pensamientos. Recuerdo fragmentos de la noche anterior, o al menos creo que lo son. Henry, aquí, en mi casa… Su mano en mi frente, su voz calmándome… Pero todo está confuso.

Levanto la vista y lo veo, aún dormido. Su brazo descansa alrededor de mí, como si me hubiera estado protegiendo durante la noche.

Recuerdo haber dicho cosas, palabras que ahora me parecen extrañas, como si no pudiera estar segura de si las había pronunciado de verdad o si solo habían sido un producto de mi fiebre.

La cercanía de Henry, el calor de su cuerpo contra el mío es reconfortante, pero también me hace sentir una mezcla de emociones que no sé cómo manejar. ¿Por qué está aquí, cuidándome? ¿Y por qué me siento tan segura con él, cuando debería estar más confundida que nunca?

Mientras sigo procesando la situación, noto un ligero cambio en la respiración de Henry. Me separo con lentitud de su pecho, tratando de no hacer demasiado ruido.

—¿Estás despierto? —murmuro.

Henry abre los ojos con lentitud y deja escapar un suspiro pesado.

—Me duele cada músculo del cuello —responde con una media sonrisa—. ¿Por qué tienes un sofá tan incómodo?

Henry se estira con un largo suspiro y, en ese movimiento, ambos nos separamos, rompiendo el contacto que habíamos mantenido durante la noche. Se levanta de manera lenta del sofá y, mientras lo hace, comienza a abrocharse la camisa que había dejado parcialmente desabrochada.

No puedo evitar que mis ojos se deslicen por su torso mientras lo hace. El contraste entre su piel y la tela blanca de la camisa, que se ajusta sobre su cuerpo, crea una imagen que me resulta difícil ignorar.

Sin embargo, me obligo a apartar la mirada, concentrándome en cualquier otra cosa mientras él termina de vestirse.

—¿Te encuentras mejor ya? —me pregunta, con una nota de genuina preocupación en su voz, mientras ajusta los últimos botones de su camisa.

—Sí, sí —logro articular.

—¿Sabes, Prescott? —pregunta, mientras se dirige hacia la cocina—, eres bastante terca, incluso cuando estás enferma.

Sus palabras sobre mi terquedad me hacen sonreír, pero también me hacen pensar.

¿De verdad he sido tan difícil incluso estando enferma?

Intento recordar la noche anterior, pero la mayoría de las partes están borrosas.

Apenas puedo distinguir entre lo que realmente ocurrió y lo que tal vez imaginé con mi fiebre.

—La verdad es que no recuerdo casi nada de lo que dije — admito, mientras me esfuerzo por reconstruir las piezas en mi mente—. ¿Hablamos mucho rato?

Henry se gira desde la cocina, con una sonrisa que parece tranquilizadora.

—No, no hablamos mucho rato. Además, todo lo que decías parecía tener sentido.

Aunque su respuesta parece consoladora, no termina de convencerme. Algo en su tono o en la forma en que lo dice me hace sospechar que no me cuenta todo.

—Voy a coger un plátano para desayunar. ¿Quieres algo? —pregunta con naturalidad, como si el hecho de estar en mi cocina fuera lo más normal del mundo.

—Me haré tostadas.

Henry asiente mientras termina de pelar el plátano y le da un mordisco.

—Voy a irme, entonces —dice, masticando—. Quiero ducharme y ponerme ropa limpia. Si necesitas algo, avísame por teléfono, ¿vale?

Lo observo mientras se dirige hacia la puerta y, aunque parece relajado, hay algo en su tono que suena casi… protector.

—Gracias, Henry —indico, viendo cómo me lanza una última sonrisa antes de salir.

El sonido de la puerta cerrándose resuena en el silencio que queda, y, tan pronto como se va, me dirijo a mi teléfono. Lo enciendo y veo varias llamadas perdidas: de mi agente, de Asher, y también de Henry.

Sin pensarlo demasiado, abro el grupo de chat que tengo con Alex y Sam, y comienzo a escribir un mensaje rápido.

Amber:

Chicas, ayer estuve fatal.

Estuve tan mal, que he pasado la noche con Henry.

Casi de inmediato, veo los tres puntos que indican que Sam está escribiendo una respuesta.

Sam:

¿Con Henry? ¿¿Haciendo qué??

La pregunta me hace reír, pero también envía a mi mente a un lugar al que no debería ir. Me imagino a Henry quitándose la camiseta, y yo de pie en ropa interior, sintiendo el calor de su cuerpo, acercándose al mío.

Un escalofrío recorre mi cuerpo y, de golpe, me obligo a sacudir esos pensamientos de mi cabeza.

No puedo volver a pensar así. Todo esto es una mentira, un acuerdo que ambos decidimos aceptar para mantener las apariencias. Nada de esto es real, me repito una y otra vez, como si, al hacerlo, pudiera borrar las imágenes de mi cabeza.

Amber:

¿Dormir? Además, cada uno en su habitación.

Miento, porque sé que si les digo que ambos estuvimos en el mismo sofá y que mi cara estaba en su pecho, van a sacar conclusiones precipitadas.

Sam:

Creo que me he perdido un capítulo.

¿Por qué dormisteis en la misma casa?

Amber:

Estaba enferma y vino a verme.

Intento mantener la explicación lo más simple posible, esperando que no indaguen más, aunque sé que eso es pedir demasiado.

El hecho de que Henry haya venido a verme, cuando estaba enferma, ya es suficiente para que Sam y Alex empiecen a hacer teorías, pero no quiero darles más material del necesario.

Sam:

El delantero de los Galácticos ha pasado la noche contigo y no ha hecho nada…

No me lo creo.

Alex:

Imposible.

Sus respuestas aparecen en la pantalla y no puedo evitar rodar los ojos. Sabía que reaccionarían así, pero tampoco puedo culparlas; la situación es demasiado extraña.

Amber:

Podéis preguntarle a él mismo.

Se os está llenando la cabeza de pajaritos, chicas.

Os recuerdo que estamos fingiendo.

Escribo esas palabras no solo para ellas, sino también para mí misma. Necesito recordarme constantemente que todo esto es una farsa. Lo que ha pasado, y lo que siento cuando estoy cerca de Henry, no debería significar nada.