Fuera de contrato Capítulo 37
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Capítulo 37

El banquillo: El lugar donde esperas tu turno, observando el juego con la esperanza de entrar y hacer la diferencia.

Henry

Salgo del coche y me acerco a la puerta. Golpeo con firmeza, esperando escuchar sus pasos apresurados desde el otro lado, pero lo único que recibo es un silencio que se siente demasiado denso. Frunzo el ceño y golpeo de nuevo, más fuerte esta vez, casi exigiendo una respuesta.

—Amber, soy yo. ¿Estás ahí? —Mi voz suena más alta de lo que pretendía, casi desesperada.

Nada. Ni un sonido. Mi mente empieza a correr, llenándose de posibilidades que no me gustan ni un poco. Doy un paso atrás, mi mirada recorre la casa, buscando cualquier señal de movimiento, algo que me indique que todo está bien. Pero el silencio sigue siendo la única respuesta.

Justo cuando estoy a punto de darme por vencido y considerar otras opciones, me parece escuchar un murmullo. Es un sonido débil que proviene del interior. Mis sentidos se agudizan, y la preocupación da paso a una nueva ola de adrenalina.

—¿Están robando? ¿Qué coño está pasando? —mascullo, con los nervios a flor de piel.

Me acerco de nuevo a la puerta, con el corazón latiéndome con fuerza en el pecho.

Entonces, antes de que pueda decidir qué hacer, la puerta se abre de manera lenta.

Parpadeo, sorprendido, y lo primero que veo es a Amber, apoyada en el marco, con una camiseta larga que apenas le llega a las rodillas y el pelo recogido en un moño desordenado.

Lo que más me preocupa es la palidez de su rostro y la forma en que sus ojos apenas logran enfocarme.

—¿Henry? —Su voz suena débil, como si estuviera luchando por mantenerse consciente.

—¿Estás bien? —pregunto, aunque la respuesta es evidente.

Ella niega con la cabeza. Es un gesto pequeño que parece requerir más energía de la que debería.

—No, creo que he cogido un virus o algo… —murmura con voz rasposa y cansada—. No sé, supongo que alguna niña me lo pegaría… —Se lleva una mano a la frente, cerrando los ojos—. Voy a por un trapo mojado —indica, girándose con pasos tambaleantes hacia el interior de la casa.

Sin dudarlo, paso el umbral y cierro la puerta tras de mí.

La urgencia de ayudarla supera cualquier otra preocupación.

La sigo mientras se dirige hacia la cocina. La veo abrir el grifo y mojar un trapo en el fregadero. Parece que incluso le cuesta mantenerse en pie.

—Déjame a mí, anda —le digo, acercándome para tomar el trapo de sus manos.

—¿Qué tal el evento? —Su voz es apenas un susurro.

—Bien, bien… No te preocupes por eso —respondo con rapidez, intentando restarle importancia al acto, sabiendo que su salud es lo único que importa ahora.

Ella parpadea, como si tratara de ordenar sus pensamientos, y luego frunce el ceño con ligereza.

—Pero… ¿Qué hora es? —pregunta, con la voz aún más débil—. ¿Es tan tarde que ya ha acabado?

—No ha acabado, pero está todo bien —le aclaro.

Ella asiente, pero su cuerpo cede al cansancio.

La sostengo por el brazo, guiándola hacia el sofá de la sala. Sus pasos son lentos y vacilantes, y me aseguro de estar cerca por si necesita apoyo.

—Vamos, recuéstate aquí —le indico mientras la ayudo a tumbarse en el sofá.

Amber se deja caer con un suspiro de alivio, visiblemente agotada.

Miro alrededor y tomo una silla cercana, colocándola al final del sofá. Con cuidado, levanto sus pies y los apoyo sobre la silla, pero me doy cuenta de que necesita algo más cómodo, así que busco un cojín y lo pongo bajo sus piernas, elevándolas.

—No deberías estar aquí… Tú deberías de… —empieza a decir, con la voz aún débil y entrecortada.

Me siento a su lado y sacudo la cabeza, sonriendo.

—Prescott, ni mala puedes dejar de dar indicaciones.

Ella intenta sonreír, pero el esfuerzo parece demasiado. La veo cerrar los ojos. El silencio se instala entre nosotros, solo roto por el sonido suave de su respiración.

De repente, sin abrir los ojos, susurra con la voz entrecortada por el cansancio y la fiebre.

—No eres mal tío, ¿sabes?

La miro, sorprendido por el comentario, pero sé que el cansancio y la fiebre la afectan, haciéndola decir lo que realmente piensa sin las habituales barreras.

No comento nada y dejo que siga hablando, si quiere, mientras su respiración se va haciendo cada vez más pausada.

—En serio… —continúa con la voz cada vez más suave—. Estás muy guapo con ese traje y…

Sus palabras se desvanecen un poco y pienso que se ha quedado dormida, pero entonces su voz vuelve, más baja, más íntima.

—Ese beso… —balbucea entre sueños—. No estuvo nada mal… De hecho, fue bastante bueno…

—¿Eso es que quieres repetir? —pregunto en tono suave, medio en broma, medio en serio, aunque no estoy seguro de si me escucha o si habla en sueños.

Ella no responde y, por un momento, pienso que finalmente se ha quedado dormida, pero una ligera sonrisa se asoma en sus labios, como si, incluso en su estado febril, pudiera captar la ironía de la situación.

No sé si lo dice en serio o si es solo el delirio de la fiebre, pero me quedo en silencio, observándola, mientras su respiración se vuelve más tranquila y profunda.

Una vez que estoy seguro de que se ha quedado dormida, me levanto con cuidado para no despertarla y saco mi teléfono. Abro la conversación con Asher y empiezo a escribir un mensaje rápido, tratando de no sonar demasiado alarmante.

Henry:

Amber está enferma, pero todo bajo control.

Ya se ha dormido.

Después de enviar el mensaje, guardo el teléfono en mi bolsillo y me vuelvo hacia Amber. La observo por un momento, asegurándome de que sigue descansando. La veo tan vulnerable en el sofá, que no puedo evitar sentir la necesidad de quedarme cerca por si necesita algo.

Me quito los zapatos, sintiendo el frío del suelo bajo mis pies, mientras trato de hacer el menor ruido posible.

Luego, deslizo la chaqueta de mis hombros y la dejo sobre el respaldo de una silla cercana.

El calor de la casa y la tensión del día me hacen desabrochar la camisa, dejando que el aire fresco acaricie mi piel.

Finalmente, me tumbo en el sofá, a su lado, dejando que mi cuerpo se relaje. El sonido de su respiración suave es lo último que escucho antes de que el sueño también me venza.